¿Las tropas de ocupación? destruyen los minaretes de la mezquita de Samarra

Mezquita de Samarra, junio 2007

Desde que su cúpula fuera destruida en otra explosión atribuida a Al-Qaeda en febrero de 2006, la mezquita de Samarra es permanentemente custodiada por tropas iraquíes. El presidente de Iraq, Nuri al Maliki, ha culpado del atentado a Al-Qaeda y a antiguos partidarios de Sadam Husein. Osea, a fundamentalistas islámicos y a socialistas panárabes. Al final va a resultar que el grupo de Osama Bin Laden es la organización más plural y tolerante del mundo, porque, para ser fanáticos religiosos partidarios de monarquías semifeudales se llevan de lujo con grupos de izquierda como los huseinistas o (siendo aún más imaginativos) con ETA, que es marxista y atea.

Algunos dicen que el rey de “El País de las Pesadillas” es Marilyn Manson, pero yo creo que es Nuri al Maliki. Bueno, un Nuri al Maliki manejado con control remoto desde la Casa Blanca. No voy a hablar de los estragos de la misión libertaria y democratizadora que Occidente emprendió en Iraq en 2003, que ya son por todos conocidos. Voy a hablar de como se hace un atentado en una mezquita custodiada por el Ejército y situada en una zona de máxima seguridad.

Desde el principio, la voladura de la cúpula de la mezquita de Samarra, centro sagrado de la religión musulmana, resultó sumamente sospechosa . Llama la atención que según las investigaciones, el atentado fue perpetrado por expertos en explosivos con alto nivel de preparación.

Tras la explosión, se desató una ola de violencia entre suníes y chiíes que ha dejado centenares de muertos civiles, y disminuido los ataques contra las fuerzas ocupantes. Los grandes medios de comunicación olvidaron relacionar ese atentado con otras fracasadas acciones llevadas a cabo por comandos terroristas de la coalición.

El martes 11 de octubre de 2005, dos soldados estadounidenses, vestidos con atuendos árabes, fueron sorprendidos por la policía iraquí cuando intentaban hacer estallar un coche con explosivos en el distrito de Al-Ghazaliyah, un área residencial al oeste de Bagdad. Cuando los gendarmes los conducían hacia un centro de detención para interrogarlos, apareció una numerosa fuerza militar norteamericana, que rescató a los prisioneros y huyó rápidamente. Una página árabe en internet denunció que tras una pequeña pesquisa realizada por la administración iraquí se conoció que el objetivo final era matar indiscriminadamente a civiles para incrementar las tensiones entre las sectas musulmanas y disminuir los atentados contra los ocupantes.

Un mes antes, el 19 de septiembre, dos soldados ingleses camuflados con vestuarios árabes y portando explosivos en un vehículo civil, fueron apresados por la policía iraquí en Basora, a 450 kilómetros al sur de Bagdad. Inmediatamente, los jefes de las fuerzas inglesas destacadas en la nación árabe presionaron a los iraquíes para que soltaran a los detenidos, y ante la demora decidieron actuar con rapidez. Un comando británico con tanques y helicópteros atacó y destruyó la cárcel, mató a varios iraquíes y liberó a los prisioneros. La violenta acción, como era de esperar, quedó impune. Al paso de los días se supo que los dos militares con vestimenta árabe, pertenecían al Special Air Service (SAS), una fuerza entrenada “para atravesar las líneas enemigas por tierra, agua y aire en ambientes hostiles”.

Numerosas publicaciones alternativas han revelado que esas operaciones no son casuales ni esporádicas y que están plenamente concebidas por los servicios de inteligencia de los ocupantes para tratar de desviar la acción de la resistencia hacia una guerra de desgaste entre las distintas confesiones musulmanas.

Hasta la voladura de la cúpula de Samarra, habían sido infructuosos los esfuerzos por provocar una lucha fraticida entre chiitas y sunitas, pero el atentado provocó una enorme oleada de violencia sectaria entre chiíes y suníes que se cobró cientos de muertos y llevó a Iraq al borde de la guerra civil.

Ahora que las cosas se calman ligeramente (al menos para lo que es el Iraq actual), ahora que parecía alejarse el riesgo de guerra civil, la mezquita dorada de Samarra sufre un nuevo y misterioso atentado. Al Maliki culpa a Al Qaeda e impone el toque de queda, mientras los chiíes se lanzan a la destrucción de mezquitas suníes, a pesar de los llamados a la calma de los principales líderes chiíes. Así, Ali al Sistani, máxima autoridad religiosa chií, ha condenado el ataque y ha llamado a sus fieles a “no cometer actos de revancha contra los suníes”. También se ha pronunciado en esta línea el clérigo chií Múqtada al Sáder, que ya en el ataque de febrero del año pasado pidió la unidad declarando que “todo el que ataca a un musulmán no es un musulmán”.

Mezquita de Samarra en 2004

Si las tácticas terroristas de los anglo-norteamericanos triunfan, Iraq podría llegar a dividirse en tres pequeños Estados con gobiernos títeres, lo que aseguraría el abastecimiento de petróleo no solo a Estados Unidos sino también a su aliado israelí.

Los llamados a la calma de los principales líderes religiosos son muy importantes para lograr que la crisis iraquí no se agrave aún más, a la vez que demuestran que no todos son los fanáticos que algunos quieren que pensemos que son. Quizá algún día sepamos la verdad sobre los dos ataques a la “Mezquita Dorada” pero, de momento, todos los indicios apuntan (de nuevo) a las fuerzas de ocupación.

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Fuentes:

Hedelberto López Blanch, La sospechosa voladura de la mezquita de Samarra

Agencias

EL PAÍS (foto)

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2 comentarios to “¿Las tropas de ocupación? destruyen los minaretes de la mezquita de Samarra”

  1. meneame.net Says:

    ¿Las tropas de ocupación? destruyen los minaretes de la mezquita de Samarra

    Interesante artículo sobre el reciente atentado perpetrado en Iraq contra la mezquita chií de Samarra, relacinándolo con el ataque de febrero de 2006 y los intereses de Estados Unidos por provocar una guerra civil en el país árabe.

  2. Sara Says:

    Algunos dirán que este artículo es amarillista, sensacionalista, conspiranoico, etc, etc,etc… Pero ofrecer una visión alternativa no es para nada amarillismo.
    Muchas gracias por artículos como éste. Nos abren los ojos, nos hacen ver que las cosas no son o blancas o negras y, quizá, consigan que nos demos cuenta de que quienes dicen ser los buenos podrían ser los malos.
    Gracias.

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