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Falsos mitos sobre el conflicto en Palestina

enero 16, 2009

La historia del conflicto en Palestina está plagada de falsos mitos, de sinsentidos creados por la propaganda sionista. La versión inicial de esa historia se centra en tres falsos mitos:

1. A Israel se le concedió legitimidad mediante la resolución 181 de Naciones Unidas que establecía la partición. Lo cual no tiene sentido porque sin el consentimiento de la mayoría del pueblo palestino la ONU no tenía derecho a decidir la partición de Palestina ni a asignar cualquier parte de su territorio a una minoría de inmigrantes extranjeros.

A pesar de eso, con un margen mínimo y con la votación amañada, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución para dividir Palestina y crear un Estado árabe y otro judío. Pero la resolución de la Asamblea General no podía tener efecto a menos que lo aprobara el Consejo de Seguridad. Y la propuesta de división nunca llegó al Consejo de Seguridad para su estudio, porque EE.UU. sabía que, si se aprobaba, sólo podría ser puesta en práctica mediante la fuerza.

Por ello, el plan de partición nunca adquirió validez, y qué hacer con Palestina volvió a debatirse en la Asamblea General. Pero mientras la Asamblea General debatía, Israel declaró de manera unilateral su derecho a la existencia, desafiando a la comunidad internacional.

2. Israel ha vivido en peligro constante de aniquilación, de que lo “arrojen al mar”. La verdad histórica es que la existencia de Israel nunca ha estado en peligro. No lo estuvo en 1948/49. Tampoco en 1967. Y ni siquiera en 1973. La afirmación sionista de lo contrario fue la tapadera que permitió que Israel se saliese con la suya donde más importaba, en EE.UU. y en Europa, al presentar su agresión como defensa propia y a sí mismo como la víctima, cuándo lo que fue, y sigue siendo, es el opresor.

Yasser Arafat3. No ha habido ningún personaje palestino dispuesto a negociar la paz. La verdad histórica es que Yasser Arafat sí preparó el terreno en el lado palestino para alcanzar la paz, y lo hizo en 1979, hace casi treinta años. En 1979, Arafat convenció al Consejo Nacional Palestino para que apoyara su política y el hasta entonces inimaginable acuerdo con Israel (la aceptación de Israel en el interior en sus fronteras anteriores a 1967 exigía que los palestinos renunciasen a reclamar el 78% de su territorio).

El problema fue que Arafat no tuvo enfrente un interlocutor israelí por la paz, porque el sionismo no ha estado nunca, y sigue sin estarlo, interesado en la paz en ninguno de los términos que los palestinos pudieran aceptar. Es cierto que en 1993 Arafat (quizá) tuvo un interlocutor israelí por la paz encarnado en Yitzhak Rabin, asesinado por un sionista radical antes de que las negociaciones llegaran a algo.

Los sucesores de Rabin olvidaron la paz y se centraron en demonizar a los palestinos. Es falso que Barak le ofreció a Arafat el 95% de todo lo que había dicho que quería. Es muy probable que los israelíes envenenaran a Arafat. Pero a pesar de eso, y de que Abbas sea una marioneta israeloestadounidense, podemos estar seguros de una cosa: con o sin un líder títere, el pueblo palestino no aceptará nunca las migajas de la mesa sionista en forma de dos o tres bantustanes a los que pudieran llamar Estado.

Niño palestino contra tanque israeli

La verdad fue que el Estado sionista, creado fundamentalmente como consecuencia del terrorismo sionista y de la limpieza étnica, no tenía derecho a existir ni lo tiene a menos.a menos que sea reconocido por aquellos que fueron desposeídos de su territorio y de sus derechos. Según el Derecho Internacional, únicamente los palestinos podrían dar a Israel la legitimidad que reclama. Y esa legitimidad es lo único que los sionistas no pueden arrancarles por la fuerza.

La pregunta que deben contestar todos los que exigen que Hamás reconozca a Israel es ésta: ¿Cuál es el Israel que debe reconocerse, el de las fronteras anteriores a la guerra de 1967  o un Israel más grande que día tras día usurpa más y más territorio?

Porque la posición real de Hamás es evidente. Si mañana Israel demostrase que está listo para negociar una paz basada en una verdadera solución de dos Estados, uno que devolvería a Israel a sus fronteras anteriores a 1967, con Jerusalén como ciudad abierta y capital de los dos Estados, Hamás sería el primero en sentarse a negociar.

Pero la realidad es que la solución de los dos Estados ya está muerta, asesinada por los asentamientos que Israel ha creado y sigue creando en Cisjordania, en claro desafío de las resoluciones de la ONU, la legislación internacional e incluso del gobierno de Bush.

La estrategia sionista para una solución final al problema palestino no deja ahora lugar a la imaginación. Los dirigentes de Israel y quienes los apoyan en EE.UU. aún creen que con el uso de la fuerza bruta y reduciendo a los palestinos a la más abyecta pobreza quebrarán su voluntad de continuar la lucha por sus derechos. La idea es que,  absolutamente desesperados, los palestinos estarán dispuestos a aceptar las sobras o, mejor aún, abandonarán su tierra y buscarán una nueva vida en otros países.

Israel asesino

Basado en un artículo de Alan Hart

60 años de Israel

mayo 15, 2008

Ayer se cumplieron sesenta años desde aquel 14 de mayo de 1948 en que David Ben Gurión proclamara en Tel Aviv, ante una muchedumbre enfebrecida, la fundación del Estado de Israel. Atrás quedaban el antisemitismo y el Holocausto. El pueblo judío tendría, a partir de ese día, una patria propia.

Pero a la vez que nació un Estado basado en criterios raciales, germinó la Nakba. Más de 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares y convertidos a la fuerza en refugiados. También se cumplen sesenta años del éxodo palestino, sesenta años durante los que Israel ha negado el derecho al retorno a las primeras víctimas de su contínua política de limpieza étnica, que comenzó la organización terrorista Haganah en el otoño de 1947 con el Plan Dalet.

En 1956, miles de palestinos fueron expulsados de su tierra cuando Israel “limpió” Galilea de árabes. Miles más cuando se ocuparon Gaza y Cisjordania. La destrucción sistemática de la presencia palestina no se redujo solo a los propios palestinos, sino también a sus monumentos históricos y religiosos. Más de 120 mezquitas fueron destruidas poco después de la Nakba con el objetivo de borrar la historia y cultura árabe en la zona. No fue un hecho aislado, ya que Israel todavía sigue utilizando el terrorismo arqueológico.

Y qué decir de la limpieza étnica. Todos vemos el brutal castigo que el gobierno de Olmert sigue haciendo pagar a los habitantes de Gaza por votar hace dos años y medio, en unas elecciones libres, a quién no debían votar. Todos hemos visto las fotos de carros tirados por animales, todos hemos oído hablar del bloqueo de alimentos, medicinas y combustible, de cómo se ha disparado el precio de los burros porque son prácticamente el único medio de transporte en la Franja.

Pero Israel celebra su aniversario como si no pasara nada. Como si no fuera un Estado racista fundado en el terrorismo. A pesar de sus sesenta años de crímenes y genocidios, el sionismo celebró ayer su gran fiesta. Y los palestinos, desde el otro lado del muro, tuvieron que soportar el festejo de sus verdugos y las alabanzas de delegaciones de todo el mundo, desde Moratinos hasta un Bush que, a su llegada comparó Estados Unidos con Israel, hablando de “naciones confían en los mismos principios para su éxito”, en las que “los inmigrantes son bienvenidos”. Además del genocidio, la ocupación y el hambre, los palestinos ayer tuvieron que soportar eso.

¿Celebrar? No hay nada que celebrar, a no ser que seas un asesino sin escrúpulos. Lo celebraremos cuando árabes y judíos puedan vivir en paz en una misma tierra, cuando la arena de Palestina deje de mancharse continuamente de sangre. Entonces haremos una fiesta que el mundo nunca olvidará.