¿Es justa la “Justicia”?

Balanza inclinadaSergi Xavier Martín Martínez, aquel simpático chico al que se le “fue la olla” y decidió limpiar nuestra patria de inmigrantes y sudacas, sigue libre. El juez ha considerado que los hechos no revistan la gravedad suficiente como para ordenar su encarcelamiento. Libertad provisional sin fianza. Y todos contentos.

Ayer cuatro personas, dos de ellas negras, fueron apaleadas en la entrada de Alfonso XIII al Metro de Madrid por un grupo de skins, al grito de “fuera rojos” y “herr führer”. Uno de los agredidos terminó en el hospital. No ha habido detenidos y, sinceramente, dudo que los haya. Y nadie se queja. Los blancos podemos seguir cogiendo el metro sin problema, y alguno hasta se alegrará de que la juventud española limpie el transporte público de inmigrantes.

Estos “errores”, por llamarlos de alguna forma, se pueden arreglar facilmente. Solo hace falta la voluntad de hacerlo. Pero hay otros fallos en la Justicia española, fallos mucho más graves, que requieren profundas reformas para ser solucionados. Pío Moa presentó ayer su nuevo libro, Años de hierro. España en la posguerra, 1939-1945, que incluye perlas como que la posguerra “fue una época dorada del humor, la música o la literatura” en la que ““la población estaba contenta”, que “a nadie se le reprimió por cómo pensaba, sino por lo que hacía” o que “Franco no aniquiló a los rojos, los escarmentó”. En un país civilizado, el señor Moa iría a la cárcel. En Alemania sería condenado por enaltecimiento del nazismo, en Italia por enaltecimiento del fascismo. En España no solo no será procesado sino que venderá un respetable número de libros.

También ayer, fue juzgado Moisés Rivas Leyva, un cantante de rock que, durante un concierto en Fuerteventura, llamó “parásitos” a los reyes, calificó a la monarquía de “institución sin valor y decorativa” y añadió que los policías eran “dictadores y torturadores que coaccionaban indiscriminadamente la libertad de las personas”. Se le acusa de injurias a la familia real y a las Fuerzas de Seguridad, delitos por los que el fiscal pidió dos multas que suman 4.320 euros.

Es decir, por criticar a una institución inútil y trasnochada, por resaltar el lado más oscuro de la policía, se paga ante la Justicia. Nada de libertad de expresión, se está ofendiendo al rey. Pero por justificar el genocidio fascista, por defender al dictador que derrocó al gobierno elegido por el pueblo para establecer a sangre y fuego un régimen de terror que duraría cuarenta años, no hay castigo alguno. Es libertad de expresión. A pesar de que esté ofendiendo a millones de víctimas del franquismo, a la memoria de cientos de miles de víctimas de la barbarie fascista.

Los ataques de la ultraderecha, ya sean cometidos en el Metro o en las páginas de un libro, siguen quedando impunes. Mientras, una chica ecuatoriana de 16 años no se atreve a salir de casa, los inmigrantes vuelven a caminar asustados por la calle, se secuestran publicaciones y un músico descubre que la libertad de expresión es una utopía que se paga. Esta es la realidad de nuestra asentada “democracia”. Este es el aclamado espíritu de la Transición. Todo se le perdona a la extrema derecha.

Justicia

Este post se lo dedico “a la Señora Justicia, en honor a las vacaciones que, parece, se está tomando“.

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8 comentarios to “¿Es justa la “Justicia”?”

  1. vendetta Says:

    “… y en reconocimiento al impostor que ha ocupado su lugar”

    Nos hablan de democracia, pero HB o PCTV son prohibidos mientras partidos neofascistas como Democracia Nacional o la misma Falange siguen funcionando impunemente. Y mejor no hablo de la monarquía.

    Viva la República!

  2. clitemnistra Says:

    Y la pregunta obligada;

    Dónde se encuentra el problema?
    No es meramente un asunto de castigar y satanizar a unos mocosos pendejos y racistas, ni martirizar a los migrantes, que en realidad sí golpean económicamente a los grupos donde llegan a asentarse.

    Y voy a clarar… yo he sido migrante en todos lados, por muchas razones y en diferentes momentos de mi vida… así que sí se de lo que hablo.

    Cuál es la balanza para crear leyes donde exista protección a aquellos que dejan su país en busca de mejores oportunidades y dar protección también a aquellos que desde su tierra se sienten desplazados?

    En Vancouver, donde alguna vez viví, hay un montonal de inmigrantes, especialmente asiáticos y del Medio Oriente. Claro, cada vez que se arrecian las guerras pos llegan más y más afganos, pakistanís, etc… Y los asiáticos, pues hasta donde lo entiendo, en el siglo XIX fueron llevados ahí para construir el ferrocarril, y pues se quedaron y ahora son un chingo. (Aclaro que no estoy segura de que sea así la situación). Y vale, cuando a mí me tocó estar allá, recuerdo bien, que además de ser la única latina en toda la highschool, era inmigrante no sólo para los canadienses, sino para los árabes por separado, para los chinos por separado, para los polacos por separado…etc. Y bueno, Canadá tiene leyes que permiten que cada persona sea REALMENTE un ciudadano igual a los nativos en cuanto arregla sus papeles, cosa que en otros lados no es así, pero también tiene una cultura donde han incorporado (resignado) a los grupos más numerosos a sus actividades. Yo recuerdo que en mi escuela se celebraba el año nuevo chino, y el musulmán, y el cristiano…y bueno.
    Ahora… la violencia existe, sí. Desde los migrantes que al ser tantos, no tienen ya que cambiar de idioma ni hábitos porque no salen de sus grupos culturales. Yo recuerdo con repugnancia que los cubículos de chinos siempre eran un asco porque a pesar de que había señales de que el los cubículos de estudio no se permitía comer, a ellos les valía madre.
    Y la violencia verbal cubierta de “kindness”. Yo era una niña en ese entonces y pues me molestaba muchísimo toda la estructura de frases “polite” que había para decirte que estabas haciendo una pendejada. Los inmigrantes, la cagamos, esa es una verdad irrefutable, la cagamos porque no somos de ahí y estamos aprendiendo (cuando hay voluntad de aprender). Creo que la violencia en Canadá está en esta aceptación forzada, en obligarse a hablar y tratarse con palabritas huecas que dejan de tener sentido y se vuelven reproches.

    Y hay estos actos de violencia innecesaria, actos abusivos, racista e irracionales. Cuando era pequeña (como 6 años o así), recuerdo que una vez iba caminando en el parque en Bélgica donde por ese entonces vivíamos, y un muchacho me grito Makak!!!! que así le decían despectivamente a los marroquís, ma- de marroquí kak- relacionado con caca, por supuesto en referencia directa al color de piel. El muchacho, corrió hasta donde yo caminaba gritando Makak! y abriéndose los pantalones, sacó el pene y lo agitaba mientras me decía “Eres una Makak, tú eres una makak”. Ahora que lo pienso, fue un acto de una violencia y un racismo que creo que ni el muchacho ni yo medimos en el momento. Es más que cierto que para bailar tango se necesitan dos… yo, que era una niña le dije al chico; yo no soy marroquí, soy mexicana; y seguí caminando. El chico, se subió el pantalón y se fue con sus amigos que se reían a lo lejos. No sería ni la primera ni la última vez que me confundieran con marroquí porque como buena latina, me delata la piel olivo y los ojos negros, así que debo suponer que esta experiencia es mía y de muchas más. Nunca había pensado en lo peligroso de aquella situación, la verdad es que siempre fui una niña bastante chistosa, con mis cachetotes, chaparrita, y bocona como nadie; sin querer le di al chico una respuesta que él no esperaba y el pene, pues los penes nunca me asustaron.

    Lo cierto es que el desprecio duele. Venga de donde venga y por las razones que sean. Cómo le dices a un niño que su piel es la razón por la que le gritan de cosas en la calle? Cómo le aseguras a esa nena que va a llegar sana y salva a su casa sin que alguien la ofenda? cómo le dices a los locales que los foráneos son algo bueno en tu país, cuando se comportan como siempre te han dicho que no debes comportarte?

    La pregunta obligada es:
    Hasta cuando replantearemos el problema migratorio, no como un asunto de pieles y grupos y dineros…. sino como problema del hombre?

    Clitemnistra

  3. Sofía Says:

    Que pena que a estas alturas sigamos creando barreras entre las razas.

    Como alguien dijo una vez:
    “La guerra siempre seguirá mientras el color de la piel sea más importante que el color de los ojos”.

  4. Alan Says:

    Fue Bob Marley, y deberíamos hacerle caso.

  5. Catalina Trujillo de la U Says:

    Me hiciste recordar las palabras del Che:

    “…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario…

    Qué lejos estamos de eso.

  6. Diego Says:

    Gracias, Catalina.

    No hay fronteras ni razas, lo único que hay son barreras que el ser humano se crea a sí mismo. Y también mucha hipocresía.

    Ojalá algún día seamos capaces de erradicarlas y acercarnos un poquito a las cualidades revolucionarias. Ojalá lleguemos a parecernos un poco al Che.

    Salud, compañeros.

  7. La balanza atada « La Huelva Cateta Says:

    […] Imagen: sonandolarevolucion.wordpress.com […]

  8. Periquita Montolla Says:

    para mi no es realmente justa ya queu nadie la cumple

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