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El premio a la dignidad

enero 15, 2009

Hugo Chávez fue el primer presidente que tomó medidas diplomáticas contra el Estado terrorista de Israel tras el inicio de la masacre genocida. Mientras los grandes líderes “democráticos” y “civilizados” miraban hacia otro lado para no ver a los niños muertos de Gaza, Venezuela condenó la actuación sionista y expulsó al embajador israelí como acto de protesta.

Para muchos, el reconocimiento a este valiente acto significará tan poco con el acto en si mismo. Pero ser aclamado por los desheredados de la tierra vale mucho más que el reconocimiento de Occidente, de los grandes señores de la Casa Blanca, de los premios Nobel o de los grandilocuentes expertos en Relaciones Internacionales.

Hoy, Chávez es un héroe de la Nación Palestina, un líder de un país lejano que ha alargado la mano para decirles que no están tan solos. Hoy, los enemigos del imperialismo genocida están más unidos y decididos que nunca.

Chávez Palestina

Chávez Palestina

Chávez Palestina

Conversaciones con Chávez y Castro

diciembre 3, 2008

Sean Penn

The Nation

Joe Biden, quien pronto iba a ser el vicepresidente electo de mi país, alentaba a las tropas: “No podemos seguir dependiendo de Arabia Saudí o de un dictador venezolano para la energía”. Bueno, yo sé muy bien lo que es Arabia Saudí. Pero como en 2006 estuve en Venezuela visitando ranchitos, mezclándome con la acaudalada oposición y pasando días y horas entre los seguidores del presidente, me pregunté –sin preguntármelo– a quién se estaría refiriendo el senador Biden.

Sean Penn con Hugo ChávezHugo Chávez Frías es el presidente democráticamente elegido de Venezuela, y cuando digo democráticamente quiero decir que se ha presentado una y otra vez ante los votantes en elecciones avaladas por observadores internacionales y ha logrado grandes mayorías en un sistema que, a pesar de sus defectos e irregularidades, ha dado a sus oponentes la oportunidad de que lo derroten y ocupen su cargo, tanto en un referéndum nacional el año pasado como en las recientes elecciones regionales de noviembre.

En cambio las palabras de Biden representaban la clase de retórica que nos metió hace muy poco en una costosa guerra en la que se pierden vidas y dinero, en una guerra que si bien derrocó a un pendejo en Iraq, también ha derrocado los principios más dinámicos sobre los cuales se fundó Estados Unidos, ha reforzado el reclutamiento de Al Qaeda y ha conducido a la deconstrucción de las fuerzas armadas estadounidenses.

A estas alturas, el pasado mes de octubre de 2008 ya había digerido mis anteriores visitas a Venezuela y Cuba y el tiempo que pasé con Chávez y Fidel Castro. Soy cada vez más intolerante con la propaganda. Incluso si el propio Chávez tiene tendencia a la retórica, nunca ha sido el causante de una guerra. Así que decidí hacerle otra visita con la esperanza de desmitificar a ese “dictador”. Para entonces ya había llegado a comentar con mis amigos en privado: “Es verdad, puede que Chávez no sea un hombre bueno, pero también es posible que sea un gran hombre”.

Entre las personas a quienes dije esto se encontraban el historiador Douglas Brinkley y Christopher Hitchens, el columnista de Vanity Fair. Los dos eran complementos perfectos. Brinkley es un pensador muy estable, cuyo código ético de historiador garantiza su adhesión a pruebas insuperablemente razonadas. Hitchens, un astuto artesano de la palabra siempre demasiado imprevisible en sus preferencias, es un valor seguro desde cualquier punto de vista, que una vez en una tertulia televisiva calificó a Chávez de “payaso rico en petróleo”. Aunque Hitchens es igual de íntegro que brillante, puede ser combativo hasta la intimidación, como lo demostró una vez con sus duros comentarios sobre Cindy Sheehan, la santa activista contra la guerra. Brinkley e Hitchens equilibrarían cualquier sesgo que percibieran en mi escritura, además de ser un par de tipos con quienes me lo paso muy bien y a quienes quiero mucho.

De modo que llamé a Fernando Sulichin, un viejo amigo y productor de cine independiente de Argentina con buenas conexiones y le pedí que los hiciera investigar y obtuviese el visto bueno para entrevistar a Chávez. Además, queríamos volar desde Venezuela a La Habana, así que le pedí a Fernando que solicitara entrevistas por cuenta nuestra con los hermanos Castro, la más urgente con Raúl, quien en febrero había tomado las riendas del poder de manos de un Fidel enfermo y nunca había otorgado una entrevista a un extranjero. Yo había viajado a Cuba en 2005, cuando tuve la fortuna de encontrarme con Fidel, y estaba ansioso por hacerle una entrevista al nuevo presidente. El teléfono sonó a las 2 de la tarde del día siguiente.

–Mi hermano –dijo Fernando–, lo logré.

Nuestro vuelo de Houston a Caracas se retrasó por problemas mecánicos. Era la 1 de la madrugada, y mientras esperábamos, Hitchens daba vueltas impaciente de un lado para otro.

–Los problemas casi nunca vienen solos –dijo.

Debió gustarle cómo sonó, porque volvió a decirlo. Era el pesimista de Dios. Le dije:

–Hitch, va a salir bien. Nos van a conseguir otro avión y llegaremos a tiempo.

Pero el pesimista de Dios es en realidad el pesimista ateo de Dios. Y yo no tardaría en ser testigo de la claridad de su ateísmo. De hecho, hubo otro problema. Bueno, salió bien y mal, como se verá. Despegamos dos horas después.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Caracas, Fernando estaba allí para recibirnos. Nos condujo a una terminal privada, donde esperamos la llegada del presidente Chávez, quien nos llevó con él de gira electoral a la maravillosa Isla Margarita en plena campaña para las elecciones a gobernador.

Sean Penn Chávez

Pasamos los dos días siguientes en la constante compañía de Chávez, con muchas horas de reuniones a solas entre los cuatro. En las dependencias privadas del avión presidencial descubrí que cuando Chávez habla de béisbol su dominio del inglés sube de grado. Cuando Douglas le pregunta si habría que abolir la Doctrina Monroe, Chávez –que quiere escoger cuidadosamente sus palabras– regresa al español para explicar los matices de su posición contra dicha doctrina, que ha justificado la intervención estadounidense en Latinoamérica durante casi dos siglos.

–Hay que romper la Doctrina Monroe –dice–. Hemos tenido que aguantarla durante más de doscientos años. Siempre vuelve al viejo enfrentamiento de Monroe con Bolívar. Jefferson solía decir que Estados Unidos debería tragarse una tras otra las repúblicas del sur. El país en el que nacisteis se basó en una actitud imperialista.

Los servicios venezolanos de inteligencia le dicen que el Pentágono tiene planes para invadir su país.

–Sé que están pensando en invadir Venezuela –dice. Parece que ve el fin de la Doctrina Monroe como una medida de su destino–. Nadie podrá volver aquí para exportar nuestros recursos naturales.

¿Le preocupa la reacción de Estados Unidos a sus atrevidas declaraciones sobre la Doctrina Monroe? Cita a José Gervasio Artigas, el luchador uruguayo por la libertad:

–Con la verdad no ofendo ni temo.

Hitchens está sentado en silencio, tomando notas durante toda la conversación. Chávez reconoce un brillo escéptico en sus ojos.

Hazme una pregunta. Hazme la pregunta más difícil.

Ambos comparten una sonrisa. Hitchens le pregunta:

–¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel?”

Chávez dice:

–Fidel es comunista, yo no. Yo soy socialdemócrata. Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no. Un día discutimos sobre Dios y Cristo. Le dije a Castro: “Yo soy cristiano. Creo en los Evangelios Sociales de Cristo”. Él no. Simplemente no cree. Más de una vez Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, que no estamos en los años sesenta.

–Ya ve –dice Chávez–. Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un profesor para mí. Un maestro. No en ideología, sino en estrategia.

Tal vez irónicamente, John F. Kennedy es el presidente de Estados Unidos favorito de Chávez.

–Yo era un muchacho –dice-. Kennedy era la fuerza impulsora de la reforma en Estados Unidos.

Sorprendido por la afinidad de Chávez por Kennedy, Hitch se suma a la conversación y menciona el plan económico de Kennedy para Latinoamérica, contrario a Cuba.

–¿Fue algo bueno la Alianza para el Progreso?

Hugo Chávez y Sean Penn–Sí –dice Chávez–. La Alianza para el Progreso fue una propuesta política para mejorar las condiciones. Apuntaba a reducir la diferencia social entre culturas.

La conversación entre los cuatro continuó en autobuses, en mítines y en inauguraciones en toda Isla Margarita. Chávez es incansable. Se dirige a cada nuevo grupo durante horas bajo un sol ardiente. Duerme como máximo cuatro horas por la noche y pasa la primera hora de la mañana leyendo noticias del mundo. Y una vez que está en pie, es incontenible a pesar del calor, de la humedad y de las dos capas de camisetas rojas revolucionarias que lleva puestas.

Tres eran mis motivaciones primordiales para este viaje: incluir las voces de Brinkley e Hitchens, profundizar mi conocimiento de Chávez y de Venezuela y ejercitar mi mano de escritor, así como recabar la ayuda de Chávez para que convenciese a los hermanos Castro de que nos recibieran a los tres en La Habana. Aunque Fernando me había dicho que la tercera parte del puzzle estaba aprobada y confirmada, en algún lugar de nuestros intercambios culturales, lingüísticos y telefónicos había habido un malentendido. Mientras tanto, CBS News estaba esperando un informe de Brinkley, Vanity Fair uno de Hitchens y yo escribía por cuenta de The Nation.

Al cabo de tres días en Venezuela le dimos las gracias al presidente Chávez por el tiempo que nos había dedicado, los cuatro allí parados entre el personal de seguridad y la prensa en el Aeropuerto Santiago Marino de Isla Margarita. Brinkley tenía una última pregunta que hacerle, y yo también.

–Señor presidente –le dijo-, si Barack Obama sale elegido presidente de Estados Unidos, ¿aceptaría usted una invitación para volar a Washington y reunirse con él?

Chávez dijo sin dudarlo:

–Sí.

Cuando me tocó a mí, le dije:

–Señor presidente, para nosotros es importante que nos reciban los Castro. Es imposible contar la historia de Venezuela sin incluir a Cuba y es imposible contar la historia de Cuba sin los Castro.

Chávez nos prometió que llamaría al presidente Raúl Castro en cuanto estuviera en su avión y que se lo pediría en nuestro nombre, pero nos advirtió que era poco probable que Fidel, el hermano mayor, pudiera responder tan rápido, ya que ahora está escribiendo y reflexionando mucho, no viendo a mucha gente. Tampoco podía hacer promesa alguna con respecto a Raúl. Chávez subió a su avión y vimos cómo partía.

A la mañana siguiente volamos a La Habana. Lo diré todo: el Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo de Venezuela nos prestó un avión. Si alguien quiere referirse a eso como un soborno, que haga lo que quiera. Pero cuando lea el próximo informe de un periodista que viaja en el Air Force One o que sube a bordo de un avión de transporte militar de Estados Unidos, que por favor repudie también ese artículo. Apreciamos el lujo de aquel viaje, pero eso no ha influenciado el contenido de nuestros reportajes.

“Muy pocas veces los problemas vienen solos”

Yo estaba arriesgando mucho. El hecho de subir al avión hacia La Habana sin tener garantía alguna de que iba a ver a Raúl Castro me llenaba de ansiedad. Christopher había cancelado a última hora varios compromisos de conferencias importantes para hacer el viaje. No acostumbra a dejar colgada a la gente. De modo que, para él, era lo tomas o lo dejas y se estaba poniendo nervioso. Douglas, profesor de Historia en la Universidad Rice, tenía que volver de forma inminente a sus obligaciones académicas. Fernando sentía el peso de que esperásemos de él que fuera nuestro ariete. Y yo, bueno, contaba con la llamada de Chávez a Castro, tanto para obtener la entrevista como para salvar mi culo ante mis compañeros.

Aterrizamos en La Habana cerca del mediodía y en la pista de aterrizaje nos recibieron Omar González Jiménez, presidente del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), y Luis Alberto Notario, jefe del ala de coproducción internacional del Instituto. Había estado con ambos durante mi anterior viaje a Cuba. Comenzamos a hablar de cosas personales de camino a la oficina de aduana, hasta que Hitch se adelantó y, sin vergüenza alguna, le exigió a Omar:

–Señor, ¡tenemos que ver al presidente!

–Sí –respondió Omar–. Estamos informados de su solicitud y hemos informado al presidente. Estamos todavía esperando su respuesta.

Durante el resto de ese día y hasta la tarde siguiente torturamos a nuestros anfitriones con un incesante son de tambor: Raúl, Raúl, Raúl. Supuse que si Fidel estaba en condiciones y podía encontrar el tiempo necesario, llamaría. Y si no, yo seguiría agradecido por nuestro encuentro anterior y se lo dije en una nota que le envié a través de Omar. De Raúl sólo sabía por lo que había leído y no tenía la menor idea de si nos vería o no.

Los cubanos son gente particularmente calurosa y hospitalaria. Mientras nuestros anfitriones nos llevaban por la ciudad, me di cuenta de que la cantidad de coches estadounidenses de los años cincuenta había disminuido incluso en los pocos años que habían pasado desde mi último viaje, para ser reemplazados por coches rusos más pequeños. Al pasar rápidamente por el Malecón ante la Sección de Intereses de Estados Unidos –de agresivo aspecto– donde las olas que se rompen contra la orilla salpican a los coches de pasada, noté algo casi indescriptible de la atmósfera en Cuba: la presencia palpable de una historia arquitectónica y humana en un pequeño trozo de tierra rodeado de agua. Incluso el visitante siente el espíritu de una cultura que proclama de diversas maneras, “Éste es nuestro sitio especial”.

Serpenteamos a través de La Habana Vieja, y en una exposición revestida de vidrio que hay frente al Museo de la Revolución vimos el Granma, el barco que transportó a los revolucionarios cubanos desde México en 1956. Continuamos hacia el Palacio de Bellas Artes, con su colección de muestras apasionadas y políticas, que es un corte transversal de la profunda reserva de talento de Cuba. Luego visitamos el Instituto Superior de Artes y después fuimos a cenar con el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, y Roberto Fabelo, un pintor al que invitaron al saber que yo había expresado aquella tarde mi aprecio por su obra durante la visita al museo. A medianoche aún no había noticias de Raúl Castro. Después, nos llevaron a la casa del protocolo, donde descansamos hasta el alba.

A mediodía del día siguiente, el reloj sonaba con machaconería en nuestros oídos. Nos quedaban dieciséis horas en La Habana antes de que tuviéramos que ir al aeropuerto para tomar nuestros vuelos de regreso. Estábamos sentados alrededor de una mesa en La Castellana, un lujoso bodegón de La Habana Vieja, con un gran grupo de artistas y músicos que, dirigidos por el reputado pintor cubano Kcho, habían establecido la Brigada Marta Machado, una organización de voluntarios que ayuda a las víctimas de los huracanes Ike y Gustav en la Isla de la Juventud. La brigada tiene pleno apoyo de dinero, aviones y personal del gobierno, algo que habría sido la envidia de nuestros voluntarios en la Costa del Golfo después del huracán Katrina. También se juntó con nosotros para el almuerzo Antonio Castro Soto del Valle, un apuesto joven de carácter modesto, de 39 años, que es hijo de Fidel. Antonio, que estudió Medicina, es el médico del equipo nacional de béisbol de Cuba. Tuve una breve pero agradable charla con él y volví a repetirle nuestro deseo de ver a Raúl.

El reloj ya no sonaba, aporreaba. Omar me dijo que dentro de muy poco conoceríamos la decisión del presidente. Con los dedos cruzados, Douglas, Hitch, Fernando y yo volvimos a la casa del protocolo para hacer nuestras maletas de antemano. A las 6 de la tarde nos quedaban diez horas. Yo estaba sentado abajo, en la sala de estar, leyendo bajo la brumosa luz del ocaso vespertino. Hitch y Douglas estaban arriba en sus habitaciones, supongo que durmiendo la siesta para vencer la ansiedad. Y en el sofá, a mi lado, Fernando roncaba.

Entonces apareció Luis ante nuestra puerta de entrada, que estaba abierta. Lo miré por encima de mis gafas mientras me hacía un gesto muy directo. Sin palabras, señalé con el dedo hacia la parte de arriba de las escaleras, donde estaban acostados mis compañeros. Pero Luis meneó la cabeza como si se estuviese disculpando.

–Sólo usted –dijo.

El presidente había tomado su decisión.

Pude escuchar en mis oídos el eco de las dudas de Hitch, “son muy pocas las veces que los problemas vienen solos”. ¿Se refería a mí? Et me, Bruto? En cualquier caso, me eché la mano al bolsillo trasero para asegurarme de que tenía mi libreta de notas venezolanas, busqué mi pluma, agarré mis gafas y salí con Luis. Justo antes de cerrar la portezuela del coche que nos estaba esperando, escuché la voz de Fernando que me llamaba:

–¡Sean!

El coche arrancó.

Voy a ver al mago

En Estados Unidos el presidente cubano Raúl Castro, antiguo ministro de Defensa de la isla, está considerado como un “frío militarista” y un “títere” de Fidel. Pero el joven revolucionario con coleta de la Sierra Maestra está demostrando que las serpientes se equivocan. Por cierto, el “raulismo” está creciendo junto con un reciente auge económico industrial y agrícola. El legado de Fidel, como el de Chávez, dependerá de la sostenibilidad de una revolución flexible, que pueda sobrevivir a la partida de su líder por muerte o renuncia. Fidel ha sido subestimado una vez más por el Norte. Al elegir a su hermano Raúl ha puesto las decisiones políticas diarias de su país en una manos formidables. En un informe del Consejo de Asuntos Hemisféricos, el portavoz del Departamento de Estado, John Casey, reconoció que el raulismo podría llevar a una “mayor apertura y libertad para el pueblo cubano”.

Muy pronto me veo sentado a una pequeña mesa lustrada en un despacho del gobierno, con el presidente Castro y un traductor.

–Fidel me llamó hace un momento -me dice–. Quiere que lo llame después de que hayamos hablado.

Hay un humor en la voz de Raúl que recuerda una vida de afectuosa tolerancia por el ojo vigilante de su gran hermano.

–Quiere saber todo sobre lo que hablamos –dice con risita de sabio–. Nunca me gustó la idea de conceder entrevistas –añade–. Uno dice muchas cosas, pero cuando se publican aparecen recortadas, condensadas. Las ideas pierden su significado. Me han dicho que sus películas son largas. Quién sabe si su periodismo será largo también.

Le prometo que escribiré lo más rápido posible y que imprimiré todo lo que escriba. Me dice que ha prometido informalmente a otros su primera entrevista como presidente y, como no quiere multiplicar lo que podría ser interpretado como un insulto, me ha escogido a mí solo, sin mis compañeros.

Castro y yo compartimos sendas tazas de té.

–Hoy hace cuarenta y seis años, exactamente a esta hora, movilizamos las tropas. Almeida en el Oeste, Fidel en La Habana, yo en Oriente. A mediodía habían anunciado que en Washington el presidente Kennedy iba a pronunciar un discurso. Fue durante la crisis de los misiles. Preveíamos que el discurso sería una declaración de guerra. Después de su humillación en Bahía de Cochinos, la presión de los misiles [que según afirma Castro eran estrictamente defensivos] representaría una gran derrota para Kennedy. Kennedy no toleraría esa derrota. Hoy estudiamos con mucho cuidado a los candidatos en Estados Unidos, estamos centrados en McCain y Obama. Miramos con lupa todos sus viejos discursos. En particular los pronunciados en Florida, donde oponerse a Cuba se ha convertido en un negocio rentable para muchos. En Cuba tenemos sólo un partido, pero en Estados Unidos hay muy poca diferencia. Ambos partidos son una expresión de la clase gobernante.

Dice que los miembros actuales del lobby cubano de Miami son descendientes de la riqueza de la era de Batista o terratenientes internacionales “que sólo pagaron centavos por su tierra” mientras Cuba vivía bajo el dominio absoluto de Estados Unidos durante sesenta años.

–La reforma agraria de 1959 fue el Rubicón de nuestra Revolución. Una sentencia de muerte para nuestras relaciones con Estados Unidos.

Castro parece estudiarme mientras toma otro sorbo de té.

–En aquel momento no se discutía de socialismo ni de ningún trato de Cuba con Rusia. Pero la suerte estaba echada.

Después de que el gobierno de Eisenhower atentó contra dos barcos con un cargamento de armas que iban a Cuba, Fidel extendió su mano a antiguos aliados. Dice Raúl:

–Se las pedimos a Italia. ¡No! Se las pedimos a Checoslovaquia. ¡No! Nadie nos daba armas para defendernos, porque Eisenhower los había presionado. Así que cuando Rusia nos las dio no tuvimos tiempo para aprender a utilizarlas antes de que Estados Unidos nos atacase en Bahía de Cochinos.

Se ríe y se dirige a un servicio adyacente, desapareciendo un momento tras una pared, tras lo cual vuelve de inmediato a la sala, y bromea:

–A los 77 años es culpa del té.

Bromas aparte, Castro se mueve con la agilidad de un hombre joven. Hace ejercicio a diario, sus ojos brillan al mirar y su voz es potente. Reanuda la conversación donde la dejó.

–Sabes, Sean, hay una famosa fotografía de Fidel de cuando la invasión de Bahía de Cochinos. Él está parado frente a un tanque ruso. Todavía no sabíamos ni siquiera cómo dar marcha atrás con aquellos tanques –se ríe–. ¡La retirada no está entre nuestras opciones!

Raúl Castro se muestra cálido, abierto, lleno de energía y hace alarde de una aguda inteligencia.

Retomo el asunto de las elecciones estadounidenses y le repito la pregunta que Brinkley le hizo a Chávez:

–¿Aceptaría Castro una invitación a Washington para reunirse con el presidente Obama, suponiendo que gane, sólo pocas semanas después?

Raúl Castro reflexiona:

–Es una pregunta interesante –dice, y se sume en un largo, incómodo silencio, hasta que termina por añadir–: Estados Unidos tiene el proceso electoral más complicado del mundo. Hay ladrones electorales con mucha experiencia en el lobby cubano-americano de Florida…

Lo interrumpo:

–Creo que ese lobby se está deshaciendo -y con la seguridad de un optimista a toda prueba, añado–: Obama va a ser nuestro próximo presidente.

Castro sonríe, al parecer a causa de mi candidez, pero su sonrisa desaparece mientras dice:

–Si no lo matan antes del 4 de noviembre será su próximo presidente.

Le señalo que todavía no ha respondido a mi pregunta sobre el encuentro en Washington.

–Sabes –dice–, he leído las declaraciones que ha hecho Obama sobre que mantendrá el bloqueo.

Hago un breve comentario:

–Utilizó la palabra embargo.

–Sí –dice Castro–, el bloqueo es un acto de guerra, así que los estadounidenses prefieren hablar de embargo, una palabra que se utiliza en documentos legales… Pero, en cualquier caso, sabemos que se trata de lenguaje preelectoral y que también ha dicho que está dispuesto a discutir con cualquiera.

Raúl interrumpe su propio discurso:

–Probablemente estés pensando, vaya, el hermano habla tanto como Fidel –nos reímos los dos–. No suele ser así, pero ya sabes, Fidel… una vez había una delegación aquí, en esta sala, de China. Varios diplomáticos y un joven traductor. Creo que era la primera vez que el traductor estaba con un jefe de Estado. Habían tenido un vuelo muy largo y estaban bajo los efectos del desfase horario. Fidel, por supuesto, lo sabía, pero siguió hablando durante horas. Pronto, a uno que estaba al final de la mesa, justo ahí [señala una silla cercana] se le empezaron a cerrar los ojos. Luego a otro, y a otro. Pero Fidel seguía hablando. No pasó mucho tiempo hasta que todos, incluido el de más rango, al que Fidel le había estado dirigiendo directamente la palabra, estaban roncando. Así que Fidel volvió los ojos hacia el que estaba despierto, el joven traductor, y siguió conversando con él hasta el amanecer.

A aquellas alturas de la historia, tanto Raúl como yo nos desternillábamos de risa. Yo sólo me había reunido una vez con Fidel, cuya mente asombrosa y cuya pasión eran un manantial de palabras. Pero me bastó como muestra. El único que no se reía cuando Raúl Castro retomó el hilo fue nuestro traductor.

–En mi primera declaración después de que Fidel cayera enfermo dije que estamos dispuestos a discutir sobre nuestras relaciones con Estados Unidos de igual a igual. Más tarde, en 2006, lo dije de nuevo en un discurso en la Plaza de la Revolución. Los medios estadounidenses se burlaron diciendo que yo estaba aplicando cosmética a la dictadura.

Le ofrezco otra oportunidad de hablar al pueblo estadounidense. Responde:

–Los estadounidenses son nuestros vecinos más inmediatos. Deberíamos respetarnos. Nosotros no hemos tenido nunca nada contra el pueblo estadounidense. Unas buenas relaciones serían mutuamente ventajosas. Quizá no podamos resolver todos nuestros problemas, pero podremos resolver muchos de ellos.

Hace una pausa y medita lentamente un pensamiento.

–Voy a decirte algo que no he dicho nunca antes en público. En algún momento alguien del Departamento de Estado lo filtró, pero lo silenciaron de inmediato por miedo al electorado de Florida, aunque ahora, cuando se lo diga, el Pentágono pensará que soy indiscreto.

Contengo la respiración mientras espero sus palabras.

–Desde 1994 hemos estado en contacto permanente con los militares estadounidenses, por acuerdo mutuo secreto –me dice Castro–. Se basó en la premisa de que discutiríamos asuntos únicamente relacionados con Guantánamo. El 17 de febrero de 1993, tras una petición de Estados Unidos de que discutiésemos asuntos relacionados con localizadores de boyas para la navegación de barcos en la bahía, fue el primer contacto en la historia de la Revolución. Entre el 4 de marzo y el 1 de julio tuvo lugar la crisis de los balseros. Se estableció una línea directa entre nuestros dos ejércitos y el 9 de mayo de 1995 nos pusimos de acuerdo para celebrar reuniones mensuales con altos cargos de ambos gobiernos. Hasta la fecha, ha habido 157 reuniones y todas ellas están grabadas. Las reuniones tienen lugar el tercer viernes de cada mes. Alternamos las localizaciones entre la base estadounidense en Guantánamo y el territorio cubano. Hemos realizado maniobras conjuntas de respuesta a emergencias. Por ejemplo, prendemos un fuego y los helicópteros estadounidenses traen agua de la bahía, de concertación con helicópteros cubanos. [Antes de esto] la base estadounidense en Guantánamo sólo había creado caos. Habíamos perdido guardias fronterizos y tenemos pruebas gráficas de ello. Estados Unidos había alimentado la emigración ilegal, llena de peligros, y sus guardacostas interceptaban a los cubanos que trataban de abandonar la isla. Los traerían a Guantánamo e iniciamos una mínima cooperación. Pero nosotros dejaríamos de guardar nuestra costa. Si alguien quería irse, les dijimos, que se fuera. Y así, con los asuntos de navegación empezamos a colaborar. Ahora, en las reuniones de los viernes siempre hay un representante del Departamento de Estado. –No da ningún nombre. Continúa–: El Departamento de Estado tiene tendencia a ser menos razonable que el Pentágono. Pero ninguno levanta la voz porque… yo no participo. Porque yo hablo fuerte. Es el único lugar en el mundo donde esos dos militares se reúnen en paz.

–¿Y qué pasa con Guantánamo? –le pregunto.

–Te diré la verdad –dice Castro–. La base es nuestro rehén. Como presidente digo que Estados Unidos debe irse. Como militar digo que los dejemos quedarse.

En mi interior empiezo a preguntarme si está a punto de revelarme una gran noticia. ¿O será de poca importancia? Nadie debería sorprenderse de que los enemigos se hablen por detrás del escenario. Lo que sí es una sorpresa es que me lo esté contando. Y, con ello, doy un rodeo y regreso al asunto de un encuentro con Obama.

–En el caso de que se celebrase una reunión entre usted y el próximo presidente, ¿cuál sería la primera prioridad de Cuba?

Sin dudarlo, responde:

–Normalizar el comercio.

La indecencia del embargo estadounidense contra Cuba nunca ha sido más evidente que ahora, en la estela de tres huracanes devastadores. Las necesidades del pueblo cubano nunca han sido más desesperadas. El embargo es sencillamente inhumano y totalmente improductivo. Raúl continúa:

–La única razón del embargo es hacernos daño. Nada puede disuadir a la Revolución. Dejemos que los cubanos vengan de visita con sus familias. Dejemos que los estadounidenses vengan a Cuba.

Parece como si estuviera diciendo, dejémoslos venir a ver esta terrible dictadura comunista de la que no cesan de escuchar en la prensa, donde incluso representantes del Departamento de Estado y destacados disidentes reconocen que en unas elecciones libres y abiertas en Cuba, el Partido Comunista que gobierna obtendría hoy el 80% de los votos. Le enumero una lista de varios conservadores estadounidenses que han criticado el embargo, desde el fallecido economista Milton Friedman a Colin Powell, pasando incluso por el senador republicano de Texas Kay Bailey Hutchison, quien dijo, “Hace tiempo que vengo pensando que deberíamos buscar una nueva estrategia para Cuba. Y ésta consiste en establecer más comercio, sobre todo comercio de productos alimentarios, especialmente si podemos ofrecer al pueblo más contacto con el mundo exterior. Y si podemos remontar la economía eso podría servir para que la gente fuera más capaz de luchar contra la dictadura.”

Ignorando el desaire, Castro replica con descaro:

–Aceptamos el reto.

A estas alturas ya hemos pasado del té al vino tinto y a la cena.

–Déjame decirte algo –dice–. Hemos hecho nuevas prospecciones, según las cuales hay grandes posibilidades de reservas de petróleo en nuestro litoral, que las compañías estadounidenses podrían venir a perforar. Podemos negociar. Estados Unidos está protegido por las mismas leyes comerciales cubanas que protegen a cualquier otro país. Quizá pueda haber reciprocidad. Hay 110.000 km cuadrados de mar en el área dividida. Dios no sería justo si no nos concediese algún petróleo. No creo que nos prive de esa manera.

De hecho, el US Geological Survey calcula que en el área hay reservas de nueve mil millones de barriles de petróleo y 31 billones de pies cúbicos de reservas de gas natural en la cuenca marítima del norte de Cuba. Ahora que han mejorado las inestables relaciones con México de los últimos tiempos, Castro está tratando también de mejorarlas con la Unión Europea.

–Las relaciones con la EU deberían mejorar cuando se vaya Bush –dice confiado.

–¿Y con Estados Unidos? –le pregunto.

–Escucha –dice–, tenemos tanta paciencia como los chinos. El 77% de nuestra población ha nacido después del bloqueo. Soy el ministro de Defensa que más ha durado en toda la historia. Cuarenta y ocho años y medio hasta el pasado octubre. Por eso visto este uniforme y sigo trabajando en mi antiguo despacho. No hemos tocado nada en el despacho de Fidel. En las maniobras militares del Pacto de Varsovia yo era el más joven y el que más tiempo estaba en el cargo. Luego fui el más antiguo y sigo siendo el que más tiempo estuvo. Iraq es un juego de niños en comparación con lo que le pasaría a Estados Unidos si invadiese Cuba. –Tras un sorbo de vino, Castro añade–: Prevenir una guerra equivale a ganarla. Ésa es nuestra doctrina.

Una vez terminada la cena, el presidente y yo salimos por de unas puertas correderas de vidrio a una terraza que parece un invernadero con plantas tropicales y pájaros. Mientras continuamos paladeando el vino, dice:

–Hay una película americana en la que la elite está sentada en torno a una mesa y trata de decidir quién será el próximo presidente. Miran por la ventana y ven al jardinero. ¿Sabes a qué película me refiero?

Being There – digo.

–¡Eso! –responde Castro con excitación–- Being There. Me gustó mucho. Con Estados Unidos existe cualquier posibilidad objetiva. Los chinos dicen: “En el camino más largo uno empieza con el primer paso”. El presidente de Estados Unidos debería dar ese primer paso, pero sin amenazar nuestra soberanía. Eso no es negociable. Podemos exigir sin decirle al otro lo que tiene que hacer dentro de sus fronteras.

–Señor Presidente –digo–, durante el último debate presidencial en Estados Unidos vimos cómo John McCain alentaba el acuerdo de libre comercio con Colombia, un país conocido por sus escuadrones de la muerte y sus asesinatos de líderes obreros, y esas relaciones continúan mejorando, conforme el gobierno de Bush trata de hacer avanzar ese acuerdo en el Congreso. Como bien sabe, acabo de llegar de Venezuela, país al que, al igual que a Cuba, el gobierno de Bush considera una nación enemiga, incluso si les compramos mucho petróleo. Se me ocurre que Colombia puede razonablemente convertirse en nuestro aliado geográficamente estratégico en Sudamérica, de la misma manera que Israel lo es en el Oriente Próximo. ¿Tiene algún comentario que hacer?

Medita cuidadosamente la pregunta y me responde en un tono lento y calculado:

–En estos momentos –dice– tenemos buenas relaciones con Colombia. Pero debo decir que si hay un país en Sudamérica con un entorno vulnerable a eso… es Colombia.

Teniendo en mente las sospechas de Chávez sobre las intenciones estadounidenses de intervenir en Venezuela, respiro hondo.

Se está haciendo tarde, pero no quería irme sin preguntarle a Castro sobre las alegaciones de violaciones de derechos humanos y el narcotráfico, supuestamente facilitado por el gobierno cubano. Un informe de 2007 de Human Rights Watch señala que Cuba “sigue siendo el único país en Latinoamérica que reprime casi cualquier forma de disidencia política”. Además, hay unos 200 prisioneros políticos en Cuba hoy en día, aproximadamente el 4% de los cuales están condenados por crímenes de disidencia no violenta. Mientras espero los comentarios de Castro, no puedo evitar pensar en la cercana prisión estadounidense de Guantánamo y en los horrendos crímenes que Estados Unidos comete contra los derechos humanos.

–Ningún país está libre de abusos contra los derechos humanos al cien por cien –me dice Castro. Pero insiste–: Los informes de los medios estadounidenses son muy exagerados e hipócritas.

De hecho, incluso destacados disidentes cubanos, como Eloy Gutiérrez Menoyo, reconocen estas manipulaciones y acusan a la Oficina de Intereses de Estados Unidos de obtener testimonios disidentes por medio de pagos en metálico. Irónicamente, en 1992 y 1994 Human Rights Watch también describió desórdenes e intimidaciones por parte de grupos anticastristas en Miami, descritas por el escritor y periodista Reese Erlich como “violaciones normalmente asociadas con dictaduras latinoamericanas”.

Dicho lo cual, soy un estadounidense orgulloso y sé positivamente que si fuese ciudadano de Cuba y tuviese que escribir un artículo como ése sobre los dirigentes cubanos podrían encarcelarme. Más aún, estoy orgulloso de que el sistema establecido por nuestros padres fundadores, aunque hoy en día no sea exactamente el mismo, nunca haya dependiódo de sólo un gran líder por época. Estas cosas siguen estando en entredicho con respecto a los héroes románticos de Cuba y Venezuela. Pienso en mencionarlo, y quizá debiera hacerlo, pero tengo algo distinto en mente:

–¿Podemos hablar sobre drogas? –le pregunto a Castro. Me responde:

–Estados Unidos es el mayor consumidor de narcóticos en el mundo. Cuba está situada directamente entre Estados Unidos y sus proveedores. Para nosotros es un gran problema… Con la expansión del turismo se ha desarrollado un nuevo mercado y nosotros nos enfrentamos a él. Se dice también que permitimos que los narcotraficantes atraviesen el espacio aéreo cubano. No permitimos algo así. Estoy seguro de que algunos de esos aviones se nos cuelan. Si ya no tenemos un radar de baja altitud en funcionamiento se debe simplemente a las restricciones económicas.

Aunque parezca un cuento chino no es así. Según el coronel Lawrence Wilkerson, un antiguo consejero de Colin Powell, Wilkerton le dijo a Reese Erlich en una entrevista del pasado enero que “los cubanos son nuestros mejores aliados en la guerra contra las drogas y contra el terrorismo en el Caribe. Incluso mejores que México. Los militares consideran que Cuba es un aliado muy cooperativo.”

Quiero hacerle a Castro por última vez la pregunta que no me ha respondido, pues nuestro mutuo lenguaje corporal nos indica que ya pasó la medianoche. Es la 1 de la madrugada, pero él se lanza:

–Bueno –dice–, me preguntaste que si yo aceptaría un encuentro con Obama en Washington. Tendría que pensarlo. Lo discutiría con mis camaradas de la dirigencia. Personalmente creo que no sería justo que yo fuese el primero en visitar, porque siempre son los presidentes latinoamericanos quienes van primero a Estados Unidos. Pero tampoco sería justo esperar que el presidente de Estados Unidos venga a Cuba. Deberíamos encontrarnos en un lugar neutral.

Hace una pausa y deposita su copa de vino vacía.

–Quizá podríamos encontrarnos en Guantánamo. Tenemos que encontrarnos y empezar a resolver nuestros problemas y, al final del encuentro, podríamos darle un regalo al presidente… podríamos enviarlo de vuelta con la bandera estadounidense que ondea en la Bahía de Guantánamo.

Cuando salimos de su despacho seguidos por el personal, el presidente Castro me acompaña en el ascensor hasta el vestíbulo y viene conmigo hasta el coche que me espera. Le doy las gracias por la generosidad de su tiempo. Cuando el chófer arranca el motor, el presidente da unos golpecitos en la ventanilla de mi lado. Bajo el cristal mientras que él mira su reloj y se da cuenta de que han pasado siete horas desde que iniciamos la entrevista. Sonriendo, dice:

–Ahora voy a llamar a Fidel. Te lo prometo. Cuando Fidel se entere de que he hablado contigo durante siete horas se asegurará de concederte siete horas y media cuando regreses a Cuba.

Reímos al unísono y nos damos un último apretón de manos.

Ha llovido antes por la noche. En esta oscuridad de las primeras horas, mientras los neumáticos pulverizan agua sobre la húmeda calzada de una apacible mañana habanera, me doy cuenta de que las cuestiones más básicas de la soberanía permiten comprender muy bien las complejidades del antagonismo estadounidense contra Cuba y Venezuela, así como las políticas de ambos países. Nunca han tenido más que dos opciones: o ser imperfectamente nuestros o imperfectamente suyos.

¡Viva Cuba, viva Venezuela, viva USA!

Cuando regresé a la casa del protocolo eran cerca de las dos de la mañana. Mi viejo amigo Fernando, temiendo que llegase borracho, me había esperado. Mis compañeros habían pasado una mala noche. El pobre Fernando había pagado los platos rotos de su frustración. No sabían dónde estaba ni por qué me había ido sin ellos. Y los funcionarios cubanos que habían podido contactar les habían insistido en que estuviesen preparados por si acaso alguno de los hermanos Castro les ofrecía espontáneamente una entrevista. De manera que también se habían perdido al menos una noche cubana. Después de ponerme al corriente, Fernando se fue a dormir un par de horas. Yo me quedé revisando mis notas y fui el primero en sentarme a la mesa para el desayuno, a las 4:45. Cuando Douglas e Hitch bajaban por las escaleras, me cubrí la cabeza con el borde del mantel fingiendo vergüenza. Supongo que en aquellas circunstancias era un poco temprano (y no sólo por la hora) para poner a prueba su humor. La broma no funcionó. Mientras que Fernando volaba hacia a Buenos Aires, nosotros desayunamos tranquilamente y luego volamos de vuelta al hogar, dulce hogar.

Cuando llegué a Houston me di cuenta de que había sobrestimado la insensibilidad de aquellos dos profesionales con experiencia. Cualquier hielo previo se había fundido. Nos dijimos adiós, celebrando aquellos días emocionantes. Ninguno de ellos había sido lo bastante malicioso como para preguntarme por el contenido de mi entrevista, pero cuando se disponía a conectar con el vuelo que lo llevaría hacia el Este, Christopher me dijo al despedirse, “Bueno… supongo que la leeremos”.

¡Sí, se puede!

Estaba sentado en el borde de la cama con mi mujer, mi hijo y mi hija. Se me saltaron las lágrimas mientras Barack Obama hablaba por primera vez como presidente electo de Estados Unidos. Cerré los ojos y empecé a ver una película en mi mente. También podía oír la música, que muy apropiadamente era de las Dixie Chicks cantando una canción de Fleetwood Mac sobre imágenes montadas a cámara lenta. Allí estaban Bush, Hannity, Cheney, McCain, Limbaugh y Robertson. Los vi a todos. Y la canción fue en aumento conforme la imagen de Sarah Palin acaparaba la pantalla. Natalie Maines cantaba dulcemente,

Y vi mi reflejo en las colinas cubiertas de nieve
hasta que la victoria aplastante me derrumbó
Victoria aplastante me derrumbó…

Fuente: Conversations With Chavez and Castro

Traducción: Germán Leyens y Manuel Talens

Datos reveladores sobre Venezuela

enero 15, 2008

La ONG Corporación Latinobarómetro ha hecho público su informe anual sobre el desarrollo de la democracia y las economías en América Latina, así como las sociedades con indicadores de opinión, actitudes, comportamientos y valores.

Se ha realizado mediante 19.000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 400 millones de habitantes. Los datos de esta fundación, con sede en Santiago de Chile, son usados por actores sociales y políticos, organizaciones internacionales, gobiernos y medios de comunicación. Sin embargo, han sido poco difundidos por los medios de comunicación. La explicación, una vez más, se debe a lo que se ha revelado sobre Venezuela.

Según el informe, Venezuela es el país de América Latina donde más ciudadanos califican de positiva su situación económica y el segundo en el que más satisfechos están con la democracia.

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro 2007

Latinobarómetro tiene el primer banco de datos de opinión en español, el primero en el hemisferio sur y el primero en América Latina. El estudio 2007 contó con el apoyo de múltiples organismos y gobiernos, entre otros, OEA (Organización de Estados Americanos), CAF (Corporación Andina de Fomento), SIDCA (Swedish International Development Cooperation Agency), ELCANO (Real Instituto Elcano), AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional), y el Gobierno Danés.

Más información

Latinobarómetro

Venezuela es el país de América Latina donde más ciudadanos califican de positiva su situación económica y el segundo donde más satisfechos están con la democracia

Sobre el NO y las grietas de la Revolución Bolivariana

diciembre 5, 2007

El lunes, aún en caliente y noqueado por la victoria de la oposición venezolana, cometí un error: eché toda la culpa del fracaso electoral al imperialismo y a los medios de desinformación. No se puede negar que tanto la manipulación mediática (que tildaba a Chávez de dictador con veleidades vitalicias y describía el socialismo como “un sistema que te quita tus posesiones”) como la presión de Estados Unidos y de la oligarquía venezolana influyeron en la baja participación. Pero en ningún modo pueden justificar un 44,9% de abstención.

La oposición no se ha incrementado. Son los mismos de siempre. El factor decisivo en la primera derrota electoral de Hugo Chávez ha sido que, por primera vez, casi la mitad de los ciudadanos no se han molestado en votar. Y cuando el proyecto bolivariano recibe menos cantidad de votos (4.379.392 para el Bloque A y 4.335.136 para el B) que el número de militantes del PSUV (5.200.000), hace falta revisar críticamente las raíces mismas de la Revolución Bolivariana y, sobre todo, analizar sus errores.

1. La conducción vertical del proceso bolivariano

Heinz Dieterich, en su artículo Derrota estratégica en Venezuela; peligro mortal para Bolivia y Cuba, culpa al sistema de conducción oficial de la derrota en el referéndum. En los tres pilares del Estado, el presidente no tiene un contrapeso. La Asamblea Nacional es un eco de la voluntad presidencial, es decir, sus miembros se dedican a asentir ante todo lo que dice Chávez. Por otro lado, la relación bilateral y no colectiva del gabinete y el partido con el Jefe de Estado es beneficiosa en el sentido de que distancia al presidente de los errores y posibles escándalos (y más en un sistema que se basa en la popularidad de Chávez), pero puede llevarle a un cierto alejamiento de la realidad.

Pero el error fundamental en la reforma fue que, cuando se lleva años repitiendo continuamente al pueblo que su participación a todos los niveles es un requisito imprescindible para transformar la realidad, se ha pretendido imponer el socialismo desde arriba, por mucho referéndum de democracia burguesa con el que se maquille.

Esa transición no puede acontecer de otra manera que a través de la activación de la voluntad popular a través de una Asamblea Constituyente que reforme el texto constitucional. Sólo entonces la vía será la adecuada jurídica y estratégicamente, y gozará de la legitimidad y fuerza necesaria para convertirse en una realidad.

Mientras tanto, la preparación del cambio al socialismo es perfectamente posible con la Constitución de 1999. La derrota electoral no es un freno en la Revolución sino la postergación de su aplicación definitiva hasta un momento en el que la conciencia colectiva se encuentre más identificada con la idea socialista.

2. La situación económica

Si la identidad política popular no estaba aún madura, la coyuntura política tampoco era la adecuada. Aunque Venezuela tiene el mayor crecimiento económico de América Latina y las rentas del petróleo llegan a toda la población, aún hay desequilibrios decisivos. Y cuando una de las principales armas de la oposición es la denuncia de la inflación y la escasez de algunos alimentos, no está de más solucionarlo antes de llamar a los ciudadanos a las urnas.

La escasez provocada, un clásico en la estrategia de la oposición, es potenciada por sectores empresariales que acaparan productos de primera necesidad para boicotear el proceso venezolano. Pero no es aceptable que, más de tres años después de la creación de Mercal (un sistema estatal de distribución de alimentos entre los barrios más humildes) éste siga siendo incapaz de garantizar suministros tan básicos como la leche o el café por mucho boicoteo que haya de distribuidores o productores.

En cuanto a la inflación, va adquiriendo una naturaleza endémica que, si bien en términos macroeconómicos no es preocupante, en términos particulares afecta en mayor proporción e intensidad a las clases populares que, en gran medida, son el pilar básico de la revolución. El apoyo de los menos favorecidos al chavismo depende de que traduzca la política económica y social en una realidad concreta y fácilmente perceptible para ellos.

Aparte de los problemas económicos ya citados, está la idea de sustituir la inversión externa por la inversión del Estado, en lugar de controlarla, debido a una sobreestimación del poder del Estado frente a las fuerzas del mercado. La economía venezolana sigue siendo una economía de mercado capitalista y su superestructura la de una democracia burguesa, y esto determina las opciones reales que tiene la política económica de Chávez. La voluntad del cambio revolucionario y el deseo de ayudar a los pobres, no logra contrarrestar esas realidades objetivas, tal como experimentaron Mao en el “gran salto adelante” y Fidel en la zafra de las 10 millones de toneladas. El voluntarismo tiene sus límites objetivos.

3. La corrupción

Es un problema endémico en gran parte del aparato estatal venezolano y a todos sus niveles de gobierno. No se ha incrementado la corrupción heredada de la IV República, pero lo cierto es que no se ha hecho prácticamente nada para combatirla. Vista como una lacra por la sociedad y utilizado por la oposición para acusar al Gobierno de incompetencia en el ámbito burocrático, la corrupción debe ser erradicada mediante una política decidida e inmediata.

4. La actitud de Chávez en la recta final de la campaña

La reforma, a la vez que proporcionaba mayores niveles de participación popular, propugnaba una concentración de poderes importante en la figura del Presidente de la República, por lo que Chávez era muy importante para defenderla, exponerla y convencer a la población de su necesidad.

Por ello fue un terrible error que, a finales de la campaña electoral, el presidente saliera del país por más de una semana para visitar Chile, Arabia Saudí, Irán, Francia, Portugal y Cuba. Además, esa ausencia estuvo marcada por el incidente con el rey Juan Carlos durante la Cumbre Iberoamericana y el consiguiente conflicto diplomático con España, que llevó a Chávez a anunciar en los últimos días de campaña (e incluso durante la jornada de reflexión) una posible nacionalización de los bancos españoles en Venezuela. Aparte de desviarse del tema crucial en esos días, la amenaza pudo influir en muchos miembros de la clase media que quizá temieran por sus ahorros.

5. Información y desinformación

Ante la increíble campaña de desinformación de los medios de comunicación antichavistas, dentro y fuera de Venezuela, los medios oficialistas se demostraron totalmente incapaces de hacerle frente. Aunque en Venezuela hay cuatro canales de televisión pública en abierto y numerosas emisoras de radio comunitarias, su difusión informativa de la Revolución Bolivariana deja mucho que desear, principalmente a nivel de Internet y prensa escrita.

En cuanto a los contenidos de las cadenas de televisión estatales, se han cometido graves errores de comunicación durante la campaña electoral. Aunque la cobertura extranacional es imprescindible y darle importancia muy loable desde el punto de vista del internacionalismo revolucionario, lo que no es normal es que, a la hora en que supuestamente salían los resultados del referéndum, en Telesur haya un documental sobre Colombia

Se ha fallado también en la difusión de la conspiración de la CIA contra el gobierno de Venezuela, de la financiación de Estados Unidos a la oposición y de la verdad sobre el tiroteo con los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.

Chávez Socialismo

Es muy necesario detectar con exhaustividad los errores del proceso revolucionario y los factores que han llevado a un importante porcentaje de los chavistas a no participar en la consulta popular. Pero no pueden olvidarse los numerosos logros bolivarianos ni que, como ya dije en el anterior post, a pesar de la derrota electoral el referéndum se ha convertido en una victoria moral de valor incalculable. Pocos creerán ahora que no hay democracia en Venezuela. Muchos empezarán a ver con otros ojos el Socialismo del Siglo XXI. Aún no era el momento, pero seguiremos luchando. Hasta la victoria siempre.

No pudimos… por ahora

diciembre 3, 2007

El NO se impone en el referéndum de reforma constitucional en Venezuela con un ajustado 50,7% de los votos, frente al 49,29% del SÍ. La abstención roza el 45%.

Decía Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Los medios de comunicación de España, Colombia, México, Chile y Perú, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, falsearon la información sobre la reforma constitucional convirtiendo la herramienta que daría el poder al pueblo en una maniobra del presidente Chávez para consolidarse como dictador vitalicio de un Estado totalitario.

La oposición venezolana utilizó todos los medios a su alcance para demonizar el proyecto de reforma durante la campaña electoral, y los medios de comunicación de Estados Unidos, de Europa y de los países latinoamericanos sometidos al imperialismo los apoyaron incondicionalmente. Marchas opositoras de pocos cientos de estudiantes de universidades privadas, con un porcentaje de matriculados minoritario en proporción a las públicas, se hicieron ver como el sentir de toda la juventud, y de los destrozos que causaron se culpó a los chavistas. Los crímenes opositores fueron silenciados, las multitudinarias marchas en defensa del SÍ ignoradas por los medios tendenciosos.

Es en los venezolanos que se mostraban indecisos sobre participar o no en la consulta popular de ayer en quienes más han influido los enconados esfuerzos de estos discípulos de Goebbels. Algunos de los ciudadanos que pensaban votar SÍ (al menos un 55,5%, según encuestas) han dudado y han decidido no tomar parte en el referéndum. Sin duda, la baja participación ha favorecido decididamente a la oposición.

chavez referendum constitucional 2007

No hay quien niegue que la derrota electoral es un revés importante que retrasará la aplicación del proyecto bolivariano. Pero lo que es un problema político es también una enorme victoria moral, sobre todo a nivel internacional. La reforma constitucional ha sido rechazada por un 0,7% de los votos. Una derrota increíblemente mínima, que muchos dirigentes habrían manipulado sin problema para convertirla en una victoria. En “la cuna de la democracia” cierto candidato republicano gobernó recientemente cuatro años, sin recibir apenas críticas, tras manipular unas elecciones presidenciales ajustadas.

¿Y por qué Chávez no lo hizo? Porque, por mucho que lo tilden de dictador y autoritario, cree ciegamente en la democracia, hasta el punto de luchar por el socialismo en una vía que, tras el asesinato de Allende, muy pocos creían posible. Ayer Hugo Chávez Frías dio una lección muy importante a todos los que lo calumnian, demostrando quienes son los que dicen la verdad y quienes la prostituyen con fines económicos y políticos.

Estados Unidos financió a los opositores durante la campaña electoral, y hay fuertes indicios de que tenía preparada una intervención militar en Venezuela, llamada Operación Tenaza, en caso de triunfar el SÍ. Chávez reconoció el resultado electoral y felicitó a la oposición por la victoria obtenida. Es la falta de información veraz la que hace dudar a muchos de quiénes son los que luchan limpiamente por sus pueblos y quiénes los que lo hacen rastreramente en defensa de los intereses de cuatro privilegiados y de los suyos propios.

Pero como ya he dicho, el dos de diciembre es una enorme victoria moral, como lo fue el fracasado golpe de 1992 o el intento de asalto al cuartel Moncada en 1953, en Cuba. Los que mienten tendrán a partir de ahora más difícil que se crean sus mentiras, y los que luchan por la independecia de los pueblos han demostrado una vez más la justicia de sus métodos. Ya lo dijo Martí: “Hacer es la mejor manera de decir”. Y el presidente de la República Bolivariana ha demostrado con sus actos la falsedad de lo que otros solo pueden acusar infundadamente.

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Más información

El ”No” ganó el referendo constitucional en Venezuela en reñido resultado

Palabras del presidente Hugo Chávez tras los resultados del referendo

Vídeo – Presidente Chávez: “No pudimos… ¡Por ahora!”

Información sobre la Reforma Constitucional

Hugo Chávez. Datos irrefutables

octubre 28, 2007

Chávez jurando el cargo en 2007

No pasa un día sin que los grandes medios critiquen a Chávez. Ni sin que sus opositores fustiguen a cualquiera que ponga en duda esas críticas. Este post expondrá, al margen de opiniones, los logros y fracasos del polémico Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Política

- Chávez llegó al poder en una elecciones democráticas que ganó con el 56,5% de los votos a su favor.

- Para modificar la Constitución celebró un referéndum para convocar una Asamblea Constituyente (que se aprobó por un 92%), unas elecciones a dicha Asamblea y otro referéndum para aprobar la Constitución (70% a favor).

- En julio de 2000, tras año y medio en el poder, convocó elecciones para “relegitimar todos los poderes”, y ganó con el 59,76% de los votos.

- Tras el intento de golpe de Estado de abril de 2002, durante el que estuvo a punto de ser fusilado, Chávez aceptó el veredicto del Tribunal Supremo, que exculpaba a los golpistas.

- El 15 de agosto de 2004 se celebró un “referéndum revocatorio” (Chávez había incluido esa posibildad en la Constitución) que permitiría a la oposición derrecarle legalmente si conseguía un respaldo igual o superior al obtenido por el actual presidente en las últimas elecciones (un 59,76%). La oposición se quedó en el 40,64% y Chávez venció, con el 59,06% de los votos.

- En las elecciones presidenciales de 2006 obtiene casi 8 millones de votos (un 62,84% del total).

- Una encuesta independiente sobre el próximo referéndum constitucional refleja que el 60% de los venezolanos es favorable a la reforma.

Economía

- Los últimos informes de Naciones Unidas sobre Venezuela coinciden, sin excepción, en que el país funciona mejor y hay más felicidad.

- Organismos internacionales han reconocido el enorme avance experimentado en la nación bolivariana en los índices de desarrollo humano como reflejo de mejoras en los niveles de nutrición, escolaridad, salud, empleo y esperanza de vida.

- El crecimiento del PIB se colocó en los últimos años en 10% como promedio, lo que ha permitido a la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), informar oficialmente que Venezuela se ha colocado en el cuarto país del área con mayor PIB (181 200 millones de dólares), después de Brasil, México y Argentina.

- El porcentaje de población que vive en la pobreza se ha reducido en un 48% (del 73% al 25%) durante los ocho años que lleva en el poder Chávez. La recuperación de las ganancias de PDVSA y el incremento en los precios del crudo han permitido al Gobierno invertir miles de millones de dólares en más de 200 misiones sociales.

- En 1996 la inflación era del 103%. En 2006, a pesar de la intentona golpista y los sabotajes al petróleo, los índices descienden hasta ubicarse en 17%.

- Las arcas públicas se han incrementado en un 4% en los últimos años.

- El desempleo ha disminuido a menos del 10% de la población activa, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). En 1999 era superior al 15,4%.

- Cerca de 2.000.000 de personas disfrutan por primera vez en su vida de servicios de agua potable.

- Venezuela ha podido declararse territorio libre de analfabetismo, a pesar de que en 1999 había 1.079.400 de analfabetos.

- Se ha rebajado el IVA, equiparado la pensión mínima al salario mínimo, duplicado el presupuesto de salud, fundado las Escuelas Bolivarianas (que asumen el desayuno, almuerzo y merienda para los niños y niñas que asisten) y aumentado la organización y asistencia a cooperativas agropecuarias, entre muchas otras medidas.

- Venezuela vende petróleo subsidiado a los países que no pueden pagar el precio del mercado (incluyendo a pobres de Estados Unidos y de algunos países europeos).

Hugo Chávez junto a un cuadro de Simón Bol�var

En resumen, como escribió Javier Adler en aquella carta abierta titulada ¿Qué clase de dictador es usted, señor Chávez?, “está bien que a veces se vista de militar y cante en televisión, pero por lo demás su comportamiento como dictador deja mucho que desear.”

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Bibliografía

INE (Instituto Nacional de Estadística).

Venezuela Analítica Publicaciones

Wikipedia

Rebelión

Manifestación estudiantil en Caracas. Lo que ocurrió y lo que nos cuentan

octubre 24, 2007

Ayer, martes 23 de octubre, una manifestación en contra de la reforma de la Constitución venezolana, convocada por la oposición , salió a las 11 de la mañana de Plaza Venezuela, en Caracas. El objetivo de la marcha era mostrar su rechazo a la reforma y lograr el retraso del referéndum sobre la misma hasta el 3 de febrero, unos dos meses más tarde de la fecha prevista. La manifestacion discurrió sin incidentes hasta que, llegando a la Asamblea Nacional, se encontró con un cordón policial que separaba a los manifestantes antichavistas de los simpatizantes de la reforma constitucional.

En ese momento, los antichavistas comenzaron a lanzar piedras y botellas contra las fuerzas de seguridad. Tres policías y un Guardia Nacional resultaron heridos. Según el diario venezolano Vea “la actitud del diputado Ismael García [dirigente del partido opositor Podemos], quien manoteó en reiteradas ocasiones a los funcionarios de la Guardia Nacional, fue la que incitó a los manifestantes a agredir a estos funcionarios”.

Posteriormente un grupo de universitarios opositores fueron recibidos, tal como estaba previsto, por el vicepresidente de la Asamblea Nacional Roberto Hernández, Calixto Ortega y otros parlamentarios. Tras estar reunidos, regresaron con los demás manifestantes opositores custodiados por la Guardia Nacional, para garantizar su seguridad.

La concentración a favor de la reforma, que se celebraba en la Plaza Bolívar, se desarrolló con normalidad. Los dirigentes de la oposición han convocado una nueva concentración y otra marcha en rechazo de la reforma constitucional para principios de noviembre.

La noticia en la prensa

EL PAÍS, en un artículo titulado “Miles de estudiantes se manifiestan en Caracas contra la reforma constitucional de Chávez“, falsea la información al no aclarar que los manifestantes antichavistas iniciaron los ataques contra la policía ni que la policía se encontraba allí exclusivamente por motivos de seguridad.

ABC titula la noticia “Varios heridos en una protesta contra la constitución de Chávez“, dando la impresión de que el presidente venezolano reprimió la protesta. También afirma que “un grupo de estudiantes se enfrentó a la barricada policial y logró traspasarla hasta alcanzar la puerta de la Asamblea Nacional” como si la reunión posterior entre parlamentarios y representantes de los estudiantes se debiera a eso.

Antena3Noticias.com, además de justificar falsamente la reunión de forma más evidente que ABC (“al final, un pequeño grupo conseguía entrar en el Parlamento y reunirse con varios diputados”) , antepone la reacción policial a los ataques de los manifestantes.

El Nuevo Herald titula: “Marcha enfrenta violencia de la policía y chavistas” e informa de que “varios manifestantes resultaron lesionados luego que la policía lanzó bombas lacrimógenas y simpatizantes chavistas la emprendieron a pedradas contra la manifestación”. Si ya el titular hace pensar que los chavistas atacan a la policía, en el cuerpo del artículo aparecen como agresores de los opositores.

El Correo escribe como titular “Reprimen protesta contra reforma de Chávez“. Según el diario peruano, los manifestantes “fueron reprimidos duramente por la Policía Militarizada [supongo que se referirán a la Guardia Nacional, cuerpo de las Fuerzas de Seguridad del Estado similar a la Guardia Civil española y originario de 1811] y agredidos por los partidarios del líder venezolano”.

Son solo unos cuantos ejemplos de la manipulación mediática que sufrimos a diario, en especial con las noticias provenientes de Venezuela, Cuba y Oriente Medio. Todos los medios de comunicación citados incluían además las falsas acusaciones sobre la reforma constitucional que se llevan repitiendo hasta la saciedad desde hace algún tiempo.

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Venezuela en reforma constitucional. 11 respuestas a 11 mitos y acusaciones falsas de los medios de oposición

Más ejemplos de manipulación contra Chávez aquí

¡Chávez es malo! ¡Muy malo!

octubre 15, 2007

hugo-chavez-7.jpgTodos los días del año, por la acción mas corriente del gobierno venezolano, se trata de mostrar a Hugo Chávez, presidente de Venezuela, como un dictador totalitario. No hablo ya de casos polémicos como la clausura del canal privado RCTV (para más información sobre la clausura de televisiones a nivel internacional, pincha aquí), sino de estupideces como las latas de atún, el supuesto rearme militar, que si el “comunismo venezolano” hunde la economía nacional ya que la venta de carros (automóviles) aumenta 56’2 % en ocho meses (El Universal, 7 de septiembre) o la reforma constitucional que convertirá a Chávez en un dictador en potencia.

La última intentona, y una de las más ridículas, ha sido acusar al presidente venezolano de prohibir actuar en el país a Alejandro Sanz debido a ciertas críticas que el cantante hizo recientemente sobre él. La noticia puede verse en el diario Clarín de Argentina, EL PAÍS, AFP y ADN. Leyendo a estos medios “informativos”, se tiene la impresión de que Chávez, ese populista que va contra el mundo, aplica la censura libremente solo por unas críticas recibidas. Eso es lo que se busca que creamos. Ahora, la verdad es bien diferente. Los organizadores del concierto comenzaron a vender las entradas sin contar con autorización y ahora deberán buscar otra centro donde llevar a cabo el concierto, ya que El Poliedro es propiedad del Estado. No existe ninguna prohibición para que el cantautor toque en cualquier otra sala o lugar del país, venda sus discos, o haga la campaña musical o de promoción que le de la gana.

Si en España no ceden Las Ventas o el Bernabéu para un espectáculo, no se arma tanto revuelo ni a nivel nacional ni internacional. Es más, cuando se prohíben actos como el Festival Contra La Intolerancia y Por La Libertad de Expresión, conciertos de Fermín Muguruza, Banda Bassotti o Soziedad Alkoholika, películas como La pelota vasca de Julio Medem, obras de teatro de Leo Bassi o el Concilio Ateo, todos se callan. La noticia no se publica o aparece manipulada para que los censurados parezcan terroristas, radicales o enfermos mentales.

Pero, de todas formas, la gente sigue creyendo que Venezuela es casi una dictadura. Si se hiciera una encuesta a pie de calle sobre los países menos democráticos, el país de Chávez ganaría de paliza a Marruecos, a Zimbabwe, Guinea Ecuatorial, Brunei o cualquiera de esos países a cuyos tiranos no critican los medios porque son aliados de Occidente. Porque ese es el único crimen imperdonable: rebelarse contra los poderosos. El Tercer Mundo es el Tercer Mundo, y de ahí no se puede escapar. Todo el que niegue esa máxima será castigado.

El castigo, además de medidas económicas, boicot político y el siempre presente riesgo de invasión, se centra en la manipulación de la opinión pública contra los países señalados (el Eje del Mal, que dirían Bush o Reagan). Así comienza una campaña mediática que no tiene límite. Cualquier cosa vale para conseguir que nos caiga mal quien debe caernos mal. Y Chávez va muy arriba en la lista.

Aparte de la clausura de RCTV, sobre la que ya se ha escrito mucho (pero si quiere más, pinche aquí), está el asunto de la reforma consitucional, que supuestamente hará de Chávez un dictador, de Venezuela un Estado autoritario, pseudo-comunista, intervencionista y con un Ejército partidista y subversivo. Aquí se me plantea una duda: ¿no decían que ya era todas estas cosas? Entonces da igual ¿no?

A menos, claro, que se tema a la reforma de la Constitución Boivariana de Venezuela por otros motivos que no son los anteriormente expuestos. O que la reforma solo sea una excusa más, al estilo Alejandro Sanz, para criticar. A continuación se rebaten las principales acusaciones:

- ELECCIÓN INDEFINIDA

La elección indefinida no es autoritaria. Existe en todos los Estados europeos. La diferencia estriba en que en Europa los presidentes se eligen indirectamente, a través de los partidos. En Venezuela el presidente es elegidodirectamente por el pueblo.

- PROPIEDAD PRIVADA

Es reconocida directamente, y respetada en igualdad de condiciones con la Propiedad Social. El objetivo es aumentar la propiedad privada, pero no la de unos pocos, sino la de todos. Cuando se vulnera realmente la propiedad privada es cuando la mayoría de la población no tiene acceso a la misma.

- ESTADO INTERVENCIONISTA Y TOTALITARIO

Un Estado intervencionista no es totalitario ni comunista. En todo el mundo, principalmente en Europa, se llevaron a cabo medidas intervencionistas en la segunda mitad del siglo XX con el objetivo de que el Estado fuera el motor de una economía que buscara el bienestar común. Fueron las décadas de mayor crecimiento que ha conocido Europa. Todas las Constituciones tienen un Título Económico que permite al Estado ejecutar esas medidas.

- LA MILICIA POPULAR Y LOS RESERVISTAS DESPLAZARÁN AL EJÉRCITO PROFESIONAL

Esto es absurdo, ya que la milicia es solo uno de los cinco componentes del Ejército, y existe en muchos países, como Estados Unidos (Guardia Nacional, con miembros actualmente en Iraq), Suecia, Suiza o Israel.

Más información sobre la Reforma Constitucional aquí

Como se ha visto en este ejemplo, nos quieren ENGAÑAR sobre Chávez. ¿Por qué? Porque recupera el papel del Estado, porque es antiimperialista, porque cree en la política antes que en la economía, porque vende petróleo subsidiado a los países que no pueden pagar el precio del mercado, porque fortalece los servicios públicos y ha acabado con el analfabetismo en Venezuela, porque es socialista en hechos y no solo en palabras.

No nos creamos todo lo que nos cuentan. Busquemos nosotros mismos la verdad, y démonos cuenta de que nuestros intereses no suelen coincidir con los de aquellos que deciden que publican los grandes medios. Parafraseando a aquel tipo que vivió hace tiempo en Palestina, “El que tenga ojos que vea”.

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Las latas de atún de Chávez

agosto 29, 2007

La historia del enésimo montaje contra Venezuela

Pascual Serrano

Hemos asistido a un gran debate sobre la presencia de latas de atún en las zonas afectadas por el terremoto de Perú donadas por Venezuela, donde aparecían fotos del presidente Hugo Chávez y el opositor peruano Ollanta Humala con frases críticas contra el gobierno de Perú. La gran mayoría de los medios, y muy especialmente los españoles, han arremetido contra el gobierno venezolano al que han acusado de aprovecharse de una tragedia para hacer campaña. El asunto fue primera página de los diarios El País, El Mundo y La Razón el día 21 de agosto. Vale la pena estudiar con detenimiento el asunto.

Lo primero que llama la atención es que de la única fuente de donde se nutren todos los periódicos y agencias para afirmar la distribución de esas latas es el periódico de derechas peruano Expreso. En él aparece la noticia el día 20 sin firmar con una foto cuya autoría tampoco se cita. Resulta sorprendente que ningún otro periodista ni medio de comunicación presente en la zona -y había muchos- pudo encontrar las latas, a pesar de que el diario peruano decía que había “miles” “repartidas en zonas de desastre”.

Al día siguiente El Mundo titula: “Chávez envía ayuda humanitaria a Perú etiquetada con propaganda bolivariana” . La crónica del enviado especial a Pisco, Ramy Wurgaft, comienza afirmando que “El Partido Nacionalista de Perú, (PNP), una formación con fuerte apoyo financiero y logístico desde Caracas, envió a la zona de la catástrofe 3.500 latas de atún en las que aparece la imagen de su líder Ollanta Humala, junto a la del presidente venezolano Hugo Chávez sobre un fondo rojo”. A pesar de encontrarse el periodista en la zona la noticia la ilustra con la foto del diario peruano del día anterior, es decir, el enviado de El Mundo no ha fotografiado ni suponemos que ha visto las latas puesto que debe recurrir a una fotografía de hemeroteca. Sólo dentro del texto encontramos el desmentido de líder opositor peruano Ollanta Humala y del ministro de Información de Venezuela, William Lara.

Eso sí, recoge un testimonio que confirma la noticia, el de “Desiderio Vergara, empleado de la red de supermercados Wong”, que “comentó a El Mundo que los nacionalistas pegaron unas etiquetas en las que se lee: «Frente al desastre natural que sacudió al Perú, el PNP se hace presente junto con la hermana República Bolivariana de Venezuela y su líder, Hugo Chávez»”. Resulta sorprendente que si buscamos a esa persona en Internet no ha hecho declaraciones a ningún otro medio, sólo a El Mundo, pero también si entramos a la web de esa cadena de supermercados y vemos el listado de tiendas [1] comprobamos que todas están en Lima, no hay ninguna en la zona del terremoto, difícil será por tanto encontrar allí a empleados de la cadena. Para asegurarnos llamamos al servicio de atención al cliente de supermercados Wong y, efectivamente, nos confirman que no tienen comercios fuera de la capital de Perú.

La noticia le permite al diario español publicar un texto a modo de editorial titulado La falta de escrúpulos de Chávez”. En él mezclan la compra de armamento, el encuentro de Maradona con Chávez y, como no, el asunto de las latas de atún señalando la “falta de escrúpulos para hacer proselitismo incluso aprovechando la peor de las tragedias. La ayuda humanitaria de Venezuela a los damnificados de Perú incluye conservas con su efigie y la de su protegido en el país andino, Ollanta Humala”.

Al día siguiente, el 22 de agosto, su columnista David Torres volverá a cargar contra el presidente venezolano con un artículo titulado El atún de Chávez.

El derechista diario español La Razón también dedica página entera al asunto ese 21 agosto en una información desde Pisco del enviado especial Angel Sastre, bajo el sensacionalista título de “Chávez envenena el rescate en Perú”. Como subtítulo: “El presidente venezolano envía ayuda humanitaria para paliar el seísmo etiquetado con su imagen y la del derrotado candidato a la Presidencia, su aliado populista Ollanta Humala”. El periodista también cita como fuente el diario peruano y opta por no publicar foto alguna a pesar de que la información ocupa toda la página. Por supuesto el desmentido del embajador venezolano que recoge dentro del texto no le impide dar por hecho la existencia de las latas a pesar que no las ha visto y menos aún fotografiado.

También el diario ABC de este 21 de agosto se hace eco de la noticia, pero de forma breve y citando un cable de AFP, el cual a su vez cita al diario Expreso en aquella noticia que nunca se supo quien la escribió porque nadie la firmó.

Sin embargo, la versión digital de El Mundo del mismo día ya reconoce que el asunto no está muy claro con el titular “El misterio de las latas de atún con propaganda de Chávez”, ahora ya procedente de un teletipo de Efe y no de su enviado que recoge testimonios en Pisco de empleados de empresas que están en Lima e informa de la presencia de latas de atún cuyas fotografías debe recogerlas de un periódico del día anterior. Es el mismo cable que publica ese día El País, también en portada, recogiendo en el subtítulo “El Gobierno de Venezuela ha negado que el alimento que ha donado tras el terremoto esté etiquetado con la fotografía del Presidente. -La oposición peruana tampoco se ha adjudicado la autoría”.

Resulta curioso que si vemos con detalle los textos de los cables de las agencias, el envío a Perú de latas de atún con la esfinge de Chávez y Humala está siendo desmentida por el nuevo embajador de Venezuela en el país, José Armando Laguna; el ministro de Información de Venezuela, William Lara; el director del cuerpo nacional de socorristas de la Protección Civil de Venezuela, coronel Antonio Rivero, quien mostró a la prensa local las bolsas con alimentos que se han enviado a Perú para demostrar que son marcas comerciales locales y que no tienen fotos de Chávez o de Humala, y el ministro de exteriores venezolano, Nicolás Maduro. Este último afirmó sin dudas que se trataba de un “montaje” y una “lata podrida” con el fin de “manchar” la solidaridad del gobierno de Hugo Chávez con el pueblo de esa nación. Pocos días más tarde el propio Chávez también desmentiría su relación con esas latas.

Incluso, ni siquiera el presidente peruano Alán García confirmó el origen de los envases: “No creo que Chávez esté haciendo propaganda, porque él no es candidato aquí en el país. Habría que preguntarse quién entrega esas latas, que es de muy mal gusto”. Extraño que haya camiones repartiendo miles de latas y que el presidente del país no sepa de donde proceden.

Mientras tanto Vicente Romano, catedrático español jubilado de Comunicación Audiovisual, presente en esas fechas en Perú, ha señalado en el periódico Rebelión.org que “Todas las latas reunidas por el PNP (el partido de Ollanta Humala) son de marcas comerciales peruanas. Los envíos de Venezuela han permanecido almacenados (retenidos) en la base aérea de Ica. Ninguna autoridad fue a recibir la ayuda venezolana. La revisión de la carga no ha descubierto nada relacionado con las latas de marras. El presidente Alan García se ha disculpado a medias ante Chávez, pero deja abierta la calumnia para Ollanta”. Romano también ha recordado que la línea editorial del diario Expreso ha sido de constante acoso y mentiras contra el opositor Humala.

Las conclusiones a las que podemos llegar están claras. La prensa mundial se ha lanzado de cabeza a criticar al presidente Chávez por aprovechar el terremoto de Perú para enviar una ayuda en forma de latas de atún con las que hace apología política, pero ni un solo enviado de esos medios ha visto las latas ni les ha hecho fotos, puesto que todos citan y reproducen las mismas imágenes del diario peruano donde no aparecen nunca más de tres latas, bien expuestas a la cámara a pesar de que dicen que hay miles. Una noticia de la que ningún periodista ni ningún fotógrafo del diario peruano se ha hecho responsable. El hecho fue desmentido desde Venezuela por dos ministros, un embajador, el presidente y el responsable de protección civil; y desde Perú por el líder del partido que decían aparecía en la etiqueta. Ninguno de esos desmentidos ha podido evitar que se siga afirmando o insinuando la presencia de esas latas. Tampoco ha aparecido ningún damnificado del terremoto que haya afirmado haber recibido ni consumido ninguna de esas conservas. El único testimonio es recogido en Pisco y procede de un empleado de unos supermercados que no existen en esa región. Tampoco existe ni se ha hecho público dato alguno sobre qué empresa -venezolana o peruana- las ha fabricado y distribuido, ni tampoco información sobre su registro sanitario o legal.

Por último, un detalle, el gobierno peruano que dice no saber nada del asunto ni haberlo investigado, parece muy eficaz etiquetando productos con motivo del terremoto. El día 23 se informaba que iba a regalar a los gobiernos que habían ayudado tras el seísmo botellas de pisco, un licor local, etiquetado como “Pisco 7,9”, en alusión al grado de la escala Richter alcanzado por el terremoto.

www.pascualserrano.net

New York Times obligado a otorgar derecho a réplica por manipulación contra Venezuela

agosto 22, 2007

Chávez

El diario New York Times se vio obligado este lunes a publicar una carta del politólogo Steve Ellner, profesor de la Universidad de Oriente, por medio de la cual desmiente que el anteproyecto de Reforma Constitucional, propuesto por el Presidente Hugo Chávez, implique un mayor control de la sociedad por parte del Estado, tal y como asegurara el corresponsal de este diario en Venezuela, Simón Romero, en un reportaje publicado el pasado 15 de agosto.

En carta dirigida a los editores del diario neoyorquino, el profesor Ellner asegura haber sido mal citado en dicho reportaje, manifestando que “estamos entrando a una nueva fase que implica un mayor control intensivo del Estado sobre la sociedad”, debido a que ésta afirmación significaría “un resquebrajamiento en las libertades democráticas y un paso hacia el autoritarismo,” lo cual infiere que es totalmente falso.

El politólogo de la Universidad de Oriente aclara que su argumento estriba en que “bajo esta nueva fase, el gobierno de Chávez está ejerciendo mayor control con la nacionalización de varios sectores estratégicos como la telefonía y empresas de electricidad, y reduciendo la participación del capital privado en la industria petrolera”, y además, “está vigilando mas de cerca, el programa de las cooperativas de trabajadores a fin de evitar el mal uso de los fondos por parte de los beneficiarios,” lo cual difiere claramente de lo expuesto por Romero.

En el reportaje publicado por el NY Times antes de que el anteproyecto de reforma fuera hecho público por el Presidente, el corresponsal Simón Romero se plegó a la opinión de la oposición venezolana al afirmar que la “re-elección indefinida”, lo que llamó malintencionadamente, el “corazón de la propuesta”, le permitirá aumentar su poder y “estaría acompañada de medidas que circunscribirían la autoridad de gobernadores y alcaldes electos,” siendo esto una gran mentira.

Con un tono claramente antichavista y poco equilibrado, Romero se pasea por temas manipulados ampliamente por la prensa privada venezolana, como la nacionalización de las telecomunicaciones, electricidad y empresas petroleras, la formación del partido “único”, las alianzas con Cuba e Irán, la distribución de “billones de dólares” para los Consejos Comunales, la supuesta campaña de “propaganda” mediática a su favor, las “protestas estudiantiles” por la “salida” del aire de una “importante cadena de televisión crítica con su gestión”, la “oposición” de Brasil al Banco y gasoducto del Sur, y el “deseo” de ser “presidente hasta el 2021”, entre otras elucubraciones mediáticas antichavistas.

Además, Romero cita a dos de los máximos representantes de la oposición reaccionaria, como el cardenal Rosalio José Castillo Lara, calificando al Presidente Chávez de “dictador paranoico”, y el “filosofo” del Zulia, Manuel Rosales, asegurando que la reforma concentraría en el presidente el control sobre todas las instituciones políticas.

Precisamente, las supuestas declaraciones atribuidas al Profesor Ellner en el reportaje del NY Times, pudieron haber sido manipuladas por Romero para sustentar “académicamente” el argumento de Rosales.

Lamentablemente, como suele ocurrir en estos casos con la prensa privada, la misiva enviada al NY Times por el Profesor Ellner solo fue publicada como una escueta nota en la sección de cartas, sin el mismo despliegue y publicidad que recibió el reportaje amañado de Romero contra la Reforma de la Constitución y la gestión del Presidente Chávez, dejando a millones de lectores con la percepción de que efectivamente una opinión académica sustentaba la barbaridad manifestada por el antichavismo mas rancio y recalcitrante del país.


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