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Sionismo

enero 16, 2009

“Sería una ironía trágica si el Estado judío, que pretendía solucionar el problema del antisemitismo, se convirtiese en un factor del aumento del antisemitismo. Los israelíes deben ser conscientes de que el precio de su mala conducta no lo pagan solamente ellos, sino también los judíos de todo el mundo.”

Yehoshafat Harkabi, ex director del Servicio de Inteligencia de Israel

Ben Gurion

Hay quien dice que el nacimiento del Estado de Israel, en 1948, propició el renacimiento del antisemitismo. Se dice que la tradición del antisemitismo, ese oscuro fantasma nacido del dogma católico de “los judíos mataron a Cristo” y que llevó a los europeos a verlos como responsables de todos los males a través de la Historia, podría haber quedado sepultado e incluso muerto tras los horrores del Holocausto nazi.

Pero eso nunca ocurrió. El Holocausto sirvió para dar alas al sionismo y materializar una utopía que de otro modo quizá nunca se hubiera cumplido: la creación de una patria judía en pleno mundo árabe. Las principales potencias, en primer lugar Gran Bretaña y luego USA, permitieron que el sionismo se saliese con la suya, como dijo Balfour, “con razón o sin ella”

Lo primero es diferenciar claramente judaísmo y sionismo. El conocimiento de la diferencia entre ambos términos es la clave para comprender por qué es perfectamente posible ser antisionista sin ser de ninguna manera antisemita. Para comprender que la falsa acusación de antisemitismo es el chantaje que utiliza el sionismo con la excusa del Holocausto para silenciar cualquier crítica contra Israel. Para entender por qué es erróneo culpar a todos judíos de los crímenes de unos pocos.

El judaísmo es una religión de judíos (no de “los judíos”, porque no todos los judíos son religiosos) y se centra en una serie de principios éticos y valores morales. Es la más antigua de las tres “religiones del libro” (judaísmo, cristianismo e islam) y la menor en número de fieles.

El sionismo es una ideología laica y colonialista que en 1948, haciendo uso principalmente del terrorismo y la limpieza étnica, creó un Estado para algunos judíos en el interior del mundo árabe. Aplicado en la práctica, el sionismo se ha convertido en una burla los principios éticos y los valores morales del judaísmo, principios y valores que en realidad desprecia. Por dicha razón, los judíos más religiosos (o ultraortodoxos) dicen que “el sionismo está destruyendo el judaísmo”.

Judios ultraortodoxos marchan junto a palestinos en Jerusalén

Judíos ultraortodoxos marchan junto a palestinos en Jerusalén

El antisemitismo está en auge. Un número creciente de gentiles de clase media y alta empiezan a mostrar a puerta cerrada su antipatía hacia los judíos, culpándoles de los problemas del mundo y acusándoles de mover los hilos tras la cortina. Y esa antipatía ha aumentado debido a la arrogancia de poder de Israel y a la correcta percepción de Israel como el opresor. Y cuanto más aparente resulte que Israel es el obstáculo para la paz que la mayoría de los palestinos y otros árabes y musulmanes pudiesen aceptar, más crecerá esta antipatía, con el peligro real de que estalle y se manifieste como antisemitismo violento.

Israel, el retoño del sionismo, se ha convertido en su peor enemigo y en una amenaza no sólo para la paz de la región y el mundo, sino también para los intereses de los judíos de cualquier parte y para la integridad moral del judaísmo. Es razonable decir que los judíos del mundo tienen un dilema, reafirmar o ratificar su compromiso con el judaísmo y renunciar al sionismo, o reafirmar su compromiso con el sionismo y renunciar a judaísmo.

Israel no es hija de las víctimas del Holocausto. Tampoco es hija del judaísmo. Israel no es ni más ni menos que el cáncer que poco a poco se extiende, amenazando a los judíos de todo el mundo con la metástasis y la destrucción.

Basado en un artículo de Alan Hart

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Falsos mitos sobre el conflicto en Palestina

El cuento del sionismo y la invención del pueblo judío

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Falsos mitos sobre el conflicto en Palestina

enero 16, 2009

La historia del conflicto en Palestina está plagada de falsos mitos, de sinsentidos creados por la propaganda sionista. La versión inicial de esa historia se centra en tres falsos mitos:

1. A Israel se le concedió legitimidad mediante la resolución 181 de Naciones Unidas que establecía la partición. Lo cual no tiene sentido porque sin el consentimiento de la mayoría del pueblo palestino la ONU no tenía derecho a decidir la partición de Palestina ni a asignar cualquier parte de su territorio a una minoría de inmigrantes extranjeros.

A pesar de eso, con un margen mínimo y con la votación amañada, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución para dividir Palestina y crear un Estado árabe y otro judío. Pero la resolución de la Asamblea General no podía tener efecto a menos que lo aprobara el Consejo de Seguridad. Y la propuesta de división nunca llegó al Consejo de Seguridad para su estudio, porque EE.UU. sabía que, si se aprobaba, sólo podría ser puesta en práctica mediante la fuerza.

Por ello, el plan de partición nunca adquirió validez, y qué hacer con Palestina volvió a debatirse en la Asamblea General. Pero mientras la Asamblea General debatía, Israel declaró de manera unilateral su derecho a la existencia, desafiando a la comunidad internacional.

2. Israel ha vivido en peligro constante de aniquilación, de que lo “arrojen al mar”. La verdad histórica es que la existencia de Israel nunca ha estado en peligro. No lo estuvo en 1948/49. Tampoco en 1967. Y ni siquiera en 1973. La afirmación sionista de lo contrario fue la tapadera que permitió que Israel se saliese con la suya donde más importaba, en EE.UU. y en Europa, al presentar su agresión como defensa propia y a sí mismo como la víctima, cuándo lo que fue, y sigue siendo, es el opresor.

Yasser Arafat3. No ha habido ningún personaje palestino dispuesto a negociar la paz. La verdad histórica es que Yasser Arafat sí preparó el terreno en el lado palestino para alcanzar la paz, y lo hizo en 1979, hace casi treinta años. En 1979, Arafat convenció al Consejo Nacional Palestino para que apoyara su política y el hasta entonces inimaginable acuerdo con Israel (la aceptación de Israel en el interior en sus fronteras anteriores a 1967 exigía que los palestinos renunciasen a reclamar el 78% de su territorio).

El problema fue que Arafat no tuvo enfrente un interlocutor israelí por la paz, porque el sionismo no ha estado nunca, y sigue sin estarlo, interesado en la paz en ninguno de los términos que los palestinos pudieran aceptar. Es cierto que en 1993 Arafat (quizá) tuvo un interlocutor israelí por la paz encarnado en Yitzhak Rabin, asesinado por un sionista radical antes de que las negociaciones llegaran a algo.

Los sucesores de Rabin olvidaron la paz y se centraron en demonizar a los palestinos. Es falso que Barak le ofreció a Arafat el 95% de todo lo que había dicho que quería. Es muy probable que los israelíes envenenaran a Arafat. Pero a pesar de eso, y de que Abbas sea una marioneta israeloestadounidense, podemos estar seguros de una cosa: con o sin un líder títere, el pueblo palestino no aceptará nunca las migajas de la mesa sionista en forma de dos o tres bantustanes a los que pudieran llamar Estado.

Niño palestino contra tanque israeli

La verdad fue que el Estado sionista, creado fundamentalmente como consecuencia del terrorismo sionista y de la limpieza étnica, no tenía derecho a existir ni lo tiene a menos.a menos que sea reconocido por aquellos que fueron desposeídos de su territorio y de sus derechos. Según el Derecho Internacional, únicamente los palestinos podrían dar a Israel la legitimidad que reclama. Y esa legitimidad es lo único que los sionistas no pueden arrancarles por la fuerza.

La pregunta que deben contestar todos los que exigen que Hamás reconozca a Israel es ésta: ¿Cuál es el Israel que debe reconocerse, el de las fronteras anteriores a la guerra de 1967  o un Israel más grande que día tras día usurpa más y más territorio?

Porque la posición real de Hamás es evidente. Si mañana Israel demostrase que está listo para negociar una paz basada en una verdadera solución de dos Estados, uno que devolvería a Israel a sus fronteras anteriores a 1967, con Jerusalén como ciudad abierta y capital de los dos Estados, Hamás sería el primero en sentarse a negociar.

Pero la realidad es que la solución de los dos Estados ya está muerta, asesinada por los asentamientos que Israel ha creado y sigue creando en Cisjordania, en claro desafío de las resoluciones de la ONU, la legislación internacional e incluso del gobierno de Bush.

La estrategia sionista para una solución final al problema palestino no deja ahora lugar a la imaginación. Los dirigentes de Israel y quienes los apoyan en EE.UU. aún creen que con el uso de la fuerza bruta y reduciendo a los palestinos a la más abyecta pobreza quebrarán su voluntad de continuar la lucha por sus derechos. La idea es que,  absolutamente desesperados, los palestinos estarán dispuestos a aceptar las sobras o, mejor aún, abandonarán su tierra y buscarán una nueva vida en otros países.

Israel asesino

Basado en un artículo de Alan Hart

El cuento del sionismo y la invención del pueblo judío

junio 3, 2008

Theodor HerzlA mediados del siglo XIX, junto a los nacionalismos, surgió el sionismo, un movimiento cuyo principal objetivo era “retornar a la patria histórica del pueblo judío”, Eretz Israel. Los objetivos del sionismo fueron puestos en práctica por la Organización Sionista Mundial, fundada en 1897 en Basilea por Theodor Herzl, considerado el padre del sionismo en general y de la rama política en particular.

Shlomo Sand, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar “Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío”, libro en el que cuestiona algunos principios de la historia sionista oficial, y Público lo entrevista tanto en su edición impresa como en la digital.

El libro de Sand recupera antiguas tesis sionistas que fueron repudiadas en 1929, al empezar a verse posible la creación de un Estado judío en Palestina. Las dos más demoledoras son que los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo lejos de Palestina (y por lo tanto no descienden de los antiguos judíos) y que los palestinos árabes son los únicos descendientes de los antiguos judíos.

Shlomo SandLa demanda sionista de un Estado judío en Israel se basaba en el exilio al que supuestamente les obligó el emperador Tito. Pero cuando los romanos destruyeron el Templo en el año 70 de la era cristiana, no expulsaron a los judíos por la fuerza. Los romanos nunca exiliaron a pueblos, algo que sí hicieron los asirios y los babilonios con algunas elites. Nunca hubo exilio. No hay ningún libro científico que lo diga. La historia del exilio se basa en un mito cristiano del mártir Justino, que fue el primero que dijo, en el siglo III, que Dios había castigado a los judíos con el exilio porque no aceptaron a Jesús. Esa es la primera vez que afirma que los judíos fueron deportados.

Es cierto que salieron comerciantes y soldados que llevaron consigo la idea monoteísta, pero la proporción fue mínima. Los Macabeos conquistaron Edom y obligaron por la fuerza a sus habitantes a convertirse al judaísmo. Lo mismo ocurrió en Galilea. Desde el siglo II antes de Cristo hasta el siglo II después de Cristo, el judaísmo fue el primer monoteísmo proselitista.

En el Mediterráneo, a finales del siglo I después de Cristo había cuatro millones de creyentes judíos. Es en ese periodo proselitista cuando el judaísmo se proyecta en la zona. Es decir, la mayoría de los judíos del Mediterráneo no venían de Palestina. Eran conversos.

Yitzhak ben Zvi, David ben Gurion y Yitzhak ShochetAsí que, si no hubo exilio en Palestina, si los romanos no expulsaron a los judíos, ¿qué les ocurrió a los judíos de Palestina? Hay muchos historiadores israelíes, incluidos Yitzhak ben Zvi, el segundo presidente de Israel, o David ben Gurion, que hasta 1929 afirman que los palestinos árabes son los verdaderos descendientes de los judíos. Esta tesis que sostuvieron los mayores sionistas se murió en 1929. Todavía en 1918 Ben Zvi y Ben Gurion escribieron juntos un libro donde se afirma que los palestinos son los auténticos descendientes de los judíos. Sin embargo, decir esto hoy es causa de escándalo.

Se pueden sacar algunas conclusiones:

El Estado de Israel no tiene ninguna justificación científica para existir. Se basa en mitos.

Los verdaderos descendientes del llamado “pueblo judío” fueron expulsados de su tierra en 1948 por los judíos conversos (que nunca tuvieron ningún derecho real sobre Palestina) y llevan siendo masacrados por ellos 60 años.

Ben Gurion y los demás líderes sionistas sabían todo esto, pero remodelaron la historia en los años anteriores a 1948 para facilitar la proclamación de un Estado judío en Palestina. Se inventaron un cuento.

Israel, “esa víctima”.

febrero 12, 2008

Leo ni más ni menos que en El Confidencial que el miércoles se produjo un incidente entre tropas españolas e israelíes en Líbano. Los soldados españoles, pertenecientes a la FINUL (Fuerza de Interposición de Naciones Unidas en Líbano), colocaban una alambrada en el pueblo de Al-Ghajar cuando una patrulla israelí les exigió que abandonaran la zona y amenazó con abrir fuego.

El contingente español reaccinó tomando posiciones defensivas y alertando a sus mandos. Los responsables de la FINUL pidieron a las autoridades israelíes que cesaran los “actos provocativos” contra sus tropas y contra los ciudadanos libaneses, y enviaron en apoyo de los españoles cinco carros Le Clerc, vehículos M133 y más de 70 soldados franceses.

Segunda Masacre de QanaNo es ni el primer incidente ni el más grave. En julio de 2006 Israel mató a cuatro soldados de la FINUL en un ataque aéreo en la base de observación de las fuerzas de la ONU en Khiam. Poco después se produjeron 14 tiroteos entre fuerzas israelíes y cascos azules. El 30 de julio de 2006 54 civiles libaneses, muchos de ellos niños, fueron asesinados en lo que se conoce como Segunda Masacre de Qana, cuando el refugio de la FINUL donde se habían resguardado fue bombardeado por Israel.

Son solo un par de ejemplos en una línea de actuación contínua. Pero hay mil más, conocidos y desconocidos. Tel Aviv sigue cometiendo crímenes contra la Humanidad y contra todas las convenciones de los Derechos Humanos, pero el mundo calla, esperando a que los palestinos o los libaneses cometan un atentado para bombardearnos sin pausa con la noticia en los medios.

Pero, ¿quiénes son los terroristas? ¿Quiénes son los asesinos? ¿Los que se defienden como pueden de uno de los ejércitos más poderosos jamás creados, apoyado a ultranza por la mayor potencia mundial? ¿O los que arrancan palmo a palmo la tierra a sus legítimos dueños, en busca del Eretz Israel, ese Estado racista solo para judíos?

Creo que está claro quiénes son los asesinos. Los que matan con misiles a ancianos paralíticos, los que amenazan a todos, desde niños en Gaza a soldados de la ONU en el sur de Líbano. Los que crean una reproducción gigante del gueto de Varsovia en Gaza. Los que planean asesinar a la cúpula del partido más votado por los palestinos en 2006 mientras Occidente mira hacia otro lado. Aquellos que, a pesar de todos sus crímenes, se atreven a ir de víctimas.

Pero esto no durará siempre. Un Estado basado en las diferencias de raza y de religión, en el uso de la fuerza desproporcionada y la represión como toda respuesta, no puede perdurar. Los días de Israel están contados, y no por ninguna amenaza exterior sino por Israel en sí mismo. ¿No me creen? Bueno, nadie creía a mediados de los 80 en el fin de la Sudáfrica del apartheid. Pero, igual que llegó 1994, pronto llegará el día en el que Israel tenga que rendir cuentas ante los hombres. Tiempo al tiempo.

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