Carta al Che

Hace 40 años te mataron en La Higuera. Tres tiros, uno de ellos directo al corazón que tanto amó a la revolución y a los pueblos oprimidos del mundo, acabaron con tu vida. Una vida dedicada íntegramente a la lucha por un mundo mejor, una vida de sacrificio, de orgullosa lucha contra el imperialismo. Desde entonces, no han dejado de intentar apagar tu luz incandescente con trapos oscuros. Te llaman asesino, criminal, impostor, e incluso se atreven a llamarte cobarde. Ellos, que comandan ejércitos de asesinos desde cómodos sillones a miles de kilómetros del conflicto.

Pero 40 años después, sigues sonriendo burlonamente en cualquier lugar donde los pueblos luchan por la libertad, entre los escudos que los esclavos del capitalismo llevan para protegerse de los hombres libres. Creyeron haber acabado contigo, exhibieron tu cuerpo sin vida como si de un trofeo de caza se tratara. Pensaban que matando a un hombre se acababa con la Revolución, que el cadáver de un guerrillero famoso significaba el fin de las esperanzas de las clases oprimidas.

Pero seguimos luchando. Fidel resiste en Cuba, barricada de la revolución internacional ante las puertas del Imperio. La Revolución Bolivariana despierta en Venezuela mientras los políticos “democraticos” ladran a Chávez. En Argentina piden cambios drásticos, en toda Latinoamérica, en todo el mundo, se recuerda tu figura como símbolo de la lucha contra el orden establecido, de la lucha revolucionaria, de la búsqueda de algo mejor. Desde Nueva York hasta Gaza, los olvidados luchan con tu imagen como bandera. Ya hay dos Vietnam, y pronto habrá tres, o tal vez incluso cuatro. La era de dominación de Estados Unidos empieza a acercarse a su fin. Una lenta caída que empezó contigo y acabará contigo, con la foto que te hizo Korda ondeando triunfante sobre las cenizas del neoliberalismo.

Cuarenta años después, nadie recuerda a los políticos grises que rezaban por tu muerte, pero tu recuerdo inflama corazones por doquier. El cobarde que te asesinó fue un paria condenado a la miseria, ciego hasta que médicos cubanos le devolvieron la vista. Pero continúa padeciendo el asma que de tí heredó, y no olvida nunca el momento en el que, viendo su temor a hacer lo que le ordenaron hacer, le dijiste: “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va usted a matar a un hombre!”. Ni él, ni nadie de los que te conocieron, puede olvidar la entrañable transparencia de tu querida presencia, Comandante Che Guevara.

Aún nos queda mucho camino que recorrer, mucho que mejorar y mucho que recordar. Pero seguimos caminando con tu gran ejemplo presente hasta la victoria, siempre.

Che

Al Comandante Ernesto Che Guevara, en el 40º aniversario de su caída en combate el 9 de octubre de 1967 en La Higuera (Bolivia).

Fotografía de Enrique Meneses.

 

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2 comentarios to “Carta al Che”

  1. Raúl Says:

    Aprendimos a quererte,
    Desde la histórica altura,
    Donde el sol de tu bravura
    Le puso cerco a la muerte.
    Aquí se queda la clara,
    La entrañable transparencia
    De tu querida presencia,
    Comandante Ché Guevara.

    Que se quejen los mediocres a los que asusta la grandeza de Ernesto Guevara de la Serna. Seguimos en las barricadas, como estuvimos ayer y estaremos mañana. No cesaremos de luchar.

    Hasta la victoria ¡siempre!

  2. Transi. Says:

    Me gusta mucho tu articulo recordando al Che,nos hace mucha falta gente
    que escriba desde el conocimiento y desde el corazon y en tu relato se unen ambas cosas.Transi

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