Archive for the ‘Líbano’ Category

Mil muertos en Gaza

enero 15, 2009
EFE)

Un anciano palestino en el cementerio de Sheik Radwan, dañado en los ataques israelíes sobre la ciudad de Gaza. (Foto: EFE)

Anoche Ali Barake, portavoz de Hamas en Siria, confirmó que su organización acepta el plan egipcio de alto el fuego siempre y cuando Turquía sea el garante y se desplieguen observadores internacionales para supervisar el acuerdo. En rueda de prensa en el Cairo, Salah al Bardawil reiteró las condiciones de Hamás firmando que no aceptará ningún pacto que no incluya esos puntos.

Los puntos del acuerdo serían una tregua de tres días, la retirada total de las tropas israelíes en 48 horas, el despliegue de observadores internacionales y una nueva tregua de un año durante la cual los pasos fronterizos de Gaza estarán abiertos. Sin embargo, el dirigente de Hamás en el Líbano, Osama Hamdan, negó que se haya aceptado el plan egipcio.

El anuncio de un posible alto el fuego se produce el mismo día en que las tropas de ocupación israelíes han logrado romper la feroz resistencia palestina en Hay al-Zaytoun, barrio al este de Ciudad de Gaza,y tomar algunos barrios de la capital de la Franja. El primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha considerado que se encuentra cada vez más cerca de los objetivos que se ha marcado en su “ofensiva”.

Al norte, Hezbolá y el ejército libanés han entrado en estado de alerta tras el despliegue de unidades militares israelíes a lo largo de la frontera con Líbano, en medio de la creciente preocupación de que el asalto a Gaza sea el comienzo de una guerra frontal múltiple. El diario libanés As-Safir informó que el sur de Líbano ha sido testigo de la acumulación de vehículos blindados israelíes, tanques, buques militares y helicópteros Apache.

Mientras, la situación humanitaria empeora aún más en Gaza. The Lancet, la revista médica más importante del mundo, ha denunciado la gravísima crisis hospitalaria que sufre Gaza, donde incluso se están teniendo que abrir antiguas tumbas para enterrar a los muertos.

Se ha confirmado el uso de fósforo blanco por parte del ejército israelí, un arma incendiaria que provoca ceguera, contamina órganos vitales y cuyas quemaduras pueden llegar hasta el hueso. En Gaza, decenas de heridos presentan quemaduras ante las cuales los médicos se sienten “conmocionados”.

Quemaduras por fósforo blanco en Iraq, donde EE.UU. también lo utiliza

Quemaduras por fósforo blanco en Iraq, donde EE.UU. también lo utiliza

Aunque Israel lo niega, las ONG en la zona no tienen ninguna duda de que su uso es masivo. “Estamos seguros al 100% de que el ejército israelí emplea fósforo blanco”, afirmó Marc Garlasco, experto en asuntos militares de HRW. El uso de fósforo blanco sobre ciudades densamente pobladas está estrictamente prohibido por las convenciones internacionales. Y Gaza acumula 1,5 millones de personas en apenas 150 kilómetros cuadrados.

Más de mil muertos y casi 5.000 heridos, quizá con daños irreparables. Un campo de concentración que hace 19 días se convirtió en campo de exterminio. Un genocidio que recuerda los momentos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Un Estado hebreo actuando sobre los principios de la Alemania Nazi, sin nada que lo detenga hasta alcanzar el Gran Israel y quizá también la Solución Final al problema palestino.

Público/El MundoMT/CS/HGH/MSH/DT/IRAN PRESS y elaboración propia

Tropas israelíes disparan a mansalva contra palestinos con banderas blancas

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Sabra y Chatila: 25 años de infamia

septiembre 23, 2007

En ese momento el general Amir Drori telefoneó a Ariel Sharon y le anunció: “Nuestros amigos están entrando en los campos. Hemos coordinado su entrada”. A lo que Sharon respondió: “¡Enhorabuena! Se aprueba la operación de nuestros amigos”.

Sabra y Chatila

Eran algo más de las cinco de la tarde del 16 de septiembre de 1982. Los campos de refugiados de Sabra y Chatila, a las afueras de Beirut, llevaban toda la mañana siendo bombardeados y tiroteados. Entonces más de 150 hombres de la Milicia Falangista Libanesa (de inspiración católica y cuyo nombre se debe a Falange Española) fueron autorizados por el ejército israelí para entrar en los campos, en los que supuestamente se escondían algunos miembros importantes de la OLP. Durante las siguientes 40 horas la milicia Falangista violó, asesinó e hirió a una gran cantidad de civiles desarmados, la mayoría de ellos niños, mujeres y ancianos.

El ejército israelí tenía pleno conocimiento de lo que estaba ocurriendo en los campos hasta la mañana del sábado 18 de septiembre de 1982 y sus dirigentes estaban en continuo contacto con los jefes de la milicia que estaban perpetrando la masacre. Sin embargo, no intervino en ningún momento. En vez de ello, impidió a los civiles escapar de los campos e iluminó estos durante toda la noche con focos lanzados desde sus helicópteros.

La cifra de víctimas fluctúa entre 700 (la cifra oficial israelí) y 3.500 (en al investigación realizada por el periodista israelí Amnon Kapeliouk). Nunca se podrá determinar la cifra exacta porque además de las aproximadamente mil personas enterradas en fosas comunes por el Comité Internacional de la Cruz Roja o en los cementerios de Beirut por sus familiares, una gran cantidad de cuerpos quedaron sepultados bajo edificios derribados con bulldozers por los propios miembros de la milicia. También cientos de personas fueron sacadas vivas de los campos en camiones, especialmente durante el 17 y 18 de septiembre, hacia destinos desconocidos y nunca regresaron.

Debido a la presión mediática y a la condena de la ONU (resolución 521), que calificó la masacre como “acto de genocidio”, la Knesset nombró una comisión de investigación que concluyó que el ministro de Defensa [Ariel Sharon] era personalmente responsable de la masacre. Sharon dimitió de su cargo de ministro de Defensa, pero permaneció en el gobierno como ministro sin cartera. En 1984 sería nombrado ministro de Comercio e Industria y, tras once años controlando otras carteras, en 2001 sería nombrado Primer Ministro, cargo que desempeñó hasta enero de 2006, cuando cayó en estado de coma vegetativo. Fue acusado de genocidio por el Tribunal Internacional de Bélgica, pero se acabó desestimando el caso.

Por su parte, y a diferencia de Sharon, el falangista Elie Hobeika, considerado el responsable material de la matanza, nunca fue acusado en un tribunal, ni en su país ni en Europa, ni se le siguió asociando a Sabra y Chatila, lo cual le permitió desempeñarse como ministro en el gobierno libanés en los años 90, hasta que un atentado con coche bomba en Beirut le costó la vida en enero de 2002.

Uno de los crímenes más miserables del siglo XX sigue en el olvido. Cuando no se niega. Sus responsables no han sido condenados, aunque a los dos principales, de manera diferente, les ha alcanzado la Justicia. Pero las víctimas siguen sin tener un mínimo reconocimiento, Sharon no es recordado como un criminal de guerra y Occidente sigue viendo a Israel como la hija de las víctimas del Holocausto nazi. Se critica a Hamás, a Siria y a todo el mundo árabe, pero se honra a Ehud Olmert, la mano derecha de Sharon.

Según las cifras de Amnon Kapeliouk, en Sabra y Chatila murieron más personas que en World Trade Center 19 años después. 527 más, a lo que habría que sumar violaciones, torturas y el hecho de que fue un crimen racista (Sharon lo calificó en varias ocasiones como “limpieza”). Bombardeamos e invadimos países por la mañana de aquel 11 de septiembre, pero llevamos un cuarto de siglo echando tierra sobre aquellos sangrientos días de 1982. Como dijo Chomsky, “no hay más moralidad en los asuntos mundiales de la que había en los tiempos de Gengis Khan”.

Una guerra estúpida

julio 19, 2007

Uri Avnery

Rebelión

Traducido por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.

Un detective cuando trata de resolver un crimen siempre pregunta: “¿Cui bono?” (¿Quién se beneficia?) Si intentamos resolver el crimen llamado Segunda Guerra de Líbano, esta pregunta debe encabezar la lista.

Anteayer, cumplido un año completo desde el inicio de la guerra, los medios de comunicación israelíes han dedicado la mayoría de este tiempo al análisis retrospectivo de la guerra. Hora tras hora de programación televisiva, página tras página de prensa.

Cuando estalló la guerra todos los medios de comunicación se posicionaron junto a Olmert. Salvo algunas voces solitarias, los medios de comunicación actuaron como un grupo de animadoras pavoneándose en un partido de fútbol estadounidense. Las manifestaciones antiguerra se ocultaron perfectamente. Por consiguiente tampoco es de extrañar que también esta semana la manifestación antiguerra se haya ignorado completamente y todas las críticas en los medios de comunicación vinieran de la derecha.

Docenas de preguntas incisivas: ¿Por qué se tomó la decisión apresuradamente? ¿Por qué no estaba preparado el ejército? ¿Por qué no estaban listos los reservistas para la guerra? Pero un problema no se ha considerado: ¿Por qué hubo una guerra?

Pregunta nº. 1: ¿Quién estaba situado para beneficiarse?

Para entender por qué estalló la guerra, la pregunta no es quién se benefició de ella en la práctica, la pregunta decisiva es: ¿Quién se habría beneficiado del ataque si hubiera tenido éxito, como estaba planeado?

El mejor situado para obtener las mayores ganancias era el presidente de Estados Unidos, George Bush, que estaba atrapado en el cenagal iraquí y necesitaba desesperadamente un éxito en Oriente Próximo.

El ejército israelí iba a destruir a Hezbolá, supuesto delegado del Eje del Mal, y permitirle al gobierno cliente pro estadounidense de Fouad Siniora tomar el control de todo Líbano. Puesto que nadie dudó de la gran superioridad del ejército israelí sobre una pequeña banda de guerrilleros, era cuestión de días.

Este guión incluía un segundo capítulo: El victorioso ejército israelí provocaría al ejército sirio y, tras una corta guerra, el régimen de Bashar al-Assad se derrumbaría. El Eje de Mal se habría quebrado, la opinión pública estadounidense se convencería de que la “visión” del presidente Bush había sido realizada, la “Democracia” se habría puesto en marcha triunfalmente en Oriente Próximo y el fiasco de Iraq se habría vuelto irrelevante.

El segundo beneficiario sería Ehud Olmert. El primer ministro que por puro accidente relevó a Ariel Sharon y que hasta entonces había sido un actor secundario, habría sido reconocido como un excelente líder, estadista y estratega. Incluso el jamelgo sindicalista al que Olmert puso a cargo de la institución militar habría sacado provecho.

Según este guión se habría eliminado la amenaza al norte de Israel, el arsenal de cohetes estaría destruido, Hezbolá desaparecería del mapa y se habría formado una alianza entre Jerusalén y los clientes estadounidenses de Beirut. Y si Siria también se hubiera derrumbado se conseguía una situación ideal. Toda la amenaza al norte de Israel que preocupó a los estrategas militares israelíes durante décadas -la media luna de Iraq, Siria y Líbano- estaría neutralizada y Olmert habría entrado en la historia como el hombre que había eliminado de la Biblia el versículo 1,14 de Jeremías: “Desde el norte un mal irrumpirá sobre todos los habitantes de la tierra.”

Los beneficiarios indirectos habrían sido los gobernantes de Egipto, Jordania y quizás también Arabia Saudí. Los palestinos habrían quedado todavía más aislados que antes en su lucha.

¿Quién empujó a quién a la guerra? ¿Empujó Bush a Olmert u Olmert a Bush? Pueden pasar años antes de que lo sepamos con seguridad; y en realidad no es tan importante.

Pregunta nº. 2: ¿Quién ha ganado en la práctica?

Para asombro de todos, el ejército israelí fracasó en su tarea. Hezbolá no fue destruido, sino que se mantuvo firme en su territorio contra una máquina militar catalogada como la quinta más fuerte del mundo. La guerra más larga en los anales de Israel desde 1949 acabó en empate. Pero, ¿quién ganó?

Israel no. Ciertamente el ejército del aire destruyó una gran parte del arsenal de misiles de largo alcance de Hezbolá, pero los de corto alcance causaron estragos en la retaguardia israelí y revelaron a todo el mundo árabe lo expuesto que está Israel a este tipo de armas.

Los dos soldados israelíes detenidos –quienes proveyeron la mendaz justificación de la guerra- no fueron liberados. Es verdad que se ha ubicado una fuerza internacional como parachoques entre Israel y Hezbolá y que eso se presentó entonces como un gran logro. Pero antes de la guerra el ejército israelí se oponía inflexiblemente al establecimiento de semejante fuerza. Los militares temían perder su libertad de acción contra Hezbolá. Ahora las fuerzas de la ONU defienden a Hezbolá del ejército israelí tanto como defienden a Israel de Hezbolá.

Estados Unidos tampoco ganó. Según informes filtrados desde Washington el fracaso del ejército israelí enfureció a Bush. Vertió su ira sobre Olmert. El ejército israelí lo defraudó. En el curso de la guerra Bush, con la generosa (y aborrecible) ayuda de varios gobiernos, incluida Alemania, impidió una y otra vez que entrara en vigor un alto el fuego para darle a Israel un poco más de tiempo para cumplir la tarea. No ayudó.

Hezbolá tampoco ganó. Cierto es que su firme posición contra el ejército israelí se ve por muchos como un acto de heroísmo que restaura la dignidad de todo el mundo árabe. Las pérdidas de Hezbolá todavía no se han repuesto. Pero Hassan Nasralá que irradia una integridad extraordinaria, halló necesario admitir en público que él no habría llevado a cabo la incursión inicial en territorio israelí si hubiera sabido lo que seguiría. Se disculpó ante el público libanés por darle a Israel el pretexto para la guerra que causó tanta muerte y destrucción.

Hezbolá es, por encima de todo, una parte del escenario libanés. El objetivo principal de Nasralá es asegurar para Hezbolá -y para sí mismo- una posición dominante en el sistema político de su país. Sus alianzas con Siria e Irán son una consecuencia de este objetivo. La conspiración chií y del terrorista Eje del Mal sólo existe en la fecunda imaginación de George W.

La guerra no ha debilitado la posición de Hezbolá en Líbano. Esto quedó subrayado esta semana cuando el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, invitó a Hezbolá a tomar parte en una conferencia de todos los libaneses en París. Pero parece que la guerra tampoco fortaleció a Hezbolá.

¿Ha ganado Irán? Después de que Estados Unidos le hiciera un favor y destruyera Iraq, que ha servido durante siglos como una barricada entre Irán y el Oriente Próximo árabe, ahora tiene puntos de apoyo tanto en Iraq como en Líbano. Pero esto también tiene sus inconvenientes: La situación está empujando a sus potenciales enemigos, encabezados por Egipto y Arabia Saudí, a acciones preventivas.

Conclusión: Nadie se ha beneficiado de esta guerra, de toda esta muerte y destrucción. El último recuento: En los 34 días de combates murieron 119 soldados israelíes y 39 civiles, así como 1.200 libaneses, combatientes y civiles. Resultaron heridos 2.250 israelíes y 4.400 libaneses. 300.000 israelíes y un millón de libaneses huyeron de sus casas; 200.000 libaneses todavía no han vuelto.

Pregunta nº. 3: ¿Ha sacado Israel alguna conclusión?

Ahora, durante un año todos hemos estado aquí ocupados en “extraer”. De la Comisión de Investigación Winograd al último reportero de televisión, T-o-d-o-s.

Pero esto es una falacia. Como resultado de la conspiración de silencio acerca de las preguntas básicas de la guerra es imposible ocuparse de las raíces del problema.

Todos estamos ocupados, por supuesto, con la rehabilitación del ejército. Gracias a Dios, todo ha cambiado. En lugar del alado Jefe de Estado Mayor, ahora tenemos un comandante cubierto de polvo, Gabi Ashkenazi. Todos los días en televisión vemos el entrenamiento de brigadas, soldados que se arrastran entre los espinos y tanques que encuentran a su paso. Para que la próxima vez (y todos tomemos como evidente que habrá una próxima vez) el ejército israelí esté listo.

Nadie señala lo absurdo de este espectáculo. El ejército no estaba listo para la última guerra, por lo que ahora se está entrenando con gran determinación para la última guerra. La conclusión que se ha sacado ha sido la falta de preparación para la campaña que fue, así que ahora todo está listo para la campaña que debió ser.

Si hay algo que se puede asumir con certeza sobre la próxima guerra, si la hay, es que no será una repetición de la anterior. Los misiles jugarán un papel mucho más importante y llegarán más lejos. Las armas serán más sofisticadas. El campo de batalla será diferente.

Se ha hablado mucho de la incapacidad del gobierno elegido para enfrentarse al mando militar en discusiones sobre la vida y la muerte, empezando una guerra y dirigiendo la campaña. La gente se reconforta por el hecho de que ahora tenemos un “experimentado” ministro de defensa, Ehud Barak, anterior Jefe del Estado Mayor, primer ministro y ministro de Defensa. Pero el cambio de personalidades no provoca necesariamente un cambio en el equilibrio de poderes: También en el futuro, un manojo de políticos que pasan por ser miembros del gobierno no se atreverá a contradecir la visión autoritaria y categórica de la dirección militar que siempre, pero siempre, produce un informe “profesional” de inteligencia para apoyarla.

Este fenómeno ha acompañado a Israel desde su fundación. Un líder fuerte como David Ben-Gurion y acaso Ariel Sharon, pudiera -quizás, quizás- compensar un poco este desequilibrio. Pero el desequilibrio perduraría.

Eso está encontrando ahora su expresión en la charla interminable sobre “la próxima guerra”, “la guerra de este verano”, “un cálculo erróneo que puede provocar una guerra con Siria”, “el ataque inevitable a las instalaciones nucleares de Irán”, y así sucesivamente. Es el ejército quien determina el discurso público. Y como lamentó el antiguo Rabino Mayor de Francia esta semana en Jerusalén: “La paz se ha vuelto una palabra sucia en Israel.”

Casi todas las guerras son estúpidas. La última guerra fue más estúpida que la mayoría. La próxima guerra, si hay una, será más estúpida todavía.

Original en inglés: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1184484639/

Carlos Sanchis y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.

La oposición de Zapatero vs. la oposición de Rajoy. Queda bastante clarito

julio 1, 2007

“Es conocida mi posición sobre el conflicto de Irak, pero es un día de luto, dolor, cercanía y solidaridad con las familias y las personas que están cumpliendo con su deber al servicio de nuestro país”

José Luis Rodríguez Zapatero, noviembre de 2003,tras el asesinato de siete agentes del CNI en Irak.

“Esto es una vergüenza. Usted decidió que hubiera soldados en el Líbano. Yo le apoyé y le pedí seguridad. Han muerto seis soldados y no llevaban inhibidores. Es una vergüenza. Entre sus responsabilidades está garantizar la seguridad de los soldados”

Mariano Rajoy, 27 de junio de 2007

Bastante clarito. Uno apoya a las víctimas y otro dice que le apoyó pero que es culpa del Gobierno.

Y con esto no quiero defender a Zapatero, que sacó las tropas de Iraq por compromiso pero las mantiene en Afganistán y las envió al Líbano, a la misión que más bajas ha causado en la historia de la ONU.