Aclaraciones sobre Hamas y la ruptura de la tregua

enero 5, 2009

Todos sabemos lo que está pasando en Gaza, pero nos suelen decir que si la culpa es de Hamas, que Israel se defiende, etc. Antes de entrar en materia, habría que aclarar ciertos puntos sobre Hamas:

1. Hamas no tomó el poder por la fuerza, sino que ganó en enero de 2006, con un 65% de los votos, unas elecciones auspiciadas por la UE y sin ninguna irregularidad. La decisiónHaniya Abbas democrática de los palestinos supuso la congelación de las ayudas humanitarias por parte de EEUU, Rusia, la UE y la ONU. Israel comenzó una “estrategia de aislamiento” que retuvo más de 40 millones de euros vitales para la supervivencia de los palestinos de los Territorios Ocupados. También arrestaron a los diputados de Hamas en Jerusalén y Cisjordania, lo que inhabilitó el Parlamento palestino.

Según una investigación de la revista ‘Vanity Fair’ apoyada en documentos confidenciales autentificados por fuentes norteamericanas, “hubo una iniciativa encubierta aprobada por Bush e implantada por la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el viceconsejero de Seguridad Nacional, Elliott Abrams, para provocar una guerra civil palestina.

El plan fue apoyar las fuerzas dirigidas por Fatah y dotarlas con nuevo armamento suministrado a petición norteamericana para dar a Fatah la fuerza necesaria para sacar del poder al Gobierno electo. Hamas aceptó entonces crear un gobierno de coalición para evitar el conflicto.

El líder de la ANP, Mahmud Abbas, se negó a entregar el control de las fuerzas de Seguridad a Hamas, que organizó sus propias fuerzas. Los choques aislados entre ambas facciones se sucedieron durante casi un año y medio, hasta que en junio de 2007 derivaron en una corta guerra intestina.

En pocos días, Hamás consiguió expulsar a Fatah de Gaza. Abbas disolvió el Gobierno para nombrar un nuevo Ejecutivo sin ningún miembro del partido que ganó las elecciones, dividiendo ‘de facto’ Gaza (bajo control de Hamas) y Cisjordania (dominada por Fatah con el apoyo de Israel).

2. El bloqueo fue impuesto días después de la victoria electoral de Hamás. Tras los combates interpalestinos y la captura del soldado israelí Gilad Shalit, Tel Aviv declaró Gaza entidad enemiga y endureció el bloqueo. Desde entonces, la primera crisis humanitaria creada expresamente por Occidente ha empobrecido a la población hasta límites insospechados. Hoy en día, los habitantes de Gaza tienen serias dificultades para encontrar pan.

3. Es totalmente falso que la culpa de la ofensiva sea de Hamas por lanzar cohetes. El pasado 19 de diciembre, Hamas dio por finalizada una tregua unilateral de seis meses durante la cual no lanzaron su artillería casera salvo en respuesta a bombardeos israelíes. A cambio, exigáin que Israel permitiera la entrada de productos básicos y combustible, algo que nunca ocurrió.

Mientras la situación humanitaria empeoraba aún más en la Franja, los israelíes prohibieron el paso de ayuda de Naciones Unidas, llegando a vetar el suministro de combustible necesario para que las agencias de la ONU pudieran asistir a la población.

Con motivos más que suficientes, Hamás decidió romper la tregua que ellos mismos habían propuesto. A los tres días, después del lanzamiento de algunos cohetes por parte de la Yihad Islámica y otros grupos, varios activistas de Hamas fueron asesinados por el ejército de Israel, lo cual provocó que el movimiento de resistencia islámico se uniera al lanzamiento de artefactos caseros.

Niñas muertas en Gaza

Así que no se fíen mucho de todos esos periódicos y políticos que echan la culpa a Hamas o dividen la culpa a partes iguales.

Iraq dice adiós al paladín de la democracia y la libertad

diciembre 23, 2008

Como todos sabemos, hace unos días Bush quiso hacer una visita de despedida a los chacales que gobiernan Iraq, y de recuerdo se llevó un par de zapatazos que expresan la rabia de todo un pueblo.

“¡Aquí tienes tu regalo de despedida, pedazo de perro! ¡De parte de las viudas, los huérfanos y todos los que han muerto en Iraq!” En un instante, Muntazar al Zaidi pasó de corresponsal de una televisión local a símbolo de los sentimientos de Iraq respecto a aquellos que llegaron prometiendo democracia y libertad y solo han dejado caos, un país enfrentado y más de un millón de muertos.

El instante en que Muntazar obligó a Bush a esconderse tras el atril pasará a la Historia de Iraq. No solo por el hecho y su significado sino porque causó que, por primera vez en muchos años, los iraquíes se mostraron unidos. Salieron masivamente a las calles a apoyar el gesto de Zaidi, y no como sunníes, chiíes o kurdos. Como iraquíes orgullosos.

al Zaidi

El héroe, sin embargo, fue apaleado y arrastrado fuera de la sala de prensa mientras dejaba tras de sí un rastro de sangre. Bush dijo tras el incidente que la reacción del periodista le parecía “extraña” y que no comprendía “sus quejas”.

Muntazar sigue detenido, sin acusación formal, por lanzar sus zapatos. Otros continuaron escupiendo mentiras en la sala de prensa mientras otro rastro de sangre, mucho más caudaloso, sigue anegando Iraq por culpa de sus actos y su codicia.

En su línea, Reporteros Sin Fronteras no ha dicho una palabra sobre el tema. Aunque es cierto que tampoco lo han hecho con los periodistas detenidos ilegamente en Guantánamo o en bases militares, culpables simplemente de ejercer el periodismo. O del caso de aquel blogger que la Guardia Nacional Iraquí fusiló en su propia casa, hace ahora un año. O de las denuncias en las que agencias occidentales acusaban a Estados Unidos de obstruir la información en Iraq y de asesinar periodistas.

A estas alturas mucha gente pensará que es una pena que no le diera con el zapato en toda la cara. ¿Saben que pienso yo? Qué pena que solo fuera un zapato.

Entrevista a Aleida Guevara (II)

diciembre 6, 2008

Público

Aleida GuevaraNo ha querido ver la película sobre el Che protagonizada por Benicio del Toro. Teme disgustarse si ve algo que no se ajuste fielmente a la imagen que tiene de su padre. La pediatra Aleida Guevara (La Habana, 1960) prefiere menospreciar los recientes ataques de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en los que se refería al guerrillero como a un canalla . “Me tiene sin cuidado”, afirma en la residencia del embajador de Cuba en Madrid.

¿Qué le parecieron las declaraciones de Esperanza Aguirre?

Es una expresión propia de la desesperación generada por la crisis capitalista. La desesperación lleva a decir cosas sin sentido. Si lo hubiera dicho alguien a quién yo respeto por su trabajo o dedicación al resto de los seres humanos me hubiera sentido lastimada, pero no en este caso. Esa señora ni me da ni me quita. Cada uno es libre de decir lo que piensa. Lo que es difícil es demostrar que lo que uno dice es cierto.

¿Intentan controlar la explotación de la imagen del Che?

Cada país tiene leyes diferentes y es difícil de controlar su imagen. Siempre hay gente solidaria que nos ayuda. No queremos dinero, lo que queremos es que dejen de usar la imagen de mi papá de mala manera. No tienen el derecho a hacerlo.

¿Ha visto Che, la película sobre su padre?

Me he negado a verla. El Centro de Estudios Che Guevara trató de ayudar en el guión. Pero era una película de Hollywood y no les tuvieron en cuenta. A mi madre no le gustó. Es historiadora y no acepta que se cambien los hechos del proceso revolucionario.

¿Sueña con nuevas revoluciones como las que intentó su padre?

Yo no sé cuál es ahora la manera más bonita de llegar al poder. Chávez llegó al poder según la supuesta democracia que le gusta a todo el mundo aquí, de esas de cuatro partidos. Luego le dieron varios intentos de golpe de Estado.

¿Cuál es su concepto de la libertad?

Es sentirme con derecho de decir lo que pienso y me lo tengan en cuenta. Cuando no tengo miedo a mi enemigo, por muy poderoso que sea, y me intente aplastar porque yo tengo la razón. Esa es la libertad de la que disfrutamos en Cuba. Creo que es uno de los países más libres del mundo por no decir el más libre.

¿El más libre?

Siempre me preguntan eso en Europa. ¿Qué libertad tienen aquí? Ponen una película en la televisión y te la cortan para decirte lo que tienes que hacer y lo que tienes que comprar. Además no hay información adecuada. Si no sabes lo que está pasando no puedes decidir. Si hago caso a las noticias sobre el País Vasco no iría nunca allí por miedo.

¿Y la dureza contra la oposición cubana?

Todos cometemos errores. Muchas veces por temor al enemigo nos hemos equivocado. Eso es pésimo para nuestra sociedad. Por eso tenemos que resolver esos problemas y en eso estamos trabajando. Lo importante es aprender de los errores y no volverlos a repetir.

¿Por qué las mujeres no tienen visibilidad en los altos cargos cubanos?

A mí no me interesa si la persona que me dirige es hombre o mujer, me interesa que sea el mejor. Hemos tenido muchas ministras y parlamentarias. Tenemos las mismas oportunidades, pero somos las propias mujeres cubanas las que generamos machismo en nuestros hogares.

¿Qué le parecen las reformas de Raúl Castro?

No son reformas. Se trata de maneras diferentes de trabajar. Raúl delega más. Pero nosotros la verdad es que ni los comparamos. Fidel y Raúl son magníficos comunistas y revolucionarios.

¿Qué espera de Obama?

Del pobre hombre se espera mucho. Lo más importante es saber si va a resolver la crisis económica de su país. Lo que queremos es que nos dejen tranquilos y dejen de apoyar a los terroristas de origen cubano en Florida.

¿Cómo afectará la crisis económica a Cuba?

En la crisis que vive el capitalismo vamos a ser los menos afectados. Ustedes tienen que ver con la banca mundial mientras nosotros vemos lo que les está pasando. Su preocupación ahora es las luces que van a poner en Navidad, nosotros no tenemos esos problemas.

¿Y el precio de los productos que importan?

Siempre vamos a sentir los ramalazos. Vivimos en el mismo planeta, aunque a veces no lo parezca.

El “cambio” de Obama

diciembre 3, 2008

Obama ClintonCuando Bush intentaba rescatar a los bancos mediante 700.000 millones de dólares pertenecientes al pueblo estadounidense, Obama le apoyó, incluso cuando el Congreso votó en contra. Quizá se debió a que estaba en campaña electoral financiada por las multinacionales y los propios bancos. Quizá.

Obama se opuso inicialmente a la invasión de Iraq. Pero luego votó los presupuestos de guerra de Bush, y dice que hay que “recolocar” las tropas en ese país, sin poner fecha a la retirada. Ha prometido públicamente aumentar el número de tropas en Afganistán, e incluso atacar a través de la frontera de Paquistán a los pueblos y ciudades que considere favorables a la resistencia.

Ha prometió atacar militarmente a Irán si éste continúa procesando uranio, afirmando que la comunidad internacional”debería blandir de inmediato grandes palos y grandes zanahorias” para persuadir a la República Islámica de que abandone su programa nuclear, pese a que ésta ha asegurado en reiteradas ocasiones que sólo tiene fines pacíficos.

La política del palo y la zanahoria (castigo y recompensa) trae reminiscencias del “Speak softly and carry a big stick” (“Habla suavemente y lleva un buen palo contigo”) que hizo famoso al presidente Theodore Roosevelt, un inquietante paralelismo que podría significar la extensión de la Doctrina Monroe a Oriente Próximo.

Obama ha declarado su apoyo incondicional a Israel, a sus ataques militares y  a la extensión de las colonias en Cisjordania. Ha afirmado su “compromiso inquebrantable con Israel” y llegado a decir que “Jerusalén será la capital” del Estado sionista.

Ha mantenido en el puesto al Secretario de Defensa de Bush, el republicano Robert Gates, que también fue director de la CIA y ha sido acusado de dar falsa información a servicios de inteligencia aliados en beneficio propio.

Ha nombrado Secretaria de Estado a Hillary Clinton, que votó a favor de la invasión de Iraq y que es partidaria de una prolongada estancia estadounidense allí. Aún cuando Bush ha reconocido el error de las armas de destrucción masiva, Clinton sigue defendiendo su voto e incluso creyendo que pueden ganar la guerra.

La misma Hillary Clinton que es habitual en las conferencias de organizaciones proisraelíes como el AIPAC, que la ven como uno de los políticos más fieles al sionismo. No en vano ha defendido la pretensión israelí de hascer de Jerusalén su “capital indivisible”, amenazado con “aniquilar” a Irán y abogado por incrementar la presión sobre Siria. Ha llegado a decir que el muro de apartheid israelí “no va contra el pueblo palestino”.

¿Cambio? ¿Yes, we can?

Obama no es más que otra visión del imperialismo estadounidense, el “soft speaking”. La creencia de que no se necesitan guerras sino subversión ideológica, guerras culturales y diplomacia, de que hay que dividir al enemigo para conquistarlo. Lo que hay que hacer no es invadir Iraq, sino provocar que se enfrenten unos con otros, lograr que Irán se lance contra Iraq, Etiopía contra Somalia, Colombia contra Venezuela y China contra Rusia.

El hablar suavemente, pero repartiendo hostias con el palo. Ese es el cambio de Obama. El imperialismo convenientemente camuflado por su nueva y más poderosa arma: el peligroso doble discurso del Mesías con rostro negro.

Conversaciones con Chávez y Castro

diciembre 3, 2008

Sean Penn

The Nation

Joe Biden, quien pronto iba a ser el vicepresidente electo de mi país, alentaba a las tropas: “No podemos seguir dependiendo de Arabia Saudí o de un dictador venezolano para la energía”. Bueno, yo sé muy bien lo que es Arabia Saudí. Pero como en 2006 estuve en Venezuela visitando ranchitos, mezclándome con la acaudalada oposición y pasando días y horas entre los seguidores del presidente, me pregunté –sin preguntármelo– a quién se estaría refiriendo el senador Biden.

Sean Penn con Hugo ChávezHugo Chávez Frías es el presidente democráticamente elegido de Venezuela, y cuando digo democráticamente quiero decir que se ha presentado una y otra vez ante los votantes en elecciones avaladas por observadores internacionales y ha logrado grandes mayorías en un sistema que, a pesar de sus defectos e irregularidades, ha dado a sus oponentes la oportunidad de que lo derroten y ocupen su cargo, tanto en un referéndum nacional el año pasado como en las recientes elecciones regionales de noviembre.

En cambio las palabras de Biden representaban la clase de retórica que nos metió hace muy poco en una costosa guerra en la que se pierden vidas y dinero, en una guerra que si bien derrocó a un pendejo en Iraq, también ha derrocado los principios más dinámicos sobre los cuales se fundó Estados Unidos, ha reforzado el reclutamiento de Al Qaeda y ha conducido a la deconstrucción de las fuerzas armadas estadounidenses.

A estas alturas, el pasado mes de octubre de 2008 ya había digerido mis anteriores visitas a Venezuela y Cuba y el tiempo que pasé con Chávez y Fidel Castro. Soy cada vez más intolerante con la propaganda. Incluso si el propio Chávez tiene tendencia a la retórica, nunca ha sido el causante de una guerra. Así que decidí hacerle otra visita con la esperanza de desmitificar a ese “dictador”. Para entonces ya había llegado a comentar con mis amigos en privado: “Es verdad, puede que Chávez no sea un hombre bueno, pero también es posible que sea un gran hombre”.

Entre las personas a quienes dije esto se encontraban el historiador Douglas Brinkley y Christopher Hitchens, el columnista de Vanity Fair. Los dos eran complementos perfectos. Brinkley es un pensador muy estable, cuyo código ético de historiador garantiza su adhesión a pruebas insuperablemente razonadas. Hitchens, un astuto artesano de la palabra siempre demasiado imprevisible en sus preferencias, es un valor seguro desde cualquier punto de vista, que una vez en una tertulia televisiva calificó a Chávez de “payaso rico en petróleo”. Aunque Hitchens es igual de íntegro que brillante, puede ser combativo hasta la intimidación, como lo demostró una vez con sus duros comentarios sobre Cindy Sheehan, la santa activista contra la guerra. Brinkley e Hitchens equilibrarían cualquier sesgo que percibieran en mi escritura, además de ser un par de tipos con quienes me lo paso muy bien y a quienes quiero mucho.

De modo que llamé a Fernando Sulichin, un viejo amigo y productor de cine independiente de Argentina con buenas conexiones y le pedí que los hiciera investigar y obtuviese el visto bueno para entrevistar a Chávez. Además, queríamos volar desde Venezuela a La Habana, así que le pedí a Fernando que solicitara entrevistas por cuenta nuestra con los hermanos Castro, la más urgente con Raúl, quien en febrero había tomado las riendas del poder de manos de un Fidel enfermo y nunca había otorgado una entrevista a un extranjero. Yo había viajado a Cuba en 2005, cuando tuve la fortuna de encontrarme con Fidel, y estaba ansioso por hacerle una entrevista al nuevo presidente. El teléfono sonó a las 2 de la tarde del día siguiente.

–Mi hermano –dijo Fernando–, lo logré.

Nuestro vuelo de Houston a Caracas se retrasó por problemas mecánicos. Era la 1 de la madrugada, y mientras esperábamos, Hitchens daba vueltas impaciente de un lado para otro.

–Los problemas casi nunca vienen solos –dijo.

Debió gustarle cómo sonó, porque volvió a decirlo. Era el pesimista de Dios. Le dije:

–Hitch, va a salir bien. Nos van a conseguir otro avión y llegaremos a tiempo.

Pero el pesimista de Dios es en realidad el pesimista ateo de Dios. Y yo no tardaría en ser testigo de la claridad de su ateísmo. De hecho, hubo otro problema. Bueno, salió bien y mal, como se verá. Despegamos dos horas después.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Caracas, Fernando estaba allí para recibirnos. Nos condujo a una terminal privada, donde esperamos la llegada del presidente Chávez, quien nos llevó con él de gira electoral a la maravillosa Isla Margarita en plena campaña para las elecciones a gobernador.

Sean Penn Chávez

Pasamos los dos días siguientes en la constante compañía de Chávez, con muchas horas de reuniones a solas entre los cuatro. En las dependencias privadas del avión presidencial descubrí que cuando Chávez habla de béisbol su dominio del inglés sube de grado. Cuando Douglas le pregunta si habría que abolir la Doctrina Monroe, Chávez –que quiere escoger cuidadosamente sus palabras– regresa al español para explicar los matices de su posición contra dicha doctrina, que ha justificado la intervención estadounidense en Latinoamérica durante casi dos siglos.

–Hay que romper la Doctrina Monroe –dice–. Hemos tenido que aguantarla durante más de doscientos años. Siempre vuelve al viejo enfrentamiento de Monroe con Bolívar. Jefferson solía decir que Estados Unidos debería tragarse una tras otra las repúblicas del sur. El país en el que nacisteis se basó en una actitud imperialista.

Los servicios venezolanos de inteligencia le dicen que el Pentágono tiene planes para invadir su país.

–Sé que están pensando en invadir Venezuela –dice. Parece que ve el fin de la Doctrina Monroe como una medida de su destino–. Nadie podrá volver aquí para exportar nuestros recursos naturales.

¿Le preocupa la reacción de Estados Unidos a sus atrevidas declaraciones sobre la Doctrina Monroe? Cita a José Gervasio Artigas, el luchador uruguayo por la libertad:

–Con la verdad no ofendo ni temo.

Hitchens está sentado en silencio, tomando notas durante toda la conversación. Chávez reconoce un brillo escéptico en sus ojos.

Hazme una pregunta. Hazme la pregunta más difícil.

Ambos comparten una sonrisa. Hitchens le pregunta:

–¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel?”

Chávez dice:

–Fidel es comunista, yo no. Yo soy socialdemócrata. Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no. Un día discutimos sobre Dios y Cristo. Le dije a Castro: “Yo soy cristiano. Creo en los Evangelios Sociales de Cristo”. Él no. Simplemente no cree. Más de una vez Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, que no estamos en los años sesenta.

–Ya ve –dice Chávez–. Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un profesor para mí. Un maestro. No en ideología, sino en estrategia.

Tal vez irónicamente, John F. Kennedy es el presidente de Estados Unidos favorito de Chávez.

–Yo era un muchacho –dice-. Kennedy era la fuerza impulsora de la reforma en Estados Unidos.

Sorprendido por la afinidad de Chávez por Kennedy, Hitch se suma a la conversación y menciona el plan económico de Kennedy para Latinoamérica, contrario a Cuba.

–¿Fue algo bueno la Alianza para el Progreso?

Hugo Chávez y Sean Penn–Sí –dice Chávez–. La Alianza para el Progreso fue una propuesta política para mejorar las condiciones. Apuntaba a reducir la diferencia social entre culturas.

La conversación entre los cuatro continuó en autobuses, en mítines y en inauguraciones en toda Isla Margarita. Chávez es incansable. Se dirige a cada nuevo grupo durante horas bajo un sol ardiente. Duerme como máximo cuatro horas por la noche y pasa la primera hora de la mañana leyendo noticias del mundo. Y una vez que está en pie, es incontenible a pesar del calor, de la humedad y de las dos capas de camisetas rojas revolucionarias que lleva puestas.

Tres eran mis motivaciones primordiales para este viaje: incluir las voces de Brinkley e Hitchens, profundizar mi conocimiento de Chávez y de Venezuela y ejercitar mi mano de escritor, así como recabar la ayuda de Chávez para que convenciese a los hermanos Castro de que nos recibieran a los tres en La Habana. Aunque Fernando me había dicho que la tercera parte del puzzle estaba aprobada y confirmada, en algún lugar de nuestros intercambios culturales, lingüísticos y telefónicos había habido un malentendido. Mientras tanto, CBS News estaba esperando un informe de Brinkley, Vanity Fair uno de Hitchens y yo escribía por cuenta de The Nation.

Al cabo de tres días en Venezuela le dimos las gracias al presidente Chávez por el tiempo que nos había dedicado, los cuatro allí parados entre el personal de seguridad y la prensa en el Aeropuerto Santiago Marino de Isla Margarita. Brinkley tenía una última pregunta que hacerle, y yo también.

–Señor presidente –le dijo-, si Barack Obama sale elegido presidente de Estados Unidos, ¿aceptaría usted una invitación para volar a Washington y reunirse con él?

Chávez dijo sin dudarlo:

–Sí.

Cuando me tocó a mí, le dije:

–Señor presidente, para nosotros es importante que nos reciban los Castro. Es imposible contar la historia de Venezuela sin incluir a Cuba y es imposible contar la historia de Cuba sin los Castro.

Chávez nos prometió que llamaría al presidente Raúl Castro en cuanto estuviera en su avión y que se lo pediría en nuestro nombre, pero nos advirtió que era poco probable que Fidel, el hermano mayor, pudiera responder tan rápido, ya que ahora está escribiendo y reflexionando mucho, no viendo a mucha gente. Tampoco podía hacer promesa alguna con respecto a Raúl. Chávez subió a su avión y vimos cómo partía.

A la mañana siguiente volamos a La Habana. Lo diré todo: el Ministerio del Poder Popular para la Energía y Petróleo de Venezuela nos prestó un avión. Si alguien quiere referirse a eso como un soborno, que haga lo que quiera. Pero cuando lea el próximo informe de un periodista que viaja en el Air Force One o que sube a bordo de un avión de transporte militar de Estados Unidos, que por favor repudie también ese artículo. Apreciamos el lujo de aquel viaje, pero eso no ha influenciado el contenido de nuestros reportajes.

“Muy pocas veces los problemas vienen solos”

Yo estaba arriesgando mucho. El hecho de subir al avión hacia La Habana sin tener garantía alguna de que iba a ver a Raúl Castro me llenaba de ansiedad. Christopher había cancelado a última hora varios compromisos de conferencias importantes para hacer el viaje. No acostumbra a dejar colgada a la gente. De modo que, para él, era lo tomas o lo dejas y se estaba poniendo nervioso. Douglas, profesor de Historia en la Universidad Rice, tenía que volver de forma inminente a sus obligaciones académicas. Fernando sentía el peso de que esperásemos de él que fuera nuestro ariete. Y yo, bueno, contaba con la llamada de Chávez a Castro, tanto para obtener la entrevista como para salvar mi culo ante mis compañeros.

Aterrizamos en La Habana cerca del mediodía y en la pista de aterrizaje nos recibieron Omar González Jiménez, presidente del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), y Luis Alberto Notario, jefe del ala de coproducción internacional del Instituto. Había estado con ambos durante mi anterior viaje a Cuba. Comenzamos a hablar de cosas personales de camino a la oficina de aduana, hasta que Hitch se adelantó y, sin vergüenza alguna, le exigió a Omar:

–Señor, ¡tenemos que ver al presidente!

–Sí –respondió Omar–. Estamos informados de su solicitud y hemos informado al presidente. Estamos todavía esperando su respuesta.

Durante el resto de ese día y hasta la tarde siguiente torturamos a nuestros anfitriones con un incesante son de tambor: Raúl, Raúl, Raúl. Supuse que si Fidel estaba en condiciones y podía encontrar el tiempo necesario, llamaría. Y si no, yo seguiría agradecido por nuestro encuentro anterior y se lo dije en una nota que le envié a través de Omar. De Raúl sólo sabía por lo que había leído y no tenía la menor idea de si nos vería o no.

Los cubanos son gente particularmente calurosa y hospitalaria. Mientras nuestros anfitriones nos llevaban por la ciudad, me di cuenta de que la cantidad de coches estadounidenses de los años cincuenta había disminuido incluso en los pocos años que habían pasado desde mi último viaje, para ser reemplazados por coches rusos más pequeños. Al pasar rápidamente por el Malecón ante la Sección de Intereses de Estados Unidos –de agresivo aspecto– donde las olas que se rompen contra la orilla salpican a los coches de pasada, noté algo casi indescriptible de la atmósfera en Cuba: la presencia palpable de una historia arquitectónica y humana en un pequeño trozo de tierra rodeado de agua. Incluso el visitante siente el espíritu de una cultura que proclama de diversas maneras, “Éste es nuestro sitio especial”.

Serpenteamos a través de La Habana Vieja, y en una exposición revestida de vidrio que hay frente al Museo de la Revolución vimos el Granma, el barco que transportó a los revolucionarios cubanos desde México en 1956. Continuamos hacia el Palacio de Bellas Artes, con su colección de muestras apasionadas y políticas, que es un corte transversal de la profunda reserva de talento de Cuba. Luego visitamos el Instituto Superior de Artes y después fuimos a cenar con el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, y Roberto Fabelo, un pintor al que invitaron al saber que yo había expresado aquella tarde mi aprecio por su obra durante la visita al museo. A medianoche aún no había noticias de Raúl Castro. Después, nos llevaron a la casa del protocolo, donde descansamos hasta el alba.

A mediodía del día siguiente, el reloj sonaba con machaconería en nuestros oídos. Nos quedaban dieciséis horas en La Habana antes de que tuviéramos que ir al aeropuerto para tomar nuestros vuelos de regreso. Estábamos sentados alrededor de una mesa en La Castellana, un lujoso bodegón de La Habana Vieja, con un gran grupo de artistas y músicos que, dirigidos por el reputado pintor cubano Kcho, habían establecido la Brigada Marta Machado, una organización de voluntarios que ayuda a las víctimas de los huracanes Ike y Gustav en la Isla de la Juventud. La brigada tiene pleno apoyo de dinero, aviones y personal del gobierno, algo que habría sido la envidia de nuestros voluntarios en la Costa del Golfo después del huracán Katrina. También se juntó con nosotros para el almuerzo Antonio Castro Soto del Valle, un apuesto joven de carácter modesto, de 39 años, que es hijo de Fidel. Antonio, que estudió Medicina, es el médico del equipo nacional de béisbol de Cuba. Tuve una breve pero agradable charla con él y volví a repetirle nuestro deseo de ver a Raúl.

El reloj ya no sonaba, aporreaba. Omar me dijo que dentro de muy poco conoceríamos la decisión del presidente. Con los dedos cruzados, Douglas, Hitch, Fernando y yo volvimos a la casa del protocolo para hacer nuestras maletas de antemano. A las 6 de la tarde nos quedaban diez horas. Yo estaba sentado abajo, en la sala de estar, leyendo bajo la brumosa luz del ocaso vespertino. Hitch y Douglas estaban arriba en sus habitaciones, supongo que durmiendo la siesta para vencer la ansiedad. Y en el sofá, a mi lado, Fernando roncaba.

Entonces apareció Luis ante nuestra puerta de entrada, que estaba abierta. Lo miré por encima de mis gafas mientras me hacía un gesto muy directo. Sin palabras, señalé con el dedo hacia la parte de arriba de las escaleras, donde estaban acostados mis compañeros. Pero Luis meneó la cabeza como si se estuviese disculpando.

–Sólo usted –dijo.

El presidente había tomado su decisión.

Pude escuchar en mis oídos el eco de las dudas de Hitch, “son muy pocas las veces que los problemas vienen solos”. ¿Se refería a mí? Et me, Bruto? En cualquier caso, me eché la mano al bolsillo trasero para asegurarme de que tenía mi libreta de notas venezolanas, busqué mi pluma, agarré mis gafas y salí con Luis. Justo antes de cerrar la portezuela del coche que nos estaba esperando, escuché la voz de Fernando que me llamaba:

–¡Sean!

El coche arrancó.

Voy a ver al mago

En Estados Unidos el presidente cubano Raúl Castro, antiguo ministro de Defensa de la isla, está considerado como un “frío militarista” y un “títere” de Fidel. Pero el joven revolucionario con coleta de la Sierra Maestra está demostrando que las serpientes se equivocan. Por cierto, el “raulismo” está creciendo junto con un reciente auge económico industrial y agrícola. El legado de Fidel, como el de Chávez, dependerá de la sostenibilidad de una revolución flexible, que pueda sobrevivir a la partida de su líder por muerte o renuncia. Fidel ha sido subestimado una vez más por el Norte. Al elegir a su hermano Raúl ha puesto las decisiones políticas diarias de su país en una manos formidables. En un informe del Consejo de Asuntos Hemisféricos, el portavoz del Departamento de Estado, John Casey, reconoció que el raulismo podría llevar a una “mayor apertura y libertad para el pueblo cubano”.

Muy pronto me veo sentado a una pequeña mesa lustrada en un despacho del gobierno, con el presidente Castro y un traductor.

–Fidel me llamó hace un momento -me dice–. Quiere que lo llame después de que hayamos hablado.

Hay un humor en la voz de Raúl que recuerda una vida de afectuosa tolerancia por el ojo vigilante de su gran hermano.

–Quiere saber todo sobre lo que hablamos –dice con risita de sabio–. Nunca me gustó la idea de conceder entrevistas –añade–. Uno dice muchas cosas, pero cuando se publican aparecen recortadas, condensadas. Las ideas pierden su significado. Me han dicho que sus películas son largas. Quién sabe si su periodismo será largo también.

Le prometo que escribiré lo más rápido posible y que imprimiré todo lo que escriba. Me dice que ha prometido informalmente a otros su primera entrevista como presidente y, como no quiere multiplicar lo que podría ser interpretado como un insulto, me ha escogido a mí solo, sin mis compañeros.

Castro y yo compartimos sendas tazas de té.

–Hoy hace cuarenta y seis años, exactamente a esta hora, movilizamos las tropas. Almeida en el Oeste, Fidel en La Habana, yo en Oriente. A mediodía habían anunciado que en Washington el presidente Kennedy iba a pronunciar un discurso. Fue durante la crisis de los misiles. Preveíamos que el discurso sería una declaración de guerra. Después de su humillación en Bahía de Cochinos, la presión de los misiles [que según afirma Castro eran estrictamente defensivos] representaría una gran derrota para Kennedy. Kennedy no toleraría esa derrota. Hoy estudiamos con mucho cuidado a los candidatos en Estados Unidos, estamos centrados en McCain y Obama. Miramos con lupa todos sus viejos discursos. En particular los pronunciados en Florida, donde oponerse a Cuba se ha convertido en un negocio rentable para muchos. En Cuba tenemos sólo un partido, pero en Estados Unidos hay muy poca diferencia. Ambos partidos son una expresión de la clase gobernante.

Dice que los miembros actuales del lobby cubano de Miami son descendientes de la riqueza de la era de Batista o terratenientes internacionales “que sólo pagaron centavos por su tierra” mientras Cuba vivía bajo el dominio absoluto de Estados Unidos durante sesenta años.

–La reforma agraria de 1959 fue el Rubicón de nuestra Revolución. Una sentencia de muerte para nuestras relaciones con Estados Unidos.

Castro parece estudiarme mientras toma otro sorbo de té.

–En aquel momento no se discutía de socialismo ni de ningún trato de Cuba con Rusia. Pero la suerte estaba echada.

Después de que el gobierno de Eisenhower atentó contra dos barcos con un cargamento de armas que iban a Cuba, Fidel extendió su mano a antiguos aliados. Dice Raúl:

–Se las pedimos a Italia. ¡No! Se las pedimos a Checoslovaquia. ¡No! Nadie nos daba armas para defendernos, porque Eisenhower los había presionado. Así que cuando Rusia nos las dio no tuvimos tiempo para aprender a utilizarlas antes de que Estados Unidos nos atacase en Bahía de Cochinos.

Se ríe y se dirige a un servicio adyacente, desapareciendo un momento tras una pared, tras lo cual vuelve de inmediato a la sala, y bromea:

–A los 77 años es culpa del té.

Bromas aparte, Castro se mueve con la agilidad de un hombre joven. Hace ejercicio a diario, sus ojos brillan al mirar y su voz es potente. Reanuda la conversación donde la dejó.

–Sabes, Sean, hay una famosa fotografía de Fidel de cuando la invasión de Bahía de Cochinos. Él está parado frente a un tanque ruso. Todavía no sabíamos ni siquiera cómo dar marcha atrás con aquellos tanques –se ríe–. ¡La retirada no está entre nuestras opciones!

Raúl Castro se muestra cálido, abierto, lleno de energía y hace alarde de una aguda inteligencia.

Retomo el asunto de las elecciones estadounidenses y le repito la pregunta que Brinkley le hizo a Chávez:

–¿Aceptaría Castro una invitación a Washington para reunirse con el presidente Obama, suponiendo que gane, sólo pocas semanas después?

Raúl Castro reflexiona:

–Es una pregunta interesante –dice, y se sume en un largo, incómodo silencio, hasta que termina por añadir–: Estados Unidos tiene el proceso electoral más complicado del mundo. Hay ladrones electorales con mucha experiencia en el lobby cubano-americano de Florida…

Lo interrumpo:

–Creo que ese lobby se está deshaciendo -y con la seguridad de un optimista a toda prueba, añado–: Obama va a ser nuestro próximo presidente.

Castro sonríe, al parecer a causa de mi candidez, pero su sonrisa desaparece mientras dice:

–Si no lo matan antes del 4 de noviembre será su próximo presidente.

Le señalo que todavía no ha respondido a mi pregunta sobre el encuentro en Washington.

–Sabes –dice–, he leído las declaraciones que ha hecho Obama sobre que mantendrá el bloqueo.

Hago un breve comentario:

–Utilizó la palabra embargo.

–Sí –dice Castro–, el bloqueo es un acto de guerra, así que los estadounidenses prefieren hablar de embargo, una palabra que se utiliza en documentos legales… Pero, en cualquier caso, sabemos que se trata de lenguaje preelectoral y que también ha dicho que está dispuesto a discutir con cualquiera.

Raúl interrumpe su propio discurso:

–Probablemente estés pensando, vaya, el hermano habla tanto como Fidel –nos reímos los dos–. No suele ser así, pero ya sabes, Fidel… una vez había una delegación aquí, en esta sala, de China. Varios diplomáticos y un joven traductor. Creo que era la primera vez que el traductor estaba con un jefe de Estado. Habían tenido un vuelo muy largo y estaban bajo los efectos del desfase horario. Fidel, por supuesto, lo sabía, pero siguió hablando durante horas. Pronto, a uno que estaba al final de la mesa, justo ahí [señala una silla cercana] se le empezaron a cerrar los ojos. Luego a otro, y a otro. Pero Fidel seguía hablando. No pasó mucho tiempo hasta que todos, incluido el de más rango, al que Fidel le había estado dirigiendo directamente la palabra, estaban roncando. Así que Fidel volvió los ojos hacia el que estaba despierto, el joven traductor, y siguió conversando con él hasta el amanecer.

A aquellas alturas de la historia, tanto Raúl como yo nos desternillábamos de risa. Yo sólo me había reunido una vez con Fidel, cuya mente asombrosa y cuya pasión eran un manantial de palabras. Pero me bastó como muestra. El único que no se reía cuando Raúl Castro retomó el hilo fue nuestro traductor.

–En mi primera declaración después de que Fidel cayera enfermo dije que estamos dispuestos a discutir sobre nuestras relaciones con Estados Unidos de igual a igual. Más tarde, en 2006, lo dije de nuevo en un discurso en la Plaza de la Revolución. Los medios estadounidenses se burlaron diciendo que yo estaba aplicando cosmética a la dictadura.

Le ofrezco otra oportunidad de hablar al pueblo estadounidense. Responde:

–Los estadounidenses son nuestros vecinos más inmediatos. Deberíamos respetarnos. Nosotros no hemos tenido nunca nada contra el pueblo estadounidense. Unas buenas relaciones serían mutuamente ventajosas. Quizá no podamos resolver todos nuestros problemas, pero podremos resolver muchos de ellos.

Hace una pausa y medita lentamente un pensamiento.

–Voy a decirte algo que no he dicho nunca antes en público. En algún momento alguien del Departamento de Estado lo filtró, pero lo silenciaron de inmediato por miedo al electorado de Florida, aunque ahora, cuando se lo diga, el Pentágono pensará que soy indiscreto.

Contengo la respiración mientras espero sus palabras.

–Desde 1994 hemos estado en contacto permanente con los militares estadounidenses, por acuerdo mutuo secreto –me dice Castro–. Se basó en la premisa de que discutiríamos asuntos únicamente relacionados con Guantánamo. El 17 de febrero de 1993, tras una petición de Estados Unidos de que discutiésemos asuntos relacionados con localizadores de boyas para la navegación de barcos en la bahía, fue el primer contacto en la historia de la Revolución. Entre el 4 de marzo y el 1 de julio tuvo lugar la crisis de los balseros. Se estableció una línea directa entre nuestros dos ejércitos y el 9 de mayo de 1995 nos pusimos de acuerdo para celebrar reuniones mensuales con altos cargos de ambos gobiernos. Hasta la fecha, ha habido 157 reuniones y todas ellas están grabadas. Las reuniones tienen lugar el tercer viernes de cada mes. Alternamos las localizaciones entre la base estadounidense en Guantánamo y el territorio cubano. Hemos realizado maniobras conjuntas de respuesta a emergencias. Por ejemplo, prendemos un fuego y los helicópteros estadounidenses traen agua de la bahía, de concertación con helicópteros cubanos. [Antes de esto] la base estadounidense en Guantánamo sólo había creado caos. Habíamos perdido guardias fronterizos y tenemos pruebas gráficas de ello. Estados Unidos había alimentado la emigración ilegal, llena de peligros, y sus guardacostas interceptaban a los cubanos que trataban de abandonar la isla. Los traerían a Guantánamo e iniciamos una mínima cooperación. Pero nosotros dejaríamos de guardar nuestra costa. Si alguien quería irse, les dijimos, que se fuera. Y así, con los asuntos de navegación empezamos a colaborar. Ahora, en las reuniones de los viernes siempre hay un representante del Departamento de Estado. –No da ningún nombre. Continúa–: El Departamento de Estado tiene tendencia a ser menos razonable que el Pentágono. Pero ninguno levanta la voz porque… yo no participo. Porque yo hablo fuerte. Es el único lugar en el mundo donde esos dos militares se reúnen en paz.

–¿Y qué pasa con Guantánamo? –le pregunto.

–Te diré la verdad –dice Castro–. La base es nuestro rehén. Como presidente digo que Estados Unidos debe irse. Como militar digo que los dejemos quedarse.

En mi interior empiezo a preguntarme si está a punto de revelarme una gran noticia. ¿O será de poca importancia? Nadie debería sorprenderse de que los enemigos se hablen por detrás del escenario. Lo que sí es una sorpresa es que me lo esté contando. Y, con ello, doy un rodeo y regreso al asunto de un encuentro con Obama.

–En el caso de que se celebrase una reunión entre usted y el próximo presidente, ¿cuál sería la primera prioridad de Cuba?

Sin dudarlo, responde:

–Normalizar el comercio.

La indecencia del embargo estadounidense contra Cuba nunca ha sido más evidente que ahora, en la estela de tres huracanes devastadores. Las necesidades del pueblo cubano nunca han sido más desesperadas. El embargo es sencillamente inhumano y totalmente improductivo. Raúl continúa:

–La única razón del embargo es hacernos daño. Nada puede disuadir a la Revolución. Dejemos que los cubanos vengan de visita con sus familias. Dejemos que los estadounidenses vengan a Cuba.

Parece como si estuviera diciendo, dejémoslos venir a ver esta terrible dictadura comunista de la que no cesan de escuchar en la prensa, donde incluso representantes del Departamento de Estado y destacados disidentes reconocen que en unas elecciones libres y abiertas en Cuba, el Partido Comunista que gobierna obtendría hoy el 80% de los votos. Le enumero una lista de varios conservadores estadounidenses que han criticado el embargo, desde el fallecido economista Milton Friedman a Colin Powell, pasando incluso por el senador republicano de Texas Kay Bailey Hutchison, quien dijo, “Hace tiempo que vengo pensando que deberíamos buscar una nueva estrategia para Cuba. Y ésta consiste en establecer más comercio, sobre todo comercio de productos alimentarios, especialmente si podemos ofrecer al pueblo más contacto con el mundo exterior. Y si podemos remontar la economía eso podría servir para que la gente fuera más capaz de luchar contra la dictadura.”

Ignorando el desaire, Castro replica con descaro:

–Aceptamos el reto.

A estas alturas ya hemos pasado del té al vino tinto y a la cena.

–Déjame decirte algo –dice–. Hemos hecho nuevas prospecciones, según las cuales hay grandes posibilidades de reservas de petróleo en nuestro litoral, que las compañías estadounidenses podrían venir a perforar. Podemos negociar. Estados Unidos está protegido por las mismas leyes comerciales cubanas que protegen a cualquier otro país. Quizá pueda haber reciprocidad. Hay 110.000 km cuadrados de mar en el área dividida. Dios no sería justo si no nos concediese algún petróleo. No creo que nos prive de esa manera.

De hecho, el US Geological Survey calcula que en el área hay reservas de nueve mil millones de barriles de petróleo y 31 billones de pies cúbicos de reservas de gas natural en la cuenca marítima del norte de Cuba. Ahora que han mejorado las inestables relaciones con México de los últimos tiempos, Castro está tratando también de mejorarlas con la Unión Europea.

–Las relaciones con la EU deberían mejorar cuando se vaya Bush –dice confiado.

–¿Y con Estados Unidos? –le pregunto.

–Escucha –dice–, tenemos tanta paciencia como los chinos. El 77% de nuestra población ha nacido después del bloqueo. Soy el ministro de Defensa que más ha durado en toda la historia. Cuarenta y ocho años y medio hasta el pasado octubre. Por eso visto este uniforme y sigo trabajando en mi antiguo despacho. No hemos tocado nada en el despacho de Fidel. En las maniobras militares del Pacto de Varsovia yo era el más joven y el que más tiempo estaba en el cargo. Luego fui el más antiguo y sigo siendo el que más tiempo estuvo. Iraq es un juego de niños en comparación con lo que le pasaría a Estados Unidos si invadiese Cuba. –Tras un sorbo de vino, Castro añade–: Prevenir una guerra equivale a ganarla. Ésa es nuestra doctrina.

Una vez terminada la cena, el presidente y yo salimos por de unas puertas correderas de vidrio a una terraza que parece un invernadero con plantas tropicales y pájaros. Mientras continuamos paladeando el vino, dice:

–Hay una película americana en la que la elite está sentada en torno a una mesa y trata de decidir quién será el próximo presidente. Miran por la ventana y ven al jardinero. ¿Sabes a qué película me refiero?

Being There – digo.

–¡Eso! –responde Castro con excitación–- Being There. Me gustó mucho. Con Estados Unidos existe cualquier posibilidad objetiva. Los chinos dicen: “En el camino más largo uno empieza con el primer paso”. El presidente de Estados Unidos debería dar ese primer paso, pero sin amenazar nuestra soberanía. Eso no es negociable. Podemos exigir sin decirle al otro lo que tiene que hacer dentro de sus fronteras.

–Señor Presidente –digo–, durante el último debate presidencial en Estados Unidos vimos cómo John McCain alentaba el acuerdo de libre comercio con Colombia, un país conocido por sus escuadrones de la muerte y sus asesinatos de líderes obreros, y esas relaciones continúan mejorando, conforme el gobierno de Bush trata de hacer avanzar ese acuerdo en el Congreso. Como bien sabe, acabo de llegar de Venezuela, país al que, al igual que a Cuba, el gobierno de Bush considera una nación enemiga, incluso si les compramos mucho petróleo. Se me ocurre que Colombia puede razonablemente convertirse en nuestro aliado geográficamente estratégico en Sudamérica, de la misma manera que Israel lo es en el Oriente Próximo. ¿Tiene algún comentario que hacer?

Medita cuidadosamente la pregunta y me responde en un tono lento y calculado:

–En estos momentos –dice– tenemos buenas relaciones con Colombia. Pero debo decir que si hay un país en Sudamérica con un entorno vulnerable a eso… es Colombia.

Teniendo en mente las sospechas de Chávez sobre las intenciones estadounidenses de intervenir en Venezuela, respiro hondo.

Se está haciendo tarde, pero no quería irme sin preguntarle a Castro sobre las alegaciones de violaciones de derechos humanos y el narcotráfico, supuestamente facilitado por el gobierno cubano. Un informe de 2007 de Human Rights Watch señala que Cuba “sigue siendo el único país en Latinoamérica que reprime casi cualquier forma de disidencia política”. Además, hay unos 200 prisioneros políticos en Cuba hoy en día, aproximadamente el 4% de los cuales están condenados por crímenes de disidencia no violenta. Mientras espero los comentarios de Castro, no puedo evitar pensar en la cercana prisión estadounidense de Guantánamo y en los horrendos crímenes que Estados Unidos comete contra los derechos humanos.

–Ningún país está libre de abusos contra los derechos humanos al cien por cien –me dice Castro. Pero insiste–: Los informes de los medios estadounidenses son muy exagerados e hipócritas.

De hecho, incluso destacados disidentes cubanos, como Eloy Gutiérrez Menoyo, reconocen estas manipulaciones y acusan a la Oficina de Intereses de Estados Unidos de obtener testimonios disidentes por medio de pagos en metálico. Irónicamente, en 1992 y 1994 Human Rights Watch también describió desórdenes e intimidaciones por parte de grupos anticastristas en Miami, descritas por el escritor y periodista Reese Erlich como “violaciones normalmente asociadas con dictaduras latinoamericanas”.

Dicho lo cual, soy un estadounidense orgulloso y sé positivamente que si fuese ciudadano de Cuba y tuviese que escribir un artículo como ése sobre los dirigentes cubanos podrían encarcelarme. Más aún, estoy orgulloso de que el sistema establecido por nuestros padres fundadores, aunque hoy en día no sea exactamente el mismo, nunca haya dependiódo de sólo un gran líder por época. Estas cosas siguen estando en entredicho con respecto a los héroes románticos de Cuba y Venezuela. Pienso en mencionarlo, y quizá debiera hacerlo, pero tengo algo distinto en mente:

–¿Podemos hablar sobre drogas? –le pregunto a Castro. Me responde:

–Estados Unidos es el mayor consumidor de narcóticos en el mundo. Cuba está situada directamente entre Estados Unidos y sus proveedores. Para nosotros es un gran problema… Con la expansión del turismo se ha desarrollado un nuevo mercado y nosotros nos enfrentamos a él. Se dice también que permitimos que los narcotraficantes atraviesen el espacio aéreo cubano. No permitimos algo así. Estoy seguro de que algunos de esos aviones se nos cuelan. Si ya no tenemos un radar de baja altitud en funcionamiento se debe simplemente a las restricciones económicas.

Aunque parezca un cuento chino no es así. Según el coronel Lawrence Wilkerson, un antiguo consejero de Colin Powell, Wilkerton le dijo a Reese Erlich en una entrevista del pasado enero que “los cubanos son nuestros mejores aliados en la guerra contra las drogas y contra el terrorismo en el Caribe. Incluso mejores que México. Los militares consideran que Cuba es un aliado muy cooperativo.”

Quiero hacerle a Castro por última vez la pregunta que no me ha respondido, pues nuestro mutuo lenguaje corporal nos indica que ya pasó la medianoche. Es la 1 de la madrugada, pero él se lanza:

–Bueno –dice–, me preguntaste que si yo aceptaría un encuentro con Obama en Washington. Tendría que pensarlo. Lo discutiría con mis camaradas de la dirigencia. Personalmente creo que no sería justo que yo fuese el primero en visitar, porque siempre son los presidentes latinoamericanos quienes van primero a Estados Unidos. Pero tampoco sería justo esperar que el presidente de Estados Unidos venga a Cuba. Deberíamos encontrarnos en un lugar neutral.

Hace una pausa y deposita su copa de vino vacía.

–Quizá podríamos encontrarnos en Guantánamo. Tenemos que encontrarnos y empezar a resolver nuestros problemas y, al final del encuentro, podríamos darle un regalo al presidente… podríamos enviarlo de vuelta con la bandera estadounidense que ondea en la Bahía de Guantánamo.

Cuando salimos de su despacho seguidos por el personal, el presidente Castro me acompaña en el ascensor hasta el vestíbulo y viene conmigo hasta el coche que me espera. Le doy las gracias por la generosidad de su tiempo. Cuando el chófer arranca el motor, el presidente da unos golpecitos en la ventanilla de mi lado. Bajo el cristal mientras que él mira su reloj y se da cuenta de que han pasado siete horas desde que iniciamos la entrevista. Sonriendo, dice:

–Ahora voy a llamar a Fidel. Te lo prometo. Cuando Fidel se entere de que he hablado contigo durante siete horas se asegurará de concederte siete horas y media cuando regreses a Cuba.

Reímos al unísono y nos damos un último apretón de manos.

Ha llovido antes por la noche. En esta oscuridad de las primeras horas, mientras los neumáticos pulverizan agua sobre la húmeda calzada de una apacible mañana habanera, me doy cuenta de que las cuestiones más básicas de la soberanía permiten comprender muy bien las complejidades del antagonismo estadounidense contra Cuba y Venezuela, así como las políticas de ambos países. Nunca han tenido más que dos opciones: o ser imperfectamente nuestros o imperfectamente suyos.

¡Viva Cuba, viva Venezuela, viva USA!

Cuando regresé a la casa del protocolo eran cerca de las dos de la mañana. Mi viejo amigo Fernando, temiendo que llegase borracho, me había esperado. Mis compañeros habían pasado una mala noche. El pobre Fernando había pagado los platos rotos de su frustración. No sabían dónde estaba ni por qué me había ido sin ellos. Y los funcionarios cubanos que habían podido contactar les habían insistido en que estuviesen preparados por si acaso alguno de los hermanos Castro les ofrecía espontáneamente una entrevista. De manera que también se habían perdido al menos una noche cubana. Después de ponerme al corriente, Fernando se fue a dormir un par de horas. Yo me quedé revisando mis notas y fui el primero en sentarme a la mesa para el desayuno, a las 4:45. Cuando Douglas e Hitch bajaban por las escaleras, me cubrí la cabeza con el borde del mantel fingiendo vergüenza. Supongo que en aquellas circunstancias era un poco temprano (y no sólo por la hora) para poner a prueba su humor. La broma no funcionó. Mientras que Fernando volaba hacia a Buenos Aires, nosotros desayunamos tranquilamente y luego volamos de vuelta al hogar, dulce hogar.

Cuando llegué a Houston me di cuenta de que había sobrestimado la insensibilidad de aquellos dos profesionales con experiencia. Cualquier hielo previo se había fundido. Nos dijimos adiós, celebrando aquellos días emocionantes. Ninguno de ellos había sido lo bastante malicioso como para preguntarme por el contenido de mi entrevista, pero cuando se disponía a conectar con el vuelo que lo llevaría hacia el Este, Christopher me dijo al despedirse, “Bueno… supongo que la leeremos”.

¡Sí, se puede!

Estaba sentado en el borde de la cama con mi mujer, mi hijo y mi hija. Se me saltaron las lágrimas mientras Barack Obama hablaba por primera vez como presidente electo de Estados Unidos. Cerré los ojos y empecé a ver una película en mi mente. También podía oír la música, que muy apropiadamente era de las Dixie Chicks cantando una canción de Fleetwood Mac sobre imágenes montadas a cámara lenta. Allí estaban Bush, Hannity, Cheney, McCain, Limbaugh y Robertson. Los vi a todos. Y la canción fue en aumento conforme la imagen de Sarah Palin acaparaba la pantalla. Natalie Maines cantaba dulcemente,

Y vi mi reflejo en las colinas cubiertas de nieve
hasta que la victoria aplastante me derrumbó
Victoria aplastante me derrumbó…

Fuente: Conversations With Chavez and Castro

Traducción: Germán Leyens y Manuel Talens

EL PAÍS mintiendo con fotos de Bolivia

septiembre 21, 2008
Pascual Serrano

Nota: El 20 de septiembre, tres días después de la publicación de esta denuncia y diez meses después de la primera, el diario El País cambió los textos de ambas fotos sin dar explicación alguna ni aclarar su rectificación.

Como de todos es sabido, en Bolivia se enfrentan dos grupos sociales bien diferenciados. En torno al presidente Evo Morales, se encuentran los indígenas, los pobres, los campesinos, los excluidos. Frente a él, y abanderando los movimientos autonómicos de las regiones más ricas del país, los sectores opositores de familias acomodadas que se niegan a aceptar los nuevos derechos de los sectores indígenas y que, con un marcado carácter racista, se han lanzado a las calles a destruir sedes y oficinas del estado y perseguir y atacar a indígenas y campesinos.

En diferentes ocasiones, los fotógrafos de prensa han podido captar imágenes de ambos grupos. Reuters difundió en noviembre del pasado año esta foto de miles de indígenas simpatizantes de Evo Morales congregados en la Plaza Murillo de La Paz, frente a la Casa de Gobierno, tal y como informó la BBC:

Ahora, con motivo de los ataques de los grupos opositores que han provocado dos decenas de muertos, Reuters también ha difundido fotografías de los sectores autonomistas que, como es sabido, tienen como emblemas el verde de su bandera regional y el símbolo una cruz bizantina . Comos se aprecia son jóvenes de clase acomodada y bien pertrechados para enfrentarse al estado boliviano.

Ahora veamos cómo ha presentado ambas fotos el diario El País. El 28 de noviembre del pasado año, los indígenas que se manifestaban a favor de Evo Morales, fueron publicados así:

Es decir, dijeron que eran opositores: “Cientos de opositores al Gobierno de Evo Morales se congregan en la plaza Murillo de La Paz, en Sucre”. Y aunque ya fue denunciado públicamente en rebelión.org, no se rectificó.

Ahora, el 15 de septiembre, los jóvenes violentos autonomistas de Santa Cruz, se presentan en El País así:

Es decir, como “Partidarios del presidente de Bolivia, Evo Morales. Y aunque fue denunciado en el portal Menéame tampoco se rectificó. Es más, hasta se borró del foro de El País el comentario que lo criticaba.

La conclusión es clara, los aparentemente buenos de las fotos sólo pueden ser opositores, y los agresivos, por supuesto, partidarios de Evo Morales. Y si se descubre, a mirar para otro lado, que la mentira hay que explotarla.

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Todo era mentira

septiembre 20, 2008

Seamos sinceros. Los golpes del imperialismo, del poder o de la derecha capitalista duelen, pero se aguantan. Es la puñalada por la espalda que te da un compañero justo antes de la batalla lo que hiere mucho más allá de la piel. Un compañero en el que confiabas, que considerabas íntegro y consecuente. 

No quería publicar aquí nada sobre el asunto, pero no veo por qué he de seguir defendiéndote. Cuanto más lo pienso más claro lo veo todo.

Te vimos por las calles de Madrid con tu bandera republicana con la estrella roja en el centro. Te vimos con un retrato de Stalin en la concentración que conmemoraba los 90 años de la Revolución Bolchevique. Te vimos apoyando la Revolución Bolivariana. Te vimos en las listas al Senado del PCPE y te vimos en los tribunales. 

Pero todo era mentira. 

Te has quitado la careta y hemos visto lo que había detrás. La cara de un trepa oportunista que se ha vendido a aquellos a quienes más criticaba, a aquellos que representan lo peor que le puede pasar al socialismo. Nos debatimos ahora entre ser benevolentes y pensar que no has soportado la carga y te has ido a un camino más fácil (aunque realmente sepas que solo lleva al abismo), o ser duros y darnos cuenta de que todo fue una función, un numerito para salir en los medios y hacerte famosillo. Jugar al comunista, hacerte notar con vestiditos de árabe y banderas de Hezbolá mientras allanabas tu vuelta al seno de ese partido que calificabas de monárquico y derechista. Y ahora resulta que es la mejor opción para cambiar la sociedad. 

Y qué me dices de tu hipócrita carta. ¿Qué seguirás siendo el de siempre? Ya no sabemos quién fuiste, pero nos hacemos una idea de quién eres en realidad.

Las heridas se cierran, Jaume, pero muchos no volveremos a creerte una puta palabra jamás.

Salud y República, yo aún puedo decirlo de corazón.

Uribe denunciado por violar los DD.HH.

septiembre 20, 2008

Durante tres días, del 15 al 17 de septiembre en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas ha tenido lugar la III edición del Tribunal Internacional de Opinión que ha juzgado a Colombia por crímenes de lesa humanidad. El Tribunal, compuesto por personalidades como el sacerdote François Houtart o el Presidente del Polo Democrático de Colombia, Carlos Gaviria, han escuchado más de 20 testimonios de víctimas que han sufrido la represión, familiares de desaparecidos, sindicalistas, mujeres y campesinos. 

El Tribunal acusó este miércoles 17 de septiembre al gobierno de Álvaro Uribe de violaciones de los derechos humanos y denunció a responsables europeos por su “apoyo político y moral” al mandatario sudamericano.

Convocado por organizaciones de defensa de los derechos humanos y movimientos campesinos colombianos, y con el apoyo del Grupo Izquierda Unitaria-Izquierda Verde del Europarlamento, el tribunal sesionó durante tres días bajo la presidencia del sacerdote católico belga François Houtart.

En las sesiones se presentó “documentación que trae pruebas contundentes de que el Estado colombiano ha estado involucrado en crímenes de lesa humanidad” como “casos de desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, desplazamiento forzado y tortura”, según la coordinadora del tribunal, Lilia Solano.

Al ser consultada sobre casos concretos en los que se involucra al presidente Uribe, Solano mencionó la denominada ‘Masacre de El Aro’, ocurrida en 1997 en la región de Antioquia, gobernada en ese entonces por el actual jefe de Estado colombiano. En esa masacre, “paramilitares entraron a un pueblo, cortaron las cabezas de las personas y jugaron al fútbol” con ellas, antes de visitar a Uribe en la gobernación de Antioquia para informarle sobre el hecho y recibir su felicitación, según confesó un miembro de ese grupo, explicó Solano.

“Estamos seguros de que los países europeos no quieren respaldar violaciones a los derechos humanos, no quieren respaldar la ausencia de democracia que hay en Colombia y, muchos menos, el descuido del medio ambiente por parte de muchas de las empresas que operan en Colombia”, agregó, al justificar la presencia del tribunal en la sede del Europarlamento en Bruselas.

La declaración del Tribunal Internacional de Opinión, condena al Estado colombiano por acción, permisión y omisión en la violación de los Derechos Humanos. El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, es señalado como responsable del desplazamiento forzado, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada y la tortura en su país. Se le acusa de delitos de Lesa Humanidad.

Según comprobó el tribunal, esos delitos son realizados por militares, fuerza pública en colaboración con paramilitares, empresarios y compañías trasnacionales, bajo la tutela o complicidad de funcionarios públicos.

El eurodiputado de Izquierda Willy Meyer mostró su preocupación por la gira que Uribe realizó por Europa, “después de la cual se procedió a la detención de activistas como Remedios García en España, criminalizando a las ONGs y diferentes organizaciones de solidaridad con Colombia que defienden una solución negociada del conflicto.”

También mostró su preocupación por la situación en Bolivia, “la cual ha sido impulsada por la administración de los Estados Unidos con la intención de zarandear al Gobierno de Evo Morales. Nosotros siempre estaremos del lado de los gobiernos que como el boliviano, pone sus propios recursos a favor del interés general y no del de las grandes transnacionales.”

Finalmente Meyer se comprometió a hacer llegar la declaración final que emitió el Tribunal en la que se condena al Estado de Colombia por crímenes de lesa humanidad, tanto al Presidente del Parlamento Europeo, como a la Comisión Europea y al Consejo.

(AFP, PÚLSAR/CIN)

Audios disponibles: 

 Francois Houtart, Presidente del Tribunal Internacional de Opinión (medios) 01 min. 17 seg. (301 KB)

Enric Duran, tras los pasos de Robin Hood

septiembre 20, 2008

“He “robado” 492.000 euros a quienes más nos roban para denunciarlos y construir alternativas de sociedad”.

“Escribo en estas páginas para hacer público que he expropiado 492.000 euros a 39 entidades bancarias a través de 68 operaciones de crédito. Si incluimos los intereses de demora, la cifra actual de la deuda es de más de 500.000 euros que no pagaré”.

Así empieza la “confesión” de Enric Duran, un conocido antisistema catalán de 32 años. Antes de huir del país, publicó una revista en la que se explica cómo y porqué ha estafado a los bancos.

“Ha sido una acción individual de insumisión a la banca que he llevado a cabo premeditadamente para denunciar al sistema bancario y para destinar el dinero a iniciativas que alerten de la crisis sistémica que estamos empezando a vivir y que intenten construir una alternativa de sociedad.

Se trata de una acción ajena a cualquier tipo de violencia, que reivindico como una nueva forma de desobediencia civil, a la altura de los tiempos que corren. Cuando la financiación al consumo y la especulación son dominantes en nuestra sociedad, ¿qué mejor que robar a los que nos roban y repartir el dinero entre los grupos que denuncian esta situación y construyen alternativas?

Sorprenderá que haya conseguido esto, 492.000 euros sin avales ni garantías, en un contexto de contracción del crédito. Es una demostración de cómo la banca promueve el endeudamiento de las familias por encima de cualquier control y de cualquier medida de prevención de riesgos y de sentido común.

Esta acción quiere ser sobre todo un llamamiento para que cada una se plantee qué es lo que puede y lo que quiere hacer para cambiar el estado de las cosas dentro de lo que sea posible o incluso de lo que podría parecer imposible.

Si yo he llevado a cabo esta insumisión financiera, arriesgando mi libertad para demostrar que el sistema económico es más vulnerable de lo que parece y para conseguir todo este dinero para la construcción de alternativas, quizás muchas otras personas podrán hacer alguna cosa más si creen en sí mismas, si saben librarse de los falsos miedos en que se nos educa premeditadamente dentro del sistema y si piensan decididamente que sólo la gente, desde abajo, podemos cambiar el estado de las cosas”.

La acción de Enric fusiona dos importantes tradiciones activistas: la de acción directa y la de desobediencia civil. La parte de acción directa es la expropiación del capital a las entidades bancarias (ya se ha llevado a cabo y su carácter secreto ha permitido el éxito de la acción) y la parte de desobediencia civil, que empieza con la confesión y defensa pública que hace el autor, cuestionando seriamente la legitimidad moral de la banca.

Si este ejemplo quedará como un caso aislado o si será la semilla para una nueva estrategia de acción, ya sea pública o escondida, el tiempo nos lo revelará. La palabra la tenemos cada una de las personas que queremos cambiar las cosas.

Más información aquí

Bolivia resiste

septiembre 12, 2008

“No pasarán”, “los fascistas no van a pasar”, proclamó el ministro de Defensa, Walter San Miguel, ante los ataques de los separatistas contra la legalidad democrática. “Nuestro reconocimiento desde el más alto comandante militar hasta el último soldado de la patria, porque están demostrando que no responden a la provocación, que no han disparado ni van a disparar un arma de fuego; que prefieren a veces, no solamente dar la mejilla, sino sufrir graves vejámenes para demostrarle al boliviano y al mundo entero que los fascistas no van a pasar”.

Los prefectos de los departamentos separatistas de la “media luna” boliviana (Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando), apoyados por civiles armados y para-policías que ellos llaman “comités cívicos”, quieren una guerra civil en Bolivia. Rechazaron negociar con Evo tras la victoria de éste en el referéndum revocatorio, al que el mismo Presidente se sometió y ganó con un 67,41% de los votos, un hecho sin precedentes en la historia boliviana. Se negaron también a hablar con diplomáticos de la embajada de Brasil en Bolivia. Lo único que ellos quieren es sangre, como explicó el dirigente cívico Nelson Valdez: “Queremos guerra civil y van a tener guerra civil”.

Emboscan y asesinan a indígenas desarmados; invaden, saquean y destruyen instituciones estatales; sabotean gasoductos; obligan a los maestros y a los médicos públicos a trabajar en la clandestinidad porque son víctimas de ataques por parte de las bandas fascistas apoyadas por los prefectos opositores. Campan a sus anchas por las ciudades separatistas, ejerciendo el papel de milicianos de la oposición y atacando a todo aquello que tenga que ver con el gobierno central. 

En Sucre, las fotos de los miembros de la Asamblea Constituyente se exhiben en las paredes bajo el rótulo. “Traidores. Enemigos del Departamento”. El diputado indígena Urquizo Cuéllar fue violentamente agredido por “cívicos” el 10 de abril, y mientras le apaleaban les oía decir: “¡Hay que terminar con el indio! Le vamos a cortar la lengua y a sacarle los ojos”. 

El 24 de mayo, el Comité Interinstitucional impidió al helicóptero de Evo, que iba a entregar dos ambulancias y dos millones de dólares para proyectos sociales, aterrizar en Sucre. Para evitar un enfrentamiento con los manifestantes, Morales decidió retirar a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Comenzó entonces la “caza de indios”. Éstos venían del campo a recibir a Evo. Grupos de Choque de la Unión Juvenil Cruceñista, llegados desde el este del país, se unieron a los manifestantes y, apoyados por vehículos de la alcaldía, persiguieron, capturaron y golpearon a los indígenas. Amenazados de ser lapidados o quemandos vivos, fueron brutalmente empujados hasta la plaza principal. Los desnudaron. Les obligaron a arrodillarse, a tirarse al suelo y a insultar al Presidente. Mientras, los manifestantes gritaban: “¡Sucre de pie! ¡Evo de rodillas!”.

Todos estos actos son promovidos y respaldados por las prefecturas de la “media luna” y por la embajada de Estados Unidos en Bolivia. El embajador Philip Goldberg trabajó en Bosnia durante la guerra separatista de los Balcanes, y luego en Kosovo, dónde consolidó la separación e independencia de esa región dejando miles de muertos. Es un experto en hacer lo que está haciendo. Ayer fue expulsado de Bolivia por Evo, quizás demasiado tarde.

Hugo Chávez, en muestra de solidaridad con Bolivia y como respuesta a una conspiración para derrocarle, también expulsó al embajador estadounidense en Venezuela. Opinó que Bush “pretende llenar a América Latina de miseria y violencia, pretende detener la fuerza de los pueblos que se han levantado en paz, desde aquí en Latinoamérica”, y le exigió “que respete la soberanía de nuestros pueblos, nuestros gobierno, sólo respeto, no pedimos más nada”. Además ofreció apoyar militarmente al Gobierno boliviano, ante la intentona golpista que promueven “el Gobierno de Estados unidos y la oligarquía boliviana”.

Ante esas agresiones imperialistas, Evo resiste pacientemente. Lleva dos años denunciando el proceso de golpe y la participación directa de la embajada estadounidense, así como hace 35 años lo hizo Salvador Allende sin que en aquella oportunidad se levantara ninguna acción de respaldo contundente por otros mandatarios de la región.

Pero son otros tiempos. Y es el momento de que la idea de una América unida se materialice en hechos concretos. Chávez ha ofrecido apoyo militar en caso de golpe. Brasil ha advertido que “no tolerará una ruptura del ordenamiento democrático en Bolivia”. Chile adoptará medidas diplomáticas, y el gobierno de Argentina ha reiterado “su pleno e incondicional respaldo al gobierno constitucional de Evo Morales ante los graves hechos de violencia y sabotaje terrorista”.

Bolivia resiste. La mayoría del Ejército respalda al gobierno electo, al igual que el pueblo y los demás gobiernos suramericanos. Los separatistas vendidos al Norte no tienen nada que hacer, pero siguen buscando el conflicto armado mediante la destrucción y el asesinato. Hasta que a Evo, porque incluso él tiene un límite, se le acabe la paciencia. Porque nadie va a permitir un nuevo 11 de septiembre de 1973, nadie va a dejar que esto acabe como en Chile, con Evo ametrallado y los sueños de Bolivia desangrándose en la arena.